Terror Universal
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Seccion: Artículos (Lecturas: 260)
Fecha de publicación: Octubre de 2016

Un monstruo, muchas cabezas

Mucho antes que fuera diagnosticada con su nombre formal, la policefalia se presentó no como afección de nacimiento sino como expresión política, social y religiosa de un paralizante temor, fundamentalmente, a lo desconocido y lo nuevo.

Darío Lavia



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Más de tres cabezas no piensan mejor que dos ni que una. Sin embargo, la simple mención de seres monstruosos con semejante generosidad cefálica retrotrae nuestra memoria cinematográfica a los íconos mitológicos a los vinculados con Hércules y sus faenas (más precisamente, Cerbero y la hidra de Lerna) o bien sacros (el cancerebero del Infierno del Dante). Rastreando las fuentes, la mitología griega (así como la india) abunda en estos seres: se puede recordar a Ladon, dragón de un centenar de cabezas que custodiaba el jardín de las Hespérides; o al gigante Briareo, hecatónquiro, hijo de Urano y Gaia provisto de cincuenta cabezas y cien brazos (que también tuviera un entremés con Don Quijote).

El Renacimiento, epicentro de un número de representaciones pictóricas de las faenas herculeanas, fue la época en que se gestó el basamento estético a esta figura aberrante e incoherente. Porque la Naturaleza, cuando juega con la ruleta de las deformidades, nunca apuesta a más de dos cabezas para sus abortos, con lo cual imaginar un ser de tres o más cabezas supone algo que no podría vivir, algo enteramente irreal. Los meticulosos artistas de aquella época, empero, lograron interpretaciones acabadas del fabuloso can y la hidra como si estos no solo fueran reales sino, incluso, tuvieran peso y volumen. Aquellos maestros, en el siglo XX, fueron sucedidos por otros que acarrearon la misión de imaginar estas bestias contranatura pero en amenazante movimiento.

Hidra de Lerna
Jason and the Argonauts

El segundo trabajo de Hércules, derrotar a la hidra de Lerna, tenía la complicación que regeneraba con velocidad supina cada cabeza que el titán le amputaba. El grabador holandés Cornelius Cort creó una hidra con patas arácnidas ideal para una pesadilla (grabado de 1563); Ray Harryhausen, en cambio, fraguó un fantástico crossover con el choque entre una hidra y el héroe de Jason and the Argonauts (Jason y los argonautas-1963); por su parte John Carpenter imaginó en The Thing (El enigma de otro mundo-1982) a un ser aberrante que parece insinuar el monstruo de muchas cabezas y extremidades arácnidas.

Heracles
Dioskilos
Eurísteo, en un intento de embromar a Hércules, le ordena bajar al Inframundo y capturar al feroz guardián canino, Kerberos. Hesíodo indica que la bestia poseía 50 cabezas; Apolodoro, más conservador, apuntaba que tenía tres cabezas de perro pero el lomo adobado con incontables cabezas ofidias. En cualquier caso, la travesía al Hades, un lugar del cual ningún ser vivo podía ingresar y -de hacerlo- ya no podría regresar, involucró al legendario héroe en la más difícil de sus doce tareas. El grabado de Sebald Beham (1545) se contrapone al Dioskilos, canino de solo dos cabezas pergeñado por Ray Harryhausen para Clash of the Titans (Furia de titanes-1981).

Gustave Doré
Dante's Inferno 1911 Liguoro
El monstruo policéfalo más temible de la mitología griega tiene un interesante guest starring role en la obra de Dante Alighieri como custodio del Averno. Para neutralizarlo, Virgilio le arroja un poco de tierra que más que una prueba de fuerza pareciera un ingenioso hechizo; la ilustración de Gustave Doré (1857) sirvió de estricto modelo para la puesta en escena de la versión cinematográfica de 1911 de Giuseppe de Liguoro, Francesco Bertolini y Adolfo Padovan, L'inferno que también podría ser considerada, por tal razón, una primigenia adaptación del "comic" al cine.

Dürer

Las famosas xilografías de Albretch Dürer sobre el Apocalipsis ofrecen tres visiones de bestias policéfalas, todas surgidas de diferentes descripciones no solo del libro de San Juan sino del Levítico (11:3-8) y Deuteronomio (14:3-21). La terrorífica imaginación del artista nos muestra seres cuadrúpedos con ondulantes cabezas, con cuernos y diademas según el capítulo al que hacen referencia.Es difícil no vincular mentalmente esta iconografía sacra con uno de los bichos más dañinos del Kaiju Eiga, King Ghidorah, llegado para quedarse al universo Toho a partir de San Daikaiju: Chikyu Saidai No Kessen (Ghidrah, monstruo de tres cabezas-1964).

Teniendo como caldo de cultivo los mitos y los íconos sacros, los caricaturistas satíricos de la Edad Moderna tomaron especialmente a la Hidra como leit motiv de sus obras ya que les venía al pelo el efecto simbólico de un monstruo gigante con feroces y ondulantes cabezas que bien podían representar cualquier figura relevante del mundo de la política o de los grandes poderes antagonistas de los lectores de aquellas publicaciones que les abonaban su trabajo. Los cambios sociales, los peligros del clero, la burguesía, los dramaturgos mediocres, los empresarios del capitalismo salvaje, los funcionarios corruptos... todas son entidades amenazadoras que imponen el desafío de desbaratar sus insospechadas redes de poder y presión. Claro está, que estos enfrentamientos entre nuevos hércules con garrotes y espadas que se ensañan con poderes demonizados del pasado sigue teniendo vigencia hoy en día con la propaganda política aunque la figura de la hidra ya ha quedado fuera de moda hace tiempo.


Esta bestia de siete cabezas tiene una connotación religiosa, mostrando -entre otras- una cabeza de innominado Papa, otra de Daniel Defoe y a la gran ramera de Babilonia en el rabo que ejecuta vaya a saber que graciosa melodía con su viola da gamba. El cuerpo del monstruo es un gigantesco cañón que, detonado por un trasgo infernal, dispara dagas al pobre clérigo anglicano Henry Sacheverell, figura determinante en los primeros años del siglo XVIII en Inglaterra. Faction Display'd (grabado anónimo, 1709).


Las dificultades impositivas del gobierno deprimen a la Nación Británica cuyo león no da abasto para mantener a raya al monstruo que el mismo sistema propició, según este grabado de George Cruikshank, The Death of the Property Tax or 37 Mortal Wounds for Ministers and Inquisitorial Commissioners (1784).


Contra la aristocracia, "los rapaces temen a los reverberadores",
grabado anónimo, Les Etrennes à la vérité ou Almanach des Aristocrates, 1789.


Este grabado unifica en una misma iconografía tres mitos, la hidra de Lerna, el dragón y la arpía, lógicamente para castigar la figura de Marie-Antoinette. La chasse patriotique à la Grosse Bête (Cacería patriótica de la gran bestia, 1789).


El clero, la aristocracia y el tercer estado parecen coexistir en un dragón volador que es objeto de esta sátira política de la revolución francesa, "Au second ordre de l'stat, 1799


Este monstruo británico amenaza las entradas de los teatros del Covent Garden y una brumosa Drury Lane (a la derecha de la imagen), sembrando escozor no a vecinos comunes sino a unos cuantos dramaturgos de la época caricaturizados al pie de The Monster Melo-drama (grabado de Samuel De Wilde, 1807).


La hidra sigue dando tema a los caricaturistas y la posibilidad de unificar las mentes pérfidas de muchas personalidades en un solo cuerpo bestial fue irresistible para el crítico que inmortalizó en cada cabeza al duque de York (portando un collar de corrupción), Bowler, Clarke, O'Meara, Master Carter, Sandon y el Dr. Donovan con una pluma para escribir en su oreja. Grabado de Thomas Rowlandson, The Champion of Oakhampton, attacking the Hydra of Gloucester place, 1809.


La omnipresente hidra ahora representa al monopolio, un monstruo de obesa presencia coronado por 24 cabezas que se pasman al adivinar la caída fatal de Humpty Dumpty (el personaje a la izquierda del cuadro) que se hará añicos en la vereda de baldosas de este grabado de William Henry Brook, Dispute between monopoly and power (publicado en Satirist, marzo de 1813)


"Los campeones de la reforma destruyendo el monstruo de la corrupción", o la vida misma de muchas naciones, incluyendo la mía o la de usted (siempre y cuando habite el suelo de este planeta). James Gillray lo vio así en 1831. The champions of reform destroying the monster of corruption.