Terror Universal
E mail Nombre

Seccion: Artículos (Lecturas: 1970)
Fecha de publicación: Mayo de 2014

Mi vida como monstruo

Nadie ha hecho más por establecer la leyenda del cine de terror como Boris Karloff. En este artículo nos explica porque tal género puede ser beneficioso para Vd.

Boris Karloff



Registro de marcas

Bookmark and Share

A pesar que me ha perseguido durante toda mi vida me desagrada la palabra “horror”. Es una inapropiada denominación... porque implica revulsión. Las películas en que intervine fueron hechas para entretener, tal vez con el fin de ponerle la piel de gallina a los espectadores, pero nunca para que les revulsionen o repugnen. Quizá “terror” sea una palabra mucho más acertada para describir estas películas pero, ¡ay! ya es demasiado tarde para modificar los adjetivos. Mis películas incluso llevaron al órgano de Censura Británico a insertar un nuevo certificado a principios de los años ’30, denominado “H”... por horror.

Galería Karloff

Dean Benton es levitado del pendulo mortal ante la vista azorada de feligreses de Ubasti en The Return of Chandu (1934)
Frankenstein (Frankenstein, Creador del Monstruo / El Doctor Frankenstein-1931):
el Monstruo

Dean Benton es levitado del pendulo mortal ante la vista azorada de feligreses de Ubasti en The Return of Chandu (1934)
The Old Dark House (El Caserón de las Sombras-1932):
Morgan, el mayordomo

A principios de 1931 cuando se estrenó la primera película de Frankenstein, el departamento de publicidad de Universal acuñó la frase “una película de horror” y desde ese mismo día la denominación “película de horror” llegó para quedarse. Este género de cine obviamente cumple el deseo de las personas de experimentar algo que está más allá del rango de las emociones habituales de todos los días. Saco esta conclusión de dos hechos.

En primer lugar, del tremendo éxito financiero de los primeros films de Frankenstein y las subsecuentes películas del mismo género. Segundo, debido a un incidente en el set de Grip of the Strangler (El Estrangulador Fantasma-1958), una película británica de “horror” que acabo de terminar de filmar en los Estudios Walton. Teníamos que rodar una secuencia en la que un hombre debía ser azotado. ¡De repento el set fue invadido por una multitud de obreros del estudio y chicas administrativas, todos ansiosos de echar un vistazo! Dentro de cada uno de nosotros hay un rasgo violento. Y si se puede catalizar en el cine en vez de alguna actitud antisocial en la vida real, mucho mejor.

Galería Karloff

Cuidado con Don del Oro, temible villano de Zorro's Fighting Legion (La Legión del Zorro-1939)
The Mummy (La Momia-1932): Im Ho-Tep

Cuidado con Don del Oro, temible villano de Zorro's Fighting Legion (La Legión del Zorro-1939)
The Ghoul (El Vampiro / El Resucitado-1933): Prof. Henry Morlant

Tal vez los mejores espectadores posibles del género de “horror” sean los niños. La intensa imaginación con que ellos están dotados es mucho más receptiva a los ingredientes de estas películas que la de los adultos, que perciben tales elementos como meros artificios. Debido a esa vívida inmaginación es que no debemos subestimar a los niños... ellos saben mucho más de lo que creemos.

Luego que interpreté al monstruo de Frankenstein comencé a recibir bolsas repletas de correspondencia... mayormente de niñas. Estas niñas habían visto más allá del maquillaje y la caracterización, quedando conmovidas y sintiendo compasión por la pobre criatura.

Los niños eligen que es lo que quieren ver para entretenerse. Esto fue evidente para mi durante la temporada de “Peter Pan” de Barrie, en el Imperial Theatre de New York. Hice del Capitán Garfio y, estando interesado en la reacción a la obra por parte de los niños, invité a una horda de ellos para venir al teatro. “Peter Pan”, como todos saben, es una mezcla de romanticismo y aventura. Las aterradores peligros del Capitán Garfio eran contrarrestados por la caprichosa Campanilla. El elemento aterrador, creo, subyace en la mente del niño por mucho más tiempo que el elemento mágico o feérico. Luego que bajó el telón del último acto, los llevé tras bambalinas y les presenté a todo el elenco. Casi todos los niños, querían conocer en primer lugar a Wendy y a Campanilla pero luego se quedaban con el Capitán Garfio. La primera reacción al verse reflejados en el espejo era gruñir y hacer los mismos gestos del monstruo de Frankenstein.

Galería Karloff

Kenne Duncan torturado por The Crimson Ghost (1946) y un par de secuaces
Bride of Frankenstein (La Novia de Frankenstein-1935): el Monstruo

Kenne Duncan torturado por The Crimson Ghost (1946) y un par de secuaces
The Raven (El Cuervo-1935): Bateman

Kenne Duncan torturado por The Crimson Ghost (1946) y un par de secuaces
The Invisible Ray (La Amenaza Invisible / El Poder Invisible-1936): Dr. Janos Rukh

La fascinación por el cine de “horror” se debe tal vez a que nos hace creer. A la mayoría de la gente le gusta la idea de que hay algo más allá de la puerta. Transporta a los espectadores a otro mundo. Un mundo de imaginación y fantasía. Un mundo habitado por los personajes de Hans Andersen y los Hermanos Grimm. El cine de “horror” es una invención que surge más o menos del folklore de cada país. Cuando me preguntan si esas películas son nocivas para los niños, mi respuesta es invariable: ¿son nocivos para los niños los cuentos de hadas de los Grimm? ¡Nunca leí o escuché de ningún libro de cuentos de hadas que fuera utilizado como evidencia en un caso de delincuencia juvenil!

Naturalmente, el buen gusto juega un papel fundamental en la manera de narrar una historia de “horror” en el cine. A veces hay películas que tienen ese gusto, otras veces lamentablemente no. Como no hay reglas que regulen el buen gusto, termina dependiendo del realizador.

Hacer una película así implica caminar en una cuerda floja. Es fundamental construir una ilusión de lo imposible y darle una apariencia de realidad. Al momento que la película se torna estúpida, el espectador comenzará a reir y la ilusión se pierde... para nunca recuperarse. La historia debe ser inteligente y coherente así como extraordinaria y bizarra... tal y como un cuento de hadas o cualquier buen relato folklórico. El “horror” debe incluirse en aras de la historia y no, como en recientes películas, que la historia es solo una excusa para inyectar la mayor cantidad de golpes de efecto.

Galería Karloff

Fu Manchu - Henry Brandon - amenaza a Nayland Smith - William Royle - en Drums of Fu Manchu (1940)
The Walking Dead (Los Muertos que Caminan / Los Muertos Andan-1936): John Ellman

Fu Manchu - Henry Brandon - amenaza a Nayland Smith - William Royle - en Drums of Fu Manchu (1940)
Son of Frankenstein (El Hijo de Frankenstein / La Sombra de Frankenstein-1939):
el Monstruo

Fu Manchu - Henry Brandon - amenaza a Nayland Smith - William Royle - en Drums of Fu Manchu (1940)
Tower of London (La Torre de Londres-1939): Mord

El personaje central es más importante en una película de “horror” debido a que es más complejo. El espectador debe comprender su punto de vista a pesar que sepa que está equivocado. Debe tenerle simpatía a pesar que sepa que es terriblemente injusto. Un buen ejemplo de personaje central de este tipo fueron los científicos locos en la famosa serie para Columbia. A pesar que al espectador le satisface ver su destrucción, también se lamenta cuando ello ocurre.

La técnica especial de la realización del cine de “horror” consiste en estimular la imaginación. Esto se logra usualmente ofreciendo trozos y fragmentos que paulatinamente van conformando un cuadro en la imaginación del espectador. Por ejemplo, en las películas sobre Frankenstein el espectador observa al doctor entre compuestos humeantes, probetas que burbujean, luces relampagueantes y circuitos eléctricos que zumban. Al montar estas imágenes una tras otra, aumenta la tensión. En el momento indicado el monstruo aparece y eso (espero) debería sobresaltar al público. Es importante en cualquier entretenimiento visual permitir al público utilizar su imaginación, nunca remarcar la acción. Si se busca simpatía para el personaje, debe rechazar la simpatía.

Galería Karloff

Fu Manchu - Henry Brandon - amenaza a Nayland Smith - William Royle - en Drums of Fu Manchu (1940)
Abbott and Costello Meet Dr. Jekyll and Mr. Hyde (Abbott y Costello Contra el Hombre y el Monstruo-1953): Dr. Jekyll

Fu Manchu - Henry Brandon - amenaza a Nayland Smith - William Royle - en Drums of Fu Manchu (1940)
The Haunted Strangler (El Estrangulador Fantasma-1958): James Rankin

Si bien me consagré al personaje del monstruo en las películas de Frankenstein (por más que viva los cien años, siempre me asociarían con esas películas) me retiré después de hacer la tercera de la serie. Después de las primeras tres me di cuenta que se habían agotado las posibilidades tanto para el Dr. Frankenstein como para el monstruo. De hecho, la pobre criatura se estaba tornando en un accesorio cómico para el tercer acto. Siempre sentí que las primeras tres de la serie tuvieron buen gusto y estuvieron bien realizadas, por más que muchas películas actuales tiendan a degradar al público en vez de expurgar sus emociones con una clase de terror que es catártico en sus efectos.

Recuerdo el advenimiento de las películas de “horror”. Había estado pateando por Hollywood durante diez años como extra o haciendo pequeñas partes en películas. Cuando se desató la Gran Depresión hasta me empleé como chofer de camión. Cuando las cosas se estabilizaron un poco, conseguí el papel de un convicto en una obra de teatro titulada The Criminal Code. Tenía el pelo rasurado y un maquillaje terrible. Hice el mismo personaje en la película. Uno de los ejecutivos del estudio sin dudas, pensó “este es un tipo feo; probémoslo para el personaje del monstruo”. Me hicieron una prueba y obtuve el rol, a pesar que la caracterización aún no había sido planificada. Jack Pierce, el jefe de maquillaje de Universal, y yo, trabajamos tres horas casi cada noche durante tres semanas para crear esa caracterización. Finalmente, James Whale, que dirigió Frankenstein, vio la prueba y se puso contento. Las palabras de Jack Pierce aún resuenan en mi mente: “¡Esto va a ser algo grande!” Qué razón tenía.

Galería Karloff

Fu Manchu - Henry Brandon - amenaza a Nayland Smith - William Royle - en Drums of Fu Manchu (1940)
I Tre Volti della Paura (Sábado Negro / Las Tres Caras del Miedo-1963): Gorca

Fu Manchu - Henry Brandon - amenaza a Nayland Smith - William Royle - en Drums of Fu Manchu (1940)
Die, Monster, Die (Muere, Monstruo Muere! / El Monstruo del Terror-1965): Nahum Witley

Sentí que el personaje era un desafío. Tenía que interpretar a un infradotado de poca inteligencia, sin diálogo, tratando de extraerle un matiz de compasión. Cuando el Monstruo habló, en la segunda película de la serie, supe que eventualmente esto iba a destruir al personaje. Y para mi lo hizo.

Creo que la censura británica cortó una escena de Bride of Frankenstein (La Novia de Frankenstein-1935) debido a que creyeron en su propia mente que tenía tendencias necrofílicas. Debo decir que nunca hice a sabiendas escena alguna que fuera objetable al buen gusto. Algunas de mis películas han sido tontas o ingenuas, porque no tenían buenas historias; pero nunca han pecado de mal gusto. Me opongo a la censura en cualquier forma. La censura siempre me ha parecido una manera de desconfiar de la inteligencia del público. Creo que el buen gusto suple las licencias y hay que recordar que la persona no acude obligada a ver películas.

Se me ha preguntado muchas veces cuál fue la mejor películas de “horror” que hice. Siempre digo, sin ninguna duda, que fue la primera Frankenstein. Habitualmente trato de asistir a ver las películas en las que trabajo cuando se estrenan ya que los detalles técnicos del rodaje ya no están tan frescos en mi mente.  Me temo que el cine de “horror” no es el que más me emociona. Tal vez por haber hecho tanto de ese género, pero para millones de espectadores de cine, mitiga la rutina diaria del individuo promedio mucho mejor que cualquier otra clase de ficción y eso, después de todo, es lo que el espectáculo siempre debería procurar.

Artículo originalmente publicado en Castle of Frankenstein #14, 1969, © Gothic Castle Publishing Co., gentileza Natán Solans, traducción de Darío Lavia.