Terror Universal
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Seccion: Artículos (Lecturas: 10759)
Fecha de publicación: Junio de 2002

La emoción del miedo

¿Por qué razones gusta el género terrorífico o por qué hay personas que no pueden ver este tipo de películas? ¿Por qué y desde dónde surge el horror? Son algunas de las preguntas que la autora se plantea en este artículo...

Sara Rodríguez Mata



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El otro día mientras visionaba algunas películas para mi tesis doctoral, empecé a replantearme este estudio a cerca del terror o del horror –como dirán los anglosajones-. Quizás ahora piensen ustedes que yo me replanteé mi trabajo de investigación y la conclusión fue que me había cansado de tanto terror... no, los tiros no van por ahí. Sencillamente se forjó en mi cabeza la cuestión de por qué gusta el terror, qué es el terror. Así que he decidido, para este número, hablarles de la raíz del miedo: el horror que lleva a crear las caracterizaciones o, si se quiere, las caracterizaciones que provocan el horror.

Sobre el tema del horror existen libros muy interesantes. Se ha escrito mucho desde el punto de vista psicológico, desde el punto de vista artístico (pintura, cinematografía, etc.). Pero, como para tratar todos los campos necesitaríamos una amplio espacio y como esta web está dedicada al cine de terror clásico, haciendo el honor a su nombre, me ceñiré al apartado del cine.

¿Terror u Horror? A simple vista, son sinónimos y pueden hacer mención al mismo objeto, como es el caso que nos trata. Los hispanos lo denominamos cine de terror; mientras que el anglosajón se refiere a él llamándolo Horror Film. Gubern aclara que en la práctica cinéfila anglosajona Horror Film es sinónimo de "género cinematográfico fantástico-terrorífico". Por lo que entonces creo que cuando los ingleses pronuncian la palabra "horror" se están refiriendo a lo que nosotros denominamos "terror". Y es que encontrara diferencias o matices en cuanto al "horror" y al "terror" me parece bastante difícil, teniendo en cuenta que estamos pisando sobre un terreno resbaladizo, en el que muchas veces lo fantástico y lo terrorífico juegan un mismo papel –indisoluble-, sabiendo, como todos sabemos, que lo fantástico no tiene porqué estar reñido con lo terrorífico.

Lovecraft estaba convencido de que el más intenso de los miedos es el miedo lo desconocido. Miedo que puede venir de toda la imaginería que ha creado el fantástico y el terror tanto literario como cinematográfico. Aunque, para Quim Casas el miedo también surge de la realidad palpable, haciendo que la acertada definición de horror film, a la que nos hemos referido en el párrafo anterior, no sea la más adecuada. Pues, poniendo como ejemplo los relatos de Maupassant, Casas arguye que este escritor en muchas de sus historias de horror, lejos del fantástico como sueño o fruto de la imaginación, dibuja el terror en toda su profundidad a partir de un acto real que no invoca mundos oscuros e infranqueables para nuestro conocimiento, más bien todo lo contrario.

El cine de terror es, por lo tanto, un género rígidamente codificado por la industria, y que a su vez, consta de familias de subgéneros que tienen sus propias reglas y una iconografía perfectamente marcada que ha pasado a la conciencia colectiva: tal es el caso del subgénero dedicado al vampirismo, el dedicado al mito del humanoide (ciclo de Frankenstein), el del hombre-lobo, el zombi, etc.

Todo esto está muy bien, pero el quid de la cuestión reside en explicar por qué razones gusta el género terrorífico o por qué hay personas que no pueden ver este tipo de películas, o por qué y desde dónde surge el horror.

Algunos, han encontrado una razón en el propio oscurecimiento de la sala. Bien es cierto, que el espectador se introduce en otro mundo cuando la sala de cine va progresivamente oscureciéndose, y que cuando se llega a la oscuridad total sería comparable al proceso del sueño. No es de extrañar que ciertas películas vengan precedidas de una prolongada banda negra, con música de fondo, que alarga ese estadio preonírico y que consigue acentuar el alejamiento psicológico de la realidad cotidiana. Y es precisamente con este hecho con el que está íntimamente relacionado el cine de terror. Gracias al oscurecimiento de la sala, se crea un estado de intimidad y atención en el espectador, que favorece la aparición de la identificación y proyección, como formas de integración emocional con las que el espectador participa en la fabulación.

Pero, cuál es el motivo por el que el público se siente gratificado por el cine de terror. La causa es que se siente atraído por los estímulos emocionales insólitos e intensos. Aunque parezca una perogrullada, el espectador goza de un privilegio porque desde su butaca de cine se siente psicológicamente a salvo y por ello, puede gozar como un voyeur de la crueldad ejercida o que ejercen otras personas (en la pantalla), a sabiendas de que se trata de una fabulación, lo que suprime cualquier sentimiento de culpa o responsabilidad

El intenso horror mostrado en la pantalla tiende a minimizar los problemas menores de la vida real y cumple, al mismo tiempo, una función evasiva. Así, dice Román Gubern que tras contemplar las funciones desplegadas por el monstruo en un universo de espanto, la realidad externa recobra o refuerza su habilidad y su coeficiente de seguridad por el espectador.

Para Leutrat "¿Qué es? y ¿quién es? " son las dos grandes preguntas del miedo. Cuando nos encontramos muy cerca de aquello que produce miedo y no lo vemos, el sentido del oído se agudiza. El mínimo chasquido nos hace imaginar que algo se encuentra merodeando en la oscuridad. Pero, no obstante, para el autor francés, el mayor peligro emana del interior del espectador e incluso, a veces, de la conciencia misma.

Queda claro, pues, que aquello que nos horroriza y nos provoca mayor miedo, no proviene de personajes monstruosos y deformes –que más que miedo en alguna ocasión han provocado risa y en otras lástima-, sino más bien de ese horro psicológico que algunos directores han conseguido implantar magistralmente en la mente del espectador. No nos asusta tanto el monstruo al que vemos en primer plano en la pantalla del cine, sino su sombra. El vampiro ya no nos asusta tanto cuando nos muerde, pero sí cuando sospechamos que nos acecha al final de la escalera que subimos. Y esos pasos o ese extraño sonido que proviene de una puerta cerrada que no nos atrevemos a abrir. Y digo, que como espectadores no nos atrevemos porque ahora somos actores gracias a la identificación que nos provoca la sala oscura.

Sonidos, música de fondo... ponen la guinda al pastel. Con ellos, la mayor de las emociones está servida. ¿Se me ocurre algún reciente ejemplo?... Alejandro Amenábar.

Este artículo daría para continuar hablando de la música en el cine, de la importancia de la fotografía, etc., etc. No obstante, espero que en un próximo artículo hable de todo ello, de Los Otros y de un joven virtuoso llamado Amenábar.

Bibliografía:

CASAS, Q., Las raíces del miedo, Dirigido por..Nº 290 /Mayo 2000
GUBERN, R. Y PRATS, J., Las raíces del miedo, Barcelona, 1978, Ed. Lumen
LEUTRAT, J-L., Vida de fantasmas, Valencia, 1999, Ed. De la Mirada