Terror Universal
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Seccion: Artículos (Lecturas: 14721)
Fecha de publicación: Julio de 2005

Las mise en scéne de un genio

Informe sobre tres puestas en escena de obras del género fantástico que Narciso Ibáñez Menta llevase al Teatro Féminas y al Apolo de Buenos Aires durante los años '30 y como todo se perdió en el olvido. Las obras fueron: EL JOROBADO DE NOTRE DAME, sobre novela de Victor Hugo, EL HOMBRE Y LA BESTIA, versión de Robert L. Stevenson y EL FANTASMA DE LA ÓPERA, adaptación del folletín de Gaston Leroux.

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Natán Solans



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A lo largo de estas notas trataremos de dilucidar algo acerca de tres puestas en escena de obras del género fantástico que Narciso Ibáñez Menta llevase al Teatro Féminas y al Apolo durante los años '30 y como todo se perdió en el olvido. Las obras fueron: EL JOROBADO DE NOTRE DAME, sobre novela de Victor Hugo, EL HOMBRE Y LA BESTIA, versión de Robert L. Stevenson y EL FANTASMA DE LA ÓPERA, adaptación del folletín de Gaston Leroux.

Llegada

Narciso Ibáñez MentaPara comprender como se produjeron ciertos acontecimientos y porqué son tan desconocidos es necesario saber que el mismo Narciso Ibáñez Menta colaboró para que así fuera. En una vida signada por el éxito, aquellos escasos diez años (quizá fueran menos) no le interesaban a nadie. Hasta ahora. Odio, aborrezco dar fuentes, citar años, declamar autores. No soy un entomólogo, solo alguién que tuvo la suerte de estar en contacto con cierta gente y algunos hechos históricos y que intenta contarlos.

En 1931 Narciso, que - como corresponde a los divos- siempre mintió sobre su edad, tenía 18 años, llegó a Buenos Aires. Provenía de Cuba, y antes, de Estados Unidos, luego del famoso Jueves negro de 1929 que inició el Crack de la Bolsa de New York. Era altivo y estaba habituado al éxito, era ahorrativo y cuidaba su delgado físico aunque su único vicio era el cigarrillo. Fue en nuestra ciudad (donde vivió desde enero de 1931 hasta diciembre de 1963) donde se convirtió en una figura importante del género fantástico, a mi juicio, equiparable a Vincent Price.

Entre carnavales y fenómenos

En la zona próxima al Rio de la Plata, en el Bajo, donde hoy se levanta el Hotel Sheraton, existía un parque de diversiones, un "Carnival", que nació cuando un Parque de Coney Island flotante llegó a estas tierras. Estos artistas aleccionaron a algunos voluntariosos locales (entre los que se contaban mi propio abuelo materno) y quienes fundaron el Parque Japonés (que durante la II Guerra Mundial, para congraciarse con los aliados, le pusieron "Parque Retiro"). Este era un lugar frecuentado y gozado por el joven Narciso. Allí habían atracciones tales como mujeres barbudas, gordos de 300 kilos, un hombre sin brazos ni piernas que con una malla color arena llacía en una camilla con un cartel que decía "el Hombre Maní", y varios fenómenos más: se las llamaba "Exageraciones Humanas."

Cuando yo tuve la fortuna de colaborar con él en el ciclo televisivo EL PULPO NEGRO (1985), Narciso manifestó su agrado por el particular género que cultiva la película FREAKS (Fenómenos-1932); es decír el mostrar fenómenos humanos vivos. Notemos que "mostrar" proviene de la palabra latina "Monstrare" que significa "Monstruo." Le llamaban mucho la atención y le causaban cierta gracia "los Hombres Salvajes de Borneo", que eran dos pobres microcéfalos enanos (como lo fue Nelson de la Rosa), que eran presentados como integrantes de una tribu remota.

Y esa atracción provocó que nutriera su galería de personajes con deformes antológicos: EL JOROBADO DE NUESTRA SEÑORA, que es un hombre con graves deformaciones en los huesos de la cara, la dentadura y la columna vertebral (gibosis extrema.) y en EL FANTASMA DE LA ÓPERA, que tenía caquexia (delgadez morbosa) y parálisis facial. Para mi Narciso representó como nadie a Eric, El Fantasma, pues tenía la delgadez necesaria y es quien más se pareció a la descripción que hace Gaston Leróux del monstruo.

Un maestro de maestros

Lon ChaneyEn 1928 Narciso había conocido en los estudios de Long Island, New York, al gran Lon Chaney y esto lo marcó para siempre. No podía esperar más para realizar maquillajes tan complejos como los que hacía su mentor en las películas de Hollywood. Chaney se despidió, en la última de las seis entrevistas que mantuvieron, diciéndole al jóven:

"Un día te levantas a la mañana, ya has representado al monstruo, y en el espejo del baño estudias tu cara, ves sus posibilidades, piensas en cremas, trucos y afeites. Ya no puedes pensar en otra cosa. Es que no eres un empleado, carpintero o empresario; eres actor, un actor de caracter, de caracterizaciones y sabes, intuyes que nunca podrás ser otra cosa... es tu dramático destino."

Quizá fueron estas palabras las que decidieron el destino de aquel joven delgado e hipnotizado por el robusto actor, parecido a un marino, que se alejaba y se perdía entre la utilería del estudio, siempre munido de su maletín de maquillajes, su Caja de Trucas (en verdad, un caja de pesca). Estas palabras, según supe, se las había dicho a Chaney, Richard Mansfield, el Idolo de las Matinees, y el padre del Maquillaje Tridimensional Moderno (1).

Un panorama bizarro

El panorama teatral en Buenos Aires, en 1930, era, al menos, confuso. Todavía gozaba de buena salud el Sainete y el Circo Criollo. Sé que me voy a ganar algunos enemigos con lo que voy a decir pero no puedo evitarlo: el Venerable Sainete Argentino, el Circo Criollo, el Picadero y la Familia Podestá que los fundó... eran un desastre: un grupete de borrachos, mal pintados, que improvisaban, eructaban y hasta expelían flatulencias mientras reían de estas mismas cosas; una total falta de respeto a los incultos inmigrantes que, sin embargo, seguían sus obras, y los siguieron hasta que, por suerte, todo esto desapareció.

Narciso nunca fué un snob (sin nobleza); nunca fué al Colón para dormir en un palco ni fué a una exposición de pintura para hacerse el entendido; nunca fue elitista, ni aristocratizante (pese a que venía de una respetable dinastía de actores). Era, más bien socialista en su obra. Atacaba siempre a los prestamistas, a los lúbricos y, en especial, a la estupidez.

Influencias

Hombres Salvajes del Circo de Frank BrownPero hay mucho que rescatar del panorama teatral y de Varieté de la época. Por empezar Narciso era muy amigo de Carlos Gardel (llevó la manija del ataud de su amigo, desde el Luna Park hasta la Avenida Callao, en la primera posta). En una oportunidad el "Zorzal" le recomendó al actor a su famosa novia Isabelita (Isabel Martínez del Valle, una joven de 14 años, cuando Gardel tenía 34) para que interpretara a Carlota, la diva ofendida del "Fantasma de la Opera." (2) Fue ella quien, a sus 82 años, me contó parte de la puesta en escena de la obra.

Narciso conoció al gran payaso inglés Frank Brown, con cuyo asesoramiento compuso dos de sus personajes más memorables, ambos payasos: EL QUE RECIBE LAS BOFETADAS (1949) y luego, en TV, EL HOMBRE QUE PERDIÓ SU RISA (1962), para el ciclo MAÑANA PUEDE SER VERDAD. En cambio nunca pudo contactarse con un actor muy reservado y misterioso cuya carrera se extendió por Argentina, Sudamérica y Europa: el gran Leopoldo Frégoli, cuyas giras llevaron entre 1894 y 1924 varias veces a Buenos Aires. Pese a sus esfuerzos, Narciso nunca pudo hablar con este artista, que llegaba a componer hasta 15 personajes en una sola obra, algunos de ellos femeninos, siendo uno de los primeros "transformistas" - no confundir esto con el supuesto arte que cultivan algunos viejos patéticos disfrazados de mujer-. Sin embargo, Narciso le copió las "botargas" (rellenos corporales), los "coturnos" (trucos de estatura) y las pelucas unidas a frentes y narices (en sus obras la mutación debía operarse con suma premura).

El teatro Grand GuignolNo tengo información acerca de como Narciso conoció el célebre Teatro del Grand-Guignol. Pero es evidente que su obra se tiene mucho de las sangrientas puestas en escena de aquel teatrito de 20 Rue Chaptal, en pleno Paris. Durante 60 años, desde fines del siglo XIX hasta 1962, allí se produjeron miles de aparentes muertes, decapitaciones, violaciones a vírgenes, torturas de la Inquisición, destripamientos, etc. Decían que para aumentar el realismo, utilizaban sangre de pichón cuya ventaja consistía en que el olor era inimitable. Por supuesto, no se librarán de una muy larga nota que tengo preparada sobre este teatrito, muy querido por mí, y pronto, por ustedes.

En 1930 Narciso ya tenía intención de formar una companía propia. Esto nunca fué bien visto por los integrantes de ninguna familia tradicional de "cómicos" (forma despectiva de llamar a los actores en la Península Ibérica, hasta bien entrado los años treinta). Solo pudo lograr este sueño, cuando en 1934 se casó con Pepita Serrador, pero esa es, como diría Kipling, otra historia. Se, porque me lo contó la Sra. De Literas, una anciana Dama de Caridad que murió hace poco, que Narciso, medio escondido de su familia, habló con un colegio de monjas para representar una puesta de EL HOMBRE Y LA BESTIA, adaptación de la obra de Stevenson, cuyo título original (Dr. Jekyll & Mr. Hyde) se pensó muy complicado para la gente sencilla que pisaba estas tierras (y que todavía pisa.). Esto sucedía en 1931, a los tres meses de asentarse en Buenos Aires.

Máscara del Sr. Hyde, versión teatral de 1933, según dibujo del autor de esta notaYo llegué a esta historia por la Sra. De Literas, dueña del Bazaar Yankee (en Libertad y Cangallo), un alucinante lugar de magia y trucos donde trabajó Fu-Manchú (el gran prestidigitador David Bamberg, que protagonizara algunas peliculas mexicanas) y también porque me llegó de allí una máscara para reparar (yo fabricaba máscaras de látex, trucos y muñecos de ventriloquía para el Bazaar). El dueño de la máscara era el mago Clayproot, de quien luego me hice amigo. Al ver la máscara, con una cabeza en punta, muy tosca y estropeada pensé en seguida en el procedimiento para su arreglo. Clayproot me dijo: "Tratala con cariño... fué de Narciso; la usó en EL HOMBRE Y LA BESTIA."

Aquí freno mi relato ya que en la próxima entrega les contaré como fué el génesis de estas obras ya olvidadas y que merecen recordarse. Reitero, esto es una molécula de la obra del Gran Narciso. Un retazo juntado como un rompecabezas, tal vez con errores e imprecisiones. De todas maneras para un conocimiento global de esta vida única está la obra de Graciela Beatriz Restelli, quién, pese a su juventud, conocío como nadie , de cerca a Narciso. Ella emprendió la titánica tarea de poner en un libro la obra teatral del Mito. Tambien existe joven realizador llamado Gustavo Leonel Mendoza, quien está elaborando un largometraje documental histórico sobre nuestro ídolo titulado "Nadie Inquietó Más". De ellos es la epopeya de enseñar a los jóvenes que todavía saben leer en nuestro pais, que el Terror también tuvo su Historia en el Rio de la Plata.

 

 

 


1: Richard Mansfield (de quien algún día me ocuparé más extensamente) cambiaba de personalidad y rostro hasta 3 veces por día en los teatritos de aquel barrio que hoy es Broadway. Le decían "el Camaleon Humano" pues a las 14 hs. era "Rasputín", a las 17hs. un negro de "La Cabaña del Tio Tom" y a las 21 hs. una apetecible señorita en "Calamity Jones". Cuando viajó a Londres con una obra moderna titulada "El Dr. Jekyll y Mr.Hyde," de Robert L. Stevenson, no se le permitió más que cinco representaciones. Había una razón; la obra se representaba en Whitechapel, lugar cercano al área de acción del temible Jack el Destripador. También en los aledaños se exhibía el famoso "Hombre Elefante." La sangre de un matadero cercano corría por las acequias, se escuchaba a lo lejos los alaridos de los locos de un manicomio del barrio y una plaga de enormes cucarachas color lacre habían tomado las calles: Era demasiado horror para un solo sitio.

2 Isabel Martínez del Valle: En la versión televisiva del Fantasma de la Opera de Canal 9 (1960) Narciso la volvió a incluir en el reparto.

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