Terror Universal
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Seccion: Artículos (Lecturas: 23467)
Fecha de publicación: Noviembre de 2001

La Importancia de la Caracterización en el Cine De Terror

Interesante apreciación sobre el camino seguido por esos íconos del mal llamados "monstruos del cine".

Sara Rodríguez Mata



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A lo largo de todos los artículos anteriores he analizado los maquillajes aplicados para crear personajes de terror y su evolución a lo largo de varias décadas. La evolución en la caracterización de estos personajes que han poblado siempre las películas de terror se debe a dos factores concretos: por un lado, la época en la que se enmarca la realización del film (muy importante como creadora de pautas y estilos); y por otro lado, la visión del propio director, como generador de un enfoque distinto.

Como todos sabemos, el cine de terror surgió a comienzos de los años treinta influenciado por el cine expresionista alemán y también debido a unos cambios sociales y económicos como consecuencia de la depresión americana. La influencia ejercida por la estética expresionista de los años veinte ha sido decisiva para el buen desarrollo de este género cinematográfico. El expresionismo inundaba las pantallas cinematográficas de asesinos, vampiros, locos, monstruos, etc. Y el espectador asistía a la contemplación de una imagen distorsionada de la realidad, en la que los decorados, maquillajes e iluminación tuvieron como consecuencia que la ambientación de estas películas fantasmagóricas se basara en el expresionismo.

Es por ello que el cine fantaterrorífico norteamericano se benefició enormemente de la “importación” de los talentos del cine alemán, sobretodo de aquellos vinculados al cine expresionista. El cine expresionista que se había iniciado en los años veinte en Alemania influyó en la estética cinematográfica americana, de tal modo, que comenzaron a proliferar las películas en las cuales el papel protagonista no está interpretado por el galán de turno, sino por una serie de monstruos salidos de la literatura clásica o bien, de la mente de los directores.

Dentro del género terrorífico, la monstruosidad es una categoría de la anormalidad y la anormalidad, a su vez, es un concepto de fundamentación estadística. Lo normal inquieta y asusta, especialmente cuando se trata de la grave anormalidad que comúnmente llamamos monstruosidad. Como ejemplo tenemos al monstruo que creó Marie Shelley. Éste es originalmente "bueno", desde el punto de vista psicológico y moral, pero la fealdad extrema de su anormalidad física suscita una aversión hacia él que acaba siendo responsable de su soledad y de sus ulteriores maldades. En rigor, el monstruo de Frankenstein se convierte en criminal debido a su fealdad física, a su monstruosidad.

Román Gubern y Joan Prat Carós establecen un catálogo de la monstruosidad en razón de sus características físicas y de su origen. De este modo, por sus características físicas se es monstruo por ser invisible (The Invisible Man, 1933), o por ser demasiado pequeño (The devil Doll, 1936; The Incredible Shrinking Man, 1957), o por ser demasiado grande ( King Kong, las hormigas de Them!), o por ser mitad hombre y mitad animal ( los diversos hombres-lobos; la mujer-pantera de The Cat People; The Fly, 1959), o por poseer poderes parapsicológicos (Carrie), etc. 1

Los monstruos del cine de terror han sido siempre feos porque como encarnadores del mal, son antagonistas de la belleza. Esta deformación es la base de la pérdida del rostro, como bien apunta Aumont y recuerda una frase de Bazin a colación de la película de Buñuel Los olvidados (1950): "los rostros más repulsivos no dejan de ser a imagen del hombre". La deformación, por el contrario, apunta al monstruo, al no-humano, con riesgo de tener que recurrir, a veces a un fantastique de pacotilla para encontrarlo. 2

Los cánones que regulan la imaginería del castillo del vampiro, del laboratorio del sabio loco, de la sala de tortura, del uniforme de Drácula, o del maquillaje del hombre-lobo, han sido perfectamente codificados y ritualizados por la industria del cine. Como lo están el uso del claroscuro, de las penumbras, de los colores lívidos para el rostro humano, o el contraste del rojo de la sangre sobre superficies blancas (los grandes operadores del género, como Karl Freund entre los pioneros y Floyd Crosby en la era del color, han sido los grandes expertos y depositarios de este repertorio iconográfico) 3. Quiere esto decir que los sentimientos de angustia, pánico, horror que se producen en el espectador no serían posibles si no fuera por toda la puesta en escena que se necesita a la hora de realizar este tipo de películas.

Como ya he dicho alguna vez, la caracterización cinematográfica es fundamental para el desarrollo del cine terrorífico. Pero la palabra caracterización en el cine es muy amplia. Por un lado, la caracterización de personajes no se refiere únicamente a la construcción de la apariencia física, sino que también es un proceso que necesita de valores psicológicos para crear un personaje singular y dotado de coherencia. Por ello, son muchas las personas que se dedican dentro del cine a la caracterización (guionistas, peluqueros, maquilladores e incluso se requiere la ayuda de psicólogos que puedan aportar una visión sobre el comportamiento de los personajes). 4

Dentro de todo el equipo que trabaja en el rodaje de una película, el equipo de maquillaje es muy importante porque junto con el equipo de vestuario contribuyen a crear la imagen y ayudan a recrear el ambiente preciso. Por eso, hay que cuidar muy bien el maquillaje porque el más mínimo error puede restar credibilidad a la imagen y no transmitir las emociones necesarias.

Barbas falsas, cabellos teñidos, sangre artificial y maquillajes capaces de añadir o restar años según las exigencias del guión dependen de esos técnicos de maquillaje que suelen convertirse a menudo en los confidentes de las grandes estrellas.

Compañías como la Universal consiguieron reunir un excelente equipo que otorgó al cine de terror un estilo inconfundible. Músicos como Hans J. Salter y Frank Sinner; Jack P. Pierce responsable de maquillajes tan asombrosos como los del Hombre lobo y el monstruo de Frankenstein; John P. Fulton y Vernon Walker como creadores de efectos especiales. Este último dirigió el departamento de efectos especiales de la RKO en los años treinta y su trabajo se puede reconocer en películas tan exitosas como Son of Kong (1934), The Last Days of Pompeii (1935) o Notorius (1946).

Jack P. Pierce, la familia Westmore, Jack Dawn, William Tuttle, e incluso Lon Chaney forjaron un arte en torno al mundo de la caracterización, gracias a sus revolucionarias técnicas y a su imaginación para utilizar todo tipo de utensilios y productos con la finalidad de crear personajes que impactaran en el público. Así, todavía hoy día, nos pueden sobrecoger todos los personajes de Lon Chaney y ese Frankenstein que tardaba cinco horas en crearse en un laboratorio, nunca mejor dicho.

Desde Nosferatu el vampiro (1922) y Frankenstein (1931) no han dejado de hacerse versiones en toda la historia del cine mundial. Basados en el texto original, cada director ha modificado a su personaje dotándolo de características que lo hicieran en ese momento ser “singular” frente al resto. De tal forma que esta caracterización ha tenido su inspiración también en lo que demandaba la sociedad en ese momento y en los cambios sociales que se gestaban. Uno de los ejemplos más claros lo tenemos con la productora inglesa Hammer, de los años cincuenta, que de la mano de Christopher Lee creó hasta la saciedad variaciones de Dráculas, Fránkensteins y Hombres Lobos.

A lo largo de la historia del cine hemos visto a Dráculas con rostro glabro, cráneo calvo, orejas picudas, manos deformes con uñas largas, pasando por el de Bela Lugosi, responsable del nuevo look del vampiro creado por Bram Stoker. Lugosi aparece ante la pantalla con un frac, camisa blanca con botones de madreperla, pañuelo que asoma por el bolsillo y con una pajarita al cuello. Además, a Lugosi le brillan los zapatos y el pelo. Pero el que sin lugar a dudas ha conseguido quedar totalmente identificado con Drácula en la imaginación popular fue Christopher Lee, aunque creo que la Hammer cargó bastante las tintas en el aspecto sexual y en esos ojos cargados de sangre. En cambio, John Carradine le dio a su vampiro un aire de caballero del sur, que era a lo que había estado acostumbrado a interpretar.

Así, podemos continuar hablando de las versiones de todos estos personajes que nos han acompañado en la cinematografía de terror. Pero, sea como fuere, con creaciones inmejorables y otras un tanto más pésimas, estas películas no habrían sido posibles – al menos en aquellos años en los que la animación y creación de personajes por ordenador no era posible- sin la mano de maquilladores que transformaban a una persona en el animal más horrible nunca visto Por todo ello, en mi opinión, creo que para analizar los personajes de las películas debe tenerse en cuenta no sólo la psicología, cómo viven, qué dicen, etc., sino también cómo se muestran físicamente al espectador. Esto es así, ya que el primer conocimiento que tiene el espectador de un personaje es a través de su apariencia física. Y ya sabemos por experiencia que los espectadores son capaces de reconocer la maldad o bondad de un personaje, e incluso saber si desempeña un papel relevante tan sólo por su aspecto. En el próximo artículo haré una reseña de los más destacados maquilladores del cine clásico que con su labor contribuyeron al éxito de este tipo de cine y a que muchos actores fueran recordados para siempre por los personajes que encarnaron.


1 GUBERN, R. Y PRAT CARÓS, J., Las raíces del miedo. Barcelona, 1978, Ed Lumen, p. 39
2 AUMONT, J. El rostro en el cine. Barcelona, 1998.Ed. Paidos Comunicación Cine, p. 157
3 Las raíces del miedo, p. 32
4 Para más información, consultar el libro de Linda Seger: Cómo crear personajes inolvidables. Barcelona, 2000. Ed. Paidós Comunicación