Terror Universal
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Seccion: Películas (Lecturas: 288)
Fecha de publicación: Octubre de 2016

Crítica de afiches: Teatro de Sangre

"Theatre of Blood" involucra a un shakespeareano Destino cuyo letal aguijón hace presa a un elenco de priores del cine británico y su afiche nos lo comenta con funambulesco encanto.

Emilio A. Bellon



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Theatre of Blood

A cuarenta y un años de su estreno, Theatre of Blood nos sigue convocando desde esa capacidad multifacética de su principal actor, Vincent Price, a la hora de llevar adelante, de poner en escena, su tan planificado acto de venganza que despliega desde un constante cambio de máscaras en un progresivo internarse en los laberintos más siniestros de las tragedias de William Shakespeare. Si en su personaje anterior, el Dr. Phibes, recurría para cumplir con su deliberado plan a una visión alegórica de las siete plagas de Egipto, ahora oficia de marionetista de una trama que se juega entre los renglones de los textos del clásico autor. Pero lo que nos despierta singular atención es su naturaleza bicéfala: un hombre y una mujer que, unidos cual almas gemelas, manejan los hilos de esta puesta. Se trata de padre e hija y ella es la más que reconocible Diana Rigg, de la tan exitosa serie Los vengadores, quien asiste a su padre en tan cruel misión.

Theatre of Blood

En un tono desvaído, que semeja una antigua tarjeta postal, o bien que nos permite pensar en una ilustración de tiempos idos, el afiche pone en evidencia el artificio teatral de una serie de representaciones; como si cada uno de los personajes que se encuentran sobre el tablado compusiera su último acto frente a nosotros. A diferencia de otros films en los que Vincent Price es el principal personaje, Theatre of Blood, o como se conoció en nuestro país y en otros de América Latina, El mercader de la muerte (aludiendo a una de las obras de Shakespeare, El mercader de Venecia), manifiesta su tono fuertemente humorístico. Tal es así, que en más de una entrevista, nuestro admirado actor no sólo confirmó a la prensa que era uno de sus films favoritos sino, además, que lo era porque narraba “una historia histéricamente divertida”.

Conocida en España con el título de Matar o no matar, este es el problema, esta pieza antológica de Douglas Hickox, declara su directa relación con el universo shakespeareano. Ya sus credits nos llevan al mismo espacio teatral en el que se escenifican las obras, en los años del cine silente. Y es que la trama de este tan sorprendente film, nos conduce a la figura de un actor teatral, Edward Lionheart, que ha visto frustrada su carrera por la indiferencia y el rechazo de los críticos. A pesar de haber sido reconocido por el público, jamás fue distinguido por la crítica. Y, fraguando y simulando su muerte, esperó en vano la distinción que él creía merecer. Ese premio tan esperado, motivó a que en Italia tuviera el curioso título de Oscar insaguinato.

Al dirigir nuevamente nuestra mirada hacia el afiche, volvemos a ver las figuras del marionetista bicéfalo que mueve a su antojo los actos de cada una de las caricaturescas víctimas en un teatro de representaciones. Pero lo que se destaca, pese al encadenamiento de homicidios, que remite a ciertas obras de Shakespeare que prefiero no citar, es el acentuado tono de humor presente en los trazos, en las actitudes, en los gestos de estas potenciales víctimas. En la parte superior y debajo de los títulos de film, leemos el nombre de otro protagónico de esta macabra fábula: Ian Hendry, quien desde su personaje Peregrine Devlin, con estrategia detectivesca, denuncia las conexiones que hay entre el posible homicida y las obras de Shakespeare; reescribiendo desde su razonamiento ese juego de estrategias.

Theatre of Blood

Desde su construcción narrativa, desde los mecanismos de ejecución de las acciones, Theatre of Blood, pone en marcha la leyes de La Commedia de Dante Alighieri al hacer funcionar las reglas del contrapaso en lo que se refiere, particularmente, a la naturaleza y engranajes de cada uno de los castigos que padecerán sus víctimas.

Si en este abrirse y cerrarse de cortinas, la Muerte es la protagonista absoluta, no obstante el humor que destila el film, por la parodia de todo verosímil en lo que hace al género, permite que cada uno de los asesinatos se puedan pensar como un explícito juego teatral, en el que entran por los laterales las siluetas de tantos personajes que el mismo Vincent Price ya había interpretado.

Theatre of Blood

De esta manera, el mismo afiche nos invita a situarnos en ese lugar, que como espectadores, tenemos reservado. Pero que al mismo tiempo, de manera ilusoria, nos lleva a reconocer, ya como protagonistas, las más indescifrables pasiones que pueden llegar a albergar la naturaleza humana. Y es en este caso, la letra de las tragedias de Shakespeare, el mismo accionar de sus personajes, liberados de la canónica representación tradicional, lo que se proyecta, de manera trascendente, desde el registro de la comedia de los engaños y equívocos, desde ese juego constante entre apariencia y realidad. Y singularizado en el afiche en el zigzagueante y quebrado movimiento de sus criaturas, que se presentan ante nosotros como títeres de su propio Destino.