Terror Universal
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Seccion: Artículos (Lecturas: 162417)
Fecha de publicación: Octubre de 2016

El Fantasma de la Opera existió realmente [XIV entrega]

A través de esta investigación, nos proponemos echar luz en los precedentes históricos de una famosa creación literaria inmortalizada por el 7mo. Arte.

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Natán Solans



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Capítulo 16, último capítulo: Donde todo termina y comienza el olvido... o la leyenda; donde el Daroga escribe sus memorias y la Ópera Garnier deja de ser la morada del Fantasma, donde, al fin, termina esta intrincada y cuasi imposible biografía y mucha gente, incluyendo un servidor, encuentra su inspiración para inmortalizar al Fantasma de la Ópera...

Exhibitors Trade Review 1924
Página completa dedicada a palpitar el inminente estreno de la versión de 1925,
aparecida en el Exhibitor Trade Review (27/12/24)

Erik tambaleando, con los ojos fijos en Cristina, caminó hasta un rincón oscuro de su morada y tomando una gruesa palanca la bajó con violencia. Cristina temió lo peor. Un tremendo rumor parecido a una tormenta marina hizo temblar nuevamente las paredes de adoquín, algunos candelabros, muebles, cosas cayeron al suelo y siguió lloviendo trozos de algún remoto cielorraso. Lentamente Erik, tapándose la cara con ambas manos, se acercó a Cristina, se agachó y tomando su máscara se la colocó con delicadeza; ya nunca más ella vería esos ojos asombrosos. A través de una ola gigante, el Sena, comenzó a invadir con violencia un remoto y hundido claustro, llamado "Santa Bárbara", rompiendo los añosos barriles del polvorín y mezclando la pólvora con el agua, diluyendola para siempre. Solo monsieur LePatois, el mendigo, observó la dramática bajada del nivel del río, que a la media hora alcanzó de nuevo su nivel, pero como los borrachos cuentan siempre disparates, nunca nadie le creyó.

En el preciso momento que Erik terminó de ataviarse con su elegante capa, como si se tratara de una obra teatral perfectamente sincronizada, un ruido pesado como el bostezo de un dragón liberó una considerable nube de vapor y una pared metálica que imitaba a la piedra se abrió en dos, como una cajita musical, permitiendo ver una escena asombrosa: un bosque tropical a pleno sol.

Picture-Play Magazine 1925
Este tremendo set representa el foyer de la Opera de París, donde ocurre una de las secuencias fundamentales de la película de 1925. Página aparecida en la Picture-Play Magazine (04/25)

El Daroga fue el primero en reaccionar. Desencajado, transpirado, con la cara roja tanto como su fez, esgrimió dificultosamente su revólver (caliente como una sartén al fuego) y se enfrentó a Erik; pero al ver su actitud magnífica bajó el arma y se pasó la mano por su rostro que comenzaba a ampollarse. Con un sonido de motores o dínamos que se refrenan, el "sol" perdió bruscamente su brillo y "la cámara de torturas" quedó de nuevo en tinieblas. De entre el vapor, tambaleando pero sacando pecho, valiente y más buen mozo que nunca, salió Raúl. Cristina, con lágrimas en los ojos corrió hacia él y se fundieron en un abrazo que ningún actor puede imitar y que solo los amantes lo ejecutan así. Erik bajó su rostro enmascarado hacia el piso y, aunque estaba tan alto y erguido como siempre su figura pareció empequeñecerse. Hassim Al Rajed, el Daroga, se atrevió a poner su mano en el hombro de Erik.

-Hola, Daroga.

Entre los amigos a veces no son necesarias tantas palabras. Raúl todavía con Cristina abrazada, tuvo el impulso de abalanzarse hacia el Monstruo, pero ella lo apretó más fuerte y con la mirada le hizo comprender que no había nada para hacer allí; había que salir a la superficie, nada más. Los tres, perplejos, miraban a Erik; por fin Cristina Daaé quiso acercarse y con un rapidísimo gesto el Fantasma la detuvo, con el amenzante movimiento ancestral que indica distancia. Entonces habló para su pequéño público.

El Fantasma de la Opera, 2004
"Hola, Daroga"...

- Aquí, como ven, no hay nada, igual que en una tumba solo existe podredumbre y sieno, cosas viejas, descarte... Daroga: acabo de cometer un crimen abominable. Cuando tomes contacto con la superficie lo comprobarás; no te asombrará demasiado, me has visto ya cometer asesinatos, acciones deplorables, pero, pero... esto es demasiado. Oficialmente ya no eres policía, pero se que un guardián de la Ley solo deja de serlo en su lecho de muerte. Querrás hacer justicia con toda justicia... ¡Ha, ha, ha.. (la risa, amarga, sonó como al golpear una caja de cartón o el pecho de una momia hueca)... pero, olvídalo! Es muy difíciil bajar aquí. Cuando ustedes salgan no sabrán de donde vinieron... ventajas que tenemos los buhoneros, los magos, los artistas trashumantes... ¡Ha, ha, ha...! Permitir que los agentes de la Sureté, como Ledoux (de amplia exposición en el caso del misterio del Cuarto Amarillo, tambien real; allí se llamaba falsamente "Rouletabille"... ya nos ocuparemos de él en un futuro, claro, en estas páginas), que bajen a mi tumba sería como permitir a un infante que meta la mano en la cueva de una araña diciendole que allí hay un caramelo. No, no suelo pagar mis asesinatos, Daroga.

«Raul de Chagny, vizconde (aquí Erik inclinó protocolarmente su cabeza al estilo alemán, reconociendo el repertorio de blasones que merece todo noble o del alto clero) sería ridículo y estéril disculparme por mis acciones inhumanas, pero no soy un hombre común, como usted puede ver... su sangre noble comprenderá esto; estaba enamorado de alguien que no me pertenecía....

El trío de cautivos, El fantasma versión 1925
El persa, Raúl y Cristina... versión 1925.
(Motion Picture Magazine, Vol XXIX, Nro. 3, 04/25)

Nada es perfecto, nada se puede preveer; otro escritor hubiera soslayado, eliminado esto para hacer mas redondo, mas hermoso el relato. Yo no. Digo esto porque aquí Erik se quebró; un gorgoteo desagradable, jamás oído, salió de detrás del tul de su máscara. Era un llanto. A la vez, sus hombros se agitaron incontrolablemente; todos quisieron acercarse y una vez más los frenó con su mano; esta vez suavemente, como disculpándose...

El fantasma, versión musical 1988
"Una vez más los frenó con su mano", Ted Keegan en la versión de Andrew Lloyw Webber de 1988

- Y para ti Cristina -retomó el monólogo- tengo todo el agradecimiento del mundo, de mi pequeño mundo; me has hecho muy feliz y mis intenciones para contigo era hacerte la más grande diva de la Lírica que el mundo hubiera conocido... quizás lo seas aún... no sé como seguiré con mi... vida, ha, ha, ha... con este remedo de vida. Pero si de una u otra manera continúa, es posible que en tu camarín aparezcan notas, indicaciones, claves, ejercicios sobre canto... no se, hasta es posible que muy de vez en cuando vuelvas a charlar con "el Ángel de la Música" si éste permance en esta, su casa...

Cristina para su propia sorpresa sintió una alegría enorme al escuchar esto y Raúl lo advirtió y para su correspondiente sorpresa, sintiendo celos terribles. El Daroga advirtió esas sensaciones más que nada por su entrenado instinto policial y sonrió; también él, a su vez, se sorprendió y filosofó para sí: "¡... es increíble! Fuimos raptados los tres, casi nos fríe, Karbur el Espanto acaba de confesar vaya a saber qué crimen espantoso, todavía puede cambiar de opinión y eliminarnos con alguno de sus artilugios mecánicos y él llora, Cristina lo admira y aprecia, Raúl la cela y yo... ¡yo sonrío!"

Raul y Cristine
Momento crucial de la versión de 1925, Norman Kerry y Mary Philbin, Raúl y Cristina.
Picture-Play Magazine (04/25)

Pero ya no pudo seguir pensando más porque el Fantasma de la Opera les indicaba que los siguiera. Erik caminaba rápido con la ventaja de conocer el terreno, que era su hogar. Bajaron, subieron por pequeños pasadizos, y habían caminado mucho, a lo sumo unos treinta metros, que llegaron a un recodo totalmente oscuro. Allí Erik volvió a dar vuelta a otro modernísimo switch de loza blanca y todo se iluminó vivamente por una treintena de lamparillas eléctricas como las de Edison. Aquello, aquella morada subterránea era lo más parecido, seguramente, a una caja de sorpresas. De repente los tres cautivos empezaron a tambalear trataron de asirse a algo y lo hicieron entre ellos mismos; se abrazaron como hacen los chimpancés en una situación difícil. No era nada amenazante lo que veían, eso sí era... inaudito. Frente a si no había techo ni suelo, ni izquierda ni derecha; los ojos, confundidos, no podían discernir si lo que veían era un dibujo de dos dimensiones u objetos de tres... unas escaleras subían (¿o bajaban...?). Unas ventanas daban a un exterior de ladrillos o quizas, los ladrillos formaban una ventana que estaba detrás de ellos... o delante... Las lámparas provocaban sombras al revés, donde no debían estar y, extrañamente, cuando uno se restregaba los ojos y trataba de enfocarlos, era peor... Aquello, para gente de su cultura era, a todas vistas (valga la redundancia) una "trompe l'oeil", una trampa visual, un engaño al ojo.

La voz del Fantasma se escuchó desde la derecha (o desde la izquierda, o de arriba... o...) y al volver la mirada los tres emitieron una exclamación: la negra figura les hablaba parado en una pared, totalmente firme; solo su capa seguía la ley de gravedad, pero al revés, pendiendo hacia lo que parecía el techo.

El fantasma, versión 1925, con Lon Chaney
"No traten de comprender esta situación", El fantasma, versión 1925

- No traten de comprender esta situación. Es como un truco de escamoteo; está hecho especialmente para confundir. Aquí me despido. La próxima vez que escuchen de mi, será como esto: una versión distorsionada, una mentira, una exageración, un rumor.... No intenten volver aquí. Igual no encontrarán la puerta, porque estas son muchas y no es ninguna; esto no es ningún lado. Adiós vizconde, hasta siempre amigo Daroga... hasta pronto, Cristina...

Primero una, luego tres lamparillas empezaron a titilar y, cíclicamente, varias se prendieron y apagaron confundiendo más la escena. De pronto, Erik ya no estaba; todo empezó a iluminarse y a apagarse como la luz estroboscópica de las discotecas y en un apagón un poco más prolongado se encontraron en el medio de la rue Scribe y Auber, bastante lejos de la pared trasera de el Palais Garnier, de La Opera de París... en esa esquina donde ambas calles se cruzan, en medio de una tumultosa noche, llena de gritos, confusión, corridas. Se sobresaltaron y para colmo de males un carruaje de bomberos casi los lleva por delante; los caballos y el vehículo le pasaron a unos pocos centímetros. El intenso frío (aún sin nieve) pronto les caló los huesos; es curioso como un hombre bien vestido, alimentado, refinado, respetado y altivo, pierde todos esos atributos en pocas horas de padecimiento... parecían tres despojos, tres pordioseros, con la ropa inadecuada para el frío, con el pelo revuelto, transpirados, en camisa. Todo era un caos por la tragedia de la Lucerna (debo aclarar que pesaba seis toneladas, un poco más que la del Teatro Colón de Buenos Aires), las camillas llevando heridos y cadáveres, los gritos de las víctimas y los aterrados espectadores (los franceses son bastante espamentosos, hay que decirlo, aunque la ocasión era terrible), los pitidos de la policía, sus gritos también, las corridas oficiosas y las sin razón, todo colaboraba para el gran caos general.

Allí el vizconde de Chagny reflexionó sobre la importancia aparente del poder y la riqueza; nadie reparaba en ellos... Por fin, luego de una caminata de varias cuadras, llegaron a la rue Rívoli, a la casa del Daroga donde, luego de cierta desconfianza, fueron oficiosamente atendidos por la servidumbre.

El Fantasma de la Opera, 1925
En los lóbregos sótanos de la Opera Garnier, fotograma del Fantasma versión 1925, de la obra Classic of the Silent Screen de Joe Franklin (Citadel Press, 1959).

Aquí podría terminar esta biografía. Si lo fuera, así sería... pero no lo es; este relato tiene la pretensión de ser algo más que una simple crónica. La vida de Erik no tiene nada de simple. Por eso seguiré relatando versiones de distintas fuentes (algunas apócrifas, ¿por qué no...?) sobre el destino final de los protagonistas y sucesos de esta historia.

Diversas fuentes y documentos nos dicen que Harum Lumley Nerú alias "Kabur, el Espanto", alias "el Ángel de la Música", alias "Erik", "el Fantasma de la Opera", nació en algún lugar del Medio Oriente, en algún sultanato, en Siria quizás. Otra versión dice que nació durante la masacre del "Boulevar", en París, en tiempos post-napoleónicos, en pleno descubrimiento de los "Iluminatti", el Espiritismo que tanto apasionaba a Leroux. Parece haber existido entre 1827 y 1899 y se cree que habría muerto a la edad de 55 a 58 años, edad avanzada a fines del siglo XIX. Jorge Luis Borges me dijo a mi, personalmente, en su taller "Sur", en la calle Maipú al 900, en la década del '60, que Erik había llegado a vivir hasta 1910 o quizás hubiera conocido el principio de la Primera Conflagración Mundial en 1914... quien sabe...

En 1908 Gaston Leroux comenzó a escribir su folletín, dos años después lo terminó y, como era su costumbre, anunció este hecho saliendo al balcón de su casa, cercana a la Opera, y disparando al aire los seis tiros de su viejo revólver Colt. Fue su obra más importante y ganó mucho dinero pero, claro, no tanto como Andrew Lloyd Webber, el tercer compositor más rico del mundo con una fortuna de 640 millones de libras esterlinas. Existen hoy unas 210 franquicias, inclusive en Oriente, con el nombre del Fantasma. La Disney no termina de ponerse de acuerdo para realizar un largo metraje de animación con este tema; es muy oscuro, dicen. Películas hubo muchas, incluso una china; obras de teatro, telenovelas (la versión de Narciso Ibáñez Menta de 1960, en Canal 9 de Buenos Aires), fotonovelas, historietas (la de "El Tony" es memorable), etc. Todos fueron vehículos por los que Erik siguió -y, sospecho, seguirá- vigente por mucho tiempo más.

Existen muchos datos más. Cada día me envían a mi casilla de email, Facebook o domicilio más y más testimonios, fotos, documentos... la pared de mi estudio esta literalmente empapelada de hojas con datos. Agradezco de paso la paciencia y colaboración de mi media naranja, mi esposa Liliana Fernández Fabiano, a mi dilecto amigo, el webmaster de Cinefania, Darío Lavia... ¡Gracias! Y un agradecimiento colectivo a las más de cien personas que se ocuparon activamente de brindar grandes o mínimos aportes que hicieron que este relato, esta biografía llegue hasta aquí. Ahora terminaré, no sin cierta triteza; la voy a extrañar, ésta, mi versión de "El Fantasma de la Opera".

Hay no menos de una docena de versiones de la muerte del Fantasma aunque, todos sabemos, los fantasmas nunca mueren.

En una versión muy libre, el gran actor asturiano, adoptado por nosotros, Narciso Ibáñez Menta (si les interesa su vida, consultad el libro biográfico de Graciela Restelli, nadie sabe tanto del Maestro como ella), en la caracterización que a éste cronista más le gustó de Erik, enloquecido, muerto de amor, abría las compuertas del río Sena y moría ahogado en una escena antológica. Todavía, como en una nebulosa, un recuerdo oscuro, en blanco y negro, cruzado por las líneas que entonces componían la imagen de TV, muy defectuosas, veo la delgada figura del Monstruo abriendo las pequeñas compuertas, como buzones (Narciso adelgazó ocho kilos para esta trabajosa caracterización). Quizas ocurriera eso. Yo prefiero el final que contó Leroux:

Poco después de los sucesos de la caída de la Lucerna, dos años después para ser más precisos, una noche, en la imprudente hora que sucede a la cena alguien llamó a la puerta del pequeño, coqueto y masculino departamento de la rue Rívoli, frente a Las Tullerías, la que era la morada de El Daroga. Dario Balil, su fiel sirviente, con un delicado gesto de sorpresa, acudió a abrir la puerta. Una alta figura de capa y chambergo cuya cara no se veía por la nieba y un echarpe que llevaba hasta la nariz pidió hablar con su amo.

- De parte de Harum...- dijo.

Unos minutos después, el huesped estaba instalado en un cómodo sillón en aquella tan bien decorada, pequeña habitación frente al reconfrotante fuego del hogar, el empapelado de florones, el biombo, un macetero de siemprevivas, la alfombra persa, las espadas saudíes posadas sobre el redondo escudo árabe sobre el hogar, la colección de relojes de arena... todo daba intimidad a la escena. Ah... y la moderna iluminación eléctrica que brillaba desde cuatro lámparas adornadas con flores de vidrio. Esa misma luz daba un carácter muy distinto al rostro inaudito de Erik; aunque espantoso y con la apariencia de un cadáver reseco, así iluminado tenía más el carácter de una pieza de teratología que de el siniestro montruo de los sótanos...

Dario, el mucamo, revelaba su condición sexual haciendo exagerados gestos de pena y horror al traer las vituallas, pero reconocía que aquellos ojos dorados, brillantes eran francamente hermosos. La cuadrada mesa ratona (un adelanto parisino) se llenó rapidamente de platitos con caviar iraní, aceitunas enormes embadurnadas de especias, siete clases de quesos, maníes, pecanas, nueces, sandwiches, canapés con palta pisada, humeantes recipientes de barro con exquisiteses, frutas, etc. El carrito rodante que trajo el sirviente tenía todos los licores, whiskies y cervezas que se puedan imaginar. Erik solo le pidió (su orden lo hizo sobresaltar) un antiguo whisky de una sola cepa, doble (no existía el hielo en los tragos en aquella época) en "vaso de té" y no probó alimento alguno. El Daroga no habló y en ese silencio se omitían muchas cosas: la tragedia de la Lucerna, otros crímenes que él -como policía- conocía, el secuestro de que fueron víctimas... muchas cosas. Erik se veía débil, vencido, parecía un viejo pese a que tenía unos 55 años en esa ocasión (según diversas fuentes, la de Gaston Leroux, por ejemplo), tomó un largo trago que no humedeció el cristal de su vaso de té, tan reseco se veía. Su cabeza, sin embargo, giró tan rapidamente como lo haría una serpiente y una mirada fulminante pegó en Dario, el mucamo que, comprendiendo, de buena gana, abandonó la habitación cerrando la elegante puerta pintada de verde inglés. Tomó otro largo trago que acabó con su whisky, suspiró y comenzó a hablar:

- Daroga, amigo... tú me salvaste la vida allá, en el atrasado Oriente; yo no lo puedo olvidar... no tengo otro amigo; tú eras un destacado policía, yo solo un reo deforme y tu tuviste piedad... Es terrible no tener vecinos, amigos, parientes, interlocutores... es terrible hablarle a las gárgolas, a los muebles, a las paredes que, claro, nunca te responden, nunca te consuelan... Tú eres aún un hombre guapo, hermoso, Daroga; has tenido, lo sé, muchos romances...; yo también, pero con las muertas que traía el río Sena (Dario, detrás de la puerta con una copa apoyada en ella hizo un exagerado gesto de sorpresa), algunas eran hermosas, todas muy complacientes... ha, ha... no sabes lo patético que es un profundo beso de amor entre dos cadáveres, a veces parece una orgía, por los gusanos, digo... ¡Ha, ha, ha...!

Aquí hasta el duro Daroga sufrío una conmoción.


"Me besó viva", Claude Rains y Sussanah Foster en la versión de 1943

- Pero ahora este Demonio conoció a un ángel, a Cristina... ella... ella me besó. ¡A MI...! ¡ME BESÓ VIVA! Estaba viva y me besó; conocí la gloria sin morir... Y como eso no va a volver a ocurrir, ya que el diario L' Epoque está anunciando la boda de Raúl y Cristina; yo ya no encuentro un lugar en este Mundo; la Música que alimentó mi vida, me dio fuerza, placer, pasión... es solo un ruido para mi. Mis inventos, resortes, engranajes, pivots, ejes... son insuficientes. Hasta mis crímenes, que nunca me quitaron el sueño en el ataud donde siempre dormí, ahora me torturan, picotean mi conciencia... debo estar volviéndome un ser humano y no quiero. Odio la vulgaridad.
Voy a morir, lo decidí y lo decidió mi cuerpo, mi conciencia... te dejo esto.

La huesuda mano sin guante (era impresionante verla) sacó de entre sus ropas una pesada bolsa de cuero blando, que abrió y vació sobre el mantel, entre dos platitos. Un destello anunció la presencia de 50 brillantes de 2,300 kilates, una veintena de escudos de oro, una barritas, perlas y piedras preciosas de diversos colores ademas de tres gruesos, apretados y redondos fajos de francos. El Daroga tuvo una actitud de protesta, abrió la boca pero una rápida mano de esqueleto, muy autoritaria lo frenó. Con el área especulativa de su mente, el árabe calculó rapidamente que en ese pequeño espacio había dinero suficiente para comprar cuatro casas como en la que estaban ahora.

- Mis papeles están en regla -continúo su soliloquio Erik-, nunca figuré en el catastro de París; nunca existí ni existo ahora; gran ventaja para mis actividades. Pero hay otros papeles muy importantes para mi. Mañana Cristina Daaé encontrará en su mesa de maquillaje un muy grueso volumen encuadernado en piel humana de un enemigo que no viene al caso mencionar. Se trata de mis apuntes sobre el "bel canto", sobre la vocalización y su perfeccionamiento; no todas son ideas mías; yo robé opiniones de los grandes maestros a los que espiaba, especialmente a Franz Liszt; es la obra literaria de toda mi vida. Seguramente la inteligente Cristina lo va a saber aprovechar (es curioso el dato que Leroux inició la escritura de la obra luego de enterarse que la cantante mediocre Cristina Daaé, luego de desaparecer por un tiempo, ante la agitación de toda su familia, volvió a aparecer pero esta vez cantando como los dioses, mejor que nadie, en la década). Hecho esto y arreglado otros asuntos - hizo un gesto hacia la gran fortuna depositada sobre la mesa, el regalo a su amigo, el Daroga) me voy.

El árabe y su sirviente (éste, con desagrado) ayudaron al muy débil y temblequeante Fantasma a llegar hasta la calle y subir a un "fiacré", un coche de alquiler discreto (el conductor no veía quien se subía) especialmente usado por los amantes. Una vez instalado y antes de dar la orden al conductor, Erik miró fijamente a su amigo. A veces los ojos ríen más que la boca. Ésta era una de esas ocasiones; el Daroga le tendió la mano y el Monstruo se la tomó; esta vez la inusual frialdad no era desagradable.

- Nous allons rapidement ! (¡Vamos, rápido!)

Fue lo último que alguien escucho de boca de "el Ángel de la Música".

Y Dario, luego de pasar su amo, miró el cielo que había empezado a nevar y, con un suspiro, cerró la puerta así como también la historia de "El Fantasma de la Opera"...

Solo quedan agregar dos cosas, algunos conceptos de Gaston Leroux, el creador del mito.

- "El otro día unos obreros municipales cavaron en la planicie de tierra en el 5º subsuelo de La Opera. La finalidad era poner cemento armado con hierros cruzados, este novísimo procedimiento se está haciendo en todos los castillos y edificios antigüos para asegurar sus cimientos (Leroux era invitado a muchos sitios por el éxito de su novela y su fama gracias a la venta de los derechos a los Estudios Universal y posterior film con Lon Chaney como estrella, en 1925; en enero de 1926 asistía a éste descubrimiento en La Opera de París, en noviembre del mismo año Leroux fallecía). Me llamó la dirección de La Opera, cosa que me honró y vi como la pala de los obreros había desenterrado unos cilindros de fonógrafo marca "Edison" y destruído otros, claro, al mirar la enorme nave y la fuentecita de agua en un costado comprendí que estaba en sitio de las "voces vivas", especie de cápsula del tiempo con que se intentaba guardar la voces y música grabada de cantantes y orquestas; me estremecí, porque el capataz, toscamente me dijo:

- Mire señor, le rescatamos estos discos de fonógrafo; ya no se usan, tendría usted que conseguir uno de esos aparatos viejos, ¿cómo se llaman?... sí... fonógrafos; mi padre tenía uno... lo demás no tiene importancia, unos trapos viejos, maderas podridas... ¿qué más? ...ah, sí, un esqueleto de algún pobre tipo, alguna víctima de los sucesos de La Comuna.

Con devoción Leroux se acercó al esqueleto coronado con un cráneo muy feo, deforme, fuera de escuadra, se arrodilló y rezó un Padre Nuestro y un Ave María, el perplejo capataz le dijo que vendrían a buscarlo para llevarlo a la fosa común de París.

Y la inmortal novela biográfica de Gaston Leroux termina así:

-¿Y ahora que irán a hacer con ese esqueleto...? ¡No es posible que lo manden a la fosa común! Yo digo que el sitio de ese esqueleto del Fantasma de la Opera está en los Archivos de la Academia Nacional de Música. Ese esqueleto no es un esqueleto vulgar...

Y por último, la fotografía misteriosa, por fin develada, después de tanto tiempo de verificar fuentes y comparar. Algunos la atribuyen a un delincuente común y corriente. Otros a un veterano de guerra. Pero hoy podemos afirmar, con un mínimo margen de error atribuible a coincidencias extremadamente casuales, que este fue el auténtico rostro del Ángel de la Música. El rostro de Erik, el Fantasma de la Opera.

Lon Chaney encarnando al Fantasma

 

 

 

 


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