Terror Universal
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Seccion: Géneros (Lecturas: 4650)
Fecha de publicación: Junio de 2010

Terror y ciencia ficción: la alianza y sus matices

"Terror en el espacio", "ciencia-ficción con pizcas de terror"... los estudiosos no se ponen de acuerdo en su catalogación y los realizadores ti enden a combinar elementos de ambos géneros de manera tan natural que pareciera que Terror y Ciencia-Ficción hubieran sido creados el uno para el otro.

Alejandro Yamgotchian



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Más allá del criterio de selección que se pueda tener, cuando se hace un informe de estas características, siempre puede llegar a faltar algún trabajo, no tanto como pieza fundamental de cierto subgénero sino más bien como algo que se debate en la frontera entre el terror y el thriller de suspenso, o incluso como elemento aislado; películas valiosas, llamativas, que tímidamente aparecieron en su momento y cuyos directores nunca más volvieron a filmar, también forman parte de casos (o impulsos) bastante curiosos.

Richard Burton velando los intereses del "gran hermano" en 1984
Richard Burton velando los intereses del "gran hermano" en 1984

La crítica en ocasiones no ha ayudado mucho para rescatarlas del olvido, en parte por una cuestión de gustos y también por prejuicios que el propio cine industrial ha ido fomentando, quizás inconscientemente (porque lo único que le importa es vender), mediante productos globalizados y para nada representativos, que en los últimos años, a modo de ejemplo y como ya se sabe, dejaron mucho que desear, yéndose a extremos de violencia, con el cine de torturas como el más claro exponente, a efectos visuales copadores, y a materiales con toques bizarros capaz de neutralizar cualquier tipo de amenaza inquietante para ese espectador en busca de algo serio dentro del género y por ende más exigente.

El terror aliado con la ciencia ficción en el cine ha dado tantos buenos relatos como miedos y sobresaltos, generalmente apuntando a lo desconocido y a veces en presentes trastornados o en futuros demasiado cercanos, donde las sensaciones de horror se mezclaron con serios cuestionamientos y advertencias para la humanidad y su entorno. El terror que se ve y el que no se ve, metáforas de diversa índole que apuntan al hombre y a esa sociedad transformada por los cambios tecnológicos, el papel de la ciencia y sus ansiosos y arriesgados investigadores, el pensamiento y la inteligencia extraterrestre, las incursiones terrícolas en mundos misteriosos... No es tarea fácil para un simple mortal intentar reflejar el panorama de un tema tan amplio, pero sí un enfoque obviamente subjetivo que pueda rescatar los casos más representativos dentro del cine.

Ciencia vs. Ficción

Así como lo primero que suele pensarse cuando se habla de Frankenstein es del monstruo y no del científico que lo creó (Víctor), cuando se alude a la novela clásica de Mary Shelley el terror es lo que termina imponiéndose sobre la ciencia ficción que hay en el libro, la misma que la llevó a ser la primera obra literaria auténtica dentro de este género: por un lado las consecuencias de alguien que jugaba a ser Dios y por otro la electricidad como fuente de vida.

Esta marcada división, sin embargo, no se hace tan clara en otros casos donde la línea se torna mucho más difusa. Más de una vez el propio John W. Campbell fue cuestionado por rechazar a escritores que hacían primar la ficción sobre la ciencia, o que directamente no tenían sólidos conocimientos científicos, como pudo haber sido Ray Bradbury, quien sobresaldría de forma solitaria y pocos años después de esa escuela de autores que Campbell fue creando como editor a partir de fines de la década del '30.

Dicha corriente de autores tuvo en Isaac Asimov a uno de los más destacados exponentes. Y la impresión que tuvo luego de ver clásicos como Star Wars (La Guerra de las Galaxias, 1977) o series como Battlestar: Galactica (Galáctica, astronave de combate, 1978-1979), fue bastante inesperada: lo único que le gustó de la película de George Lucas fue "el encantador R2-D2, una simpática toma de agua para incendios". Esto a su vez marca contraste con su opinión sobre Star Trek (Viaje a las estrellas, 1966-1969), la serie de su amigo Gene Roddenberry, de la cual fue asesor científico en la versión para cine dirigida por Robert Wise en 1979 y con el aval de "algunos productores que hacían como que estaban escuchando mis sugerencias, cuando en realidad no les importaba nada de lo que estaba diciendo".

Paul Blaisdell, monstruo de El Fin del Mundo
Paul Blaisdell, monstruo de El Fin del Mundo

La Fin du Monde incluye - como no - a Jesucristo
La Fin du Monde incluye - como no - a Jesucristo
La polémica entre el rigor científico y la ficción que lo evade estuvo y seguirá estando, del mismo modo que esa ciencia ficción que produce otro tipo de terror, como en las obras de anticipación, donde siempre se dejó constancia de los cataclismos ambientales y humanos que estaban por venir. De ahí que algunos ejemplos de cine catástrofe, desde La Fin du Monde (El Fin del Mundo, 1931) de Abel Gance hasta 2012 (Id., 2009) de Roland Emmerich, también podrían ser tomados como otro tipo de terror, al igual que las epidemias, las guerras nucleares y la propia inteligencia artificial que escapa al control de sus creadores.

Una película como Nineteen Eighty-Four (1984, 1984) de Michael Radford, sobre novela de Orwell, es pura ciencia ficción... y por qué no puro terror, desde el momento en que la figura del Gran Hermano acapara todo movimiento y hasta pensamiento del personaje principal y de todos los que lo rodean. Lo mismo para sociedades represoras, como la de THX 1138 (Id., 1971) de George Lucas, o manipuladoras, como la de la obra maestra perdida de John Carpenter, They Live (Sobreviven, 1989), basada en un cuento corto de Ray Nelson.

También pueden haber casos misteriosos como la causa y el procedimiento a través del cual las plantas ajustaban cuentas con la humanidad en The Happening (El Fin de los Tiempos, 2008) de M. Night Shyamalan, quien por un momento dejó los temas religiosos de lado -como en la invasión de Signs (Señales, 2002)- para convertirse en un declarado defensor del medio ambiente.

Salidas al espacio

Lo primero que a uno le viene a la mente cuando se habla de terror y ciencia ficción son las invasiones alienígenas y las expediciones a lugares desconocidos en el espacio. Y entre los primeros lugares del ranking de cualquier aficionado seguramente asome Alien (Alien: El Octavo Pasajero, 1979) de Ridley Scott (y también la notable secuela dirigida por James Cameron en 1986), uno de los ejemplos cinematográficamente más acabados y representativos del género, que si bien tuvo elogios de todo tipo también pasó por un hecho inesperado: el escritor Alfred Van Vogt le hizo juicio a la producción de la película, acusándola de haberle plagiado un cuento que había escrito en 1939, Discordia en Escarlata. Y tenía razón. Van Vogt presenta en su relato el caso de un sobreviviente de una antigua civilización extinguida por una explosión cósmica (la forma de la criatura en la película es parecida a la que se describe en el cuento), que busca esperanzado una salvación y a la vez reproducirse a través de la inserción de los huevos que sacaba de su pecho en nidos, que en Alien pasan a ser estómagos humanos.

Norma Bengell y Barry Sullivan investigan el Planeta de los Vampiros
Norma Bengell y Barry Sullivan investigan el Planeta de los Vampiros

Todo terminó en un arreglo extrajudicial cuya suma nunca se pudo conocer. Por si fuera poco la película de Scott coincide en el argumento con la historia de It! The Terror From Beyond Space (La amenaza de otro mundo, 1958), del prolífico Edward L. Cahn, y también en algunos elementos del diseño artístico de Terrore Nello Spazio (El Planeta de los Vampiros, 1965) del maestro italiano Mario Bava, dos antecedentes cinematográficos a tener en cuenta, más cuando el guionista de Alien, el recientemente fallecido Dan O'Bannon, era ávido consumidor de EC Comics y creció viendo películas de terror de los años '50.

Esa década brindó aportes fundamentales para el género, donde increíblemente la crítica elitista los sigue metiendo en la bolsa de películas bizarras o de una despectiva clase B. En varios casos quizás los miedos y sobresaltos no son los mismos que los que puedan haber en trabajos anteriores o posteriores, ni las criaturas tan atemorizantes (al menos vistas desde tiempo presente), pero la sugestión, el misterio y los picos de tensión que lograba The Forbidden Planet (El Planeta Desconocido, 1956), de Fred McLeod Wilcox, la llevaron a constituirse en uno de los puntos álgidos dentro de este género fusionado. Una antigua civilización deja como legado una tecnología de avanzada que permite potenciar la inteligencia de todo ser vivo y hasta materializar los pensamientos, sólo que cuando los protagonistas llegan al lugar se encuentran con un científico cuya mente se desarrolló pero no desde un punto de vista intelectual, precisamente. Sus miedos y oscuros propósitos son claros indicadores de las causas por las cuales esa antiquísima raza se extinguió y especialmente una advertencia de lo que podría pasar con la ambición del propio ser humano.

Robert Englund auna experiencia en un Planeta del Terror
Robert Englund auna experiencia en un Planeta del Terror

En 1987 Michael Crichton escribió una novela de la que salió la irregular Sphere (Esfera, 1998) de Barry Levinson, donde la acción pasa a las profundidades del océano en una vieja y misteriosa nave, supuestamente extraterrestre. La historia se inspira claramente en la película de Wilcox. Pero el tema del ilusionismo, las inteligencias superiores, y en especial el de enfrentar los propios miedos, tuvo en el género otros ejemplos. Journey to the Seventh Planet (Viaje al Séptimo Planeta, 1962) de Sidney Pink, se produjo un año después de que Stanislaw Lem escribiera Solaris que a la vez motivó una excelente versión en la película homónima dirigida por el ruso Andrei Tarkvosky (Solaris, 1972). Viaje..., con coparticipación de Ib Melchior en el libreto, no tuvo los mismos resultados ni por asomo: el viaje aquí es el de una expedición de Naciones Unidas a Urano, en 2001. Allí los terrícolas se encuentran con un cerebro que los hace revivir viejos recuerdos y también sus terrores más íntimos.

Galaxy of Terror (Planeta del terror, 1981) de B.D. Clark, se inscribe en la misma línea, sólo que en vez de un cerebro, la nave espacial terrícola se cruza con una enigmática pirámide que es la que convierte en realidad las pesadillas de cada uno de los tripulantes. La producción fue de Roger Corman y en la dirección artística estuvo James Cameron, mientras trabajaba a la vez para su ópera prima Piranha II: The Spawning (Piraña 2: Asesinos voladores, 1981) que se estrenaría un año más tarde en Estados Unidos.

Sam Neill con problemitas oculares en Event Horizon
Sam Neill con problemitas oculares en Event Horizon

Rock Hudson y Darren McGavin atentos a las Crónicas Marcianas
Rock Hudson y Darren McGavin atentos a las Crónicas Marcianas
El joven realizador Paul W. S. Anderson haría la que hasta ahora sigue siendo su mejor película: Event Horizon (Event Horizon: La nave de la muerte, 1997) una suerte de casa embrujada en el espacio, un thriller psicológico con un excelente diseño de producción y algunos escalofríos que hacían revivir un género fusionado bastante alicaído por aquel entonces. Aquí hay otra expedición que en el año 2047 sale en busca de una nave perdida, para que luego sus integrantes se enfrenten a fantasmas de sus respectivos pasados, a un miembro que enloquece y que había sido el creador de la nave del título, capaz de viajar a mayor velocidad que la luz, y por si fuera poco a otra dimensión de tonos algo lovecraftianos y relacionada con el propio infierno.

A pesar de sus méritos y de haber sido bastante subvalorada al momento de su estreno, esta película presenta algunas similitudes con la modesta pero interesante y muy bien hecha Dark Side of the Moon (El lado oscuro de la luna, 1990) de D. J. Webster, sólo que aquí no hay materialización de pensamientos, sino el mismísimo Diablo que comienza a tomar posesión de los astronautas (año 2022), a la vez que los sobrevivientes intentan establecer contacto con la Tierra, dado que se dirigen inexplicablemente a una muerte segura (el lugar del título), al quedarse sin reservas ni combustible.

Conviene señalar como importante antecedente dentro del subgénero de terror espacial psicológico, las Crónicas Marcianas de Ray Bradbury, donde hay un cuento titulado La tercera expedición, escrito en 1948, en el que los marcianos se valen de los recuerdos de los terrícolas para engañarlos y hacerles creer que están en el pueblo de su infancia y rodeados de viejos familiares que en realidad ya habían fallecido. Obviamente, todo era una trampa para poder asesinarlos en el propio "planeta rojo".

Florence Marly, hipnotizante reina del Planeta Sangriento
Florence Marly, hipnotizante reina del Planeta Sangriento

Marte también fue objeto de recordadas películas, como Queen of Blood (El Planeta Sangriento, 1966) de Curtis Harrington, donde la acción se ubicaba en 1990, con una nave que sale de la Tierra para buscar a un supuesto embajador marciano que había hecho contacto con las autoridades del Instituto Internacional del Espacio, pero que tuvo problemas en el viaje para llegar a nuestro planeta. El visitante no era más que una mujer vampiro que necesitaba un nuevo hogar para que su raza pudiera seguir viviendo... de la sangre humana que en su planeta escaseaba. Por momentos el muy buen trabajo fotográfico contrasta con un desprolijo montaje y la precariedad de su producción, pero el planteo e incluso algunas escenas donde esta mujer ataca a los tripulantes están muy bien logrados. Sin dudas que este film de Harrington también fue visto por O'Bannon al momento de escribir Alien.

La hasta el momento última película de John Carpenter, Ghosts of Mars (Fantasmas de Marte, 2001), presentaba a espíritus vengativos que querían librar a su planeta de la presencia terrícola. Un buen exponente que, sin embargo, no llega al nivel de lo mejor de su realizador. En Starship Troopers (Invasión, 1997) de Paul Verhoeven, y sobre obra de Robert Heinlein, la presencia humana tampoco era bienvenida, sólo que aquí la lucha era mucho más encarnizada y la patada que Verhoeven le pega a la política militar norteamericana es durísima, mientras los jóvenes reclutados para salvar a la humanidad no tenían idea de lo que les esperaba en ese planeta al que pronto llegarían.

Fuera de control

Una vez más la literatura se erigió en principal fuente para abastecer otro subgénero cinematográfico: el terror científico. Y el lector tendrá sus versiones cinematográficas preferidas para cada clásico y por qué no para sus variantes, que incluyen inspiraciones en grandes éxitos de la pantalla. A la ya mencionada Frankenstein de Mary Shelley -con adaptaciones dirigidas por James Whale, Terence Fisher, Kenneth Branagh y hasta una muy curiosa y alternativa de Roger Corman, Frankenstein Unbound (Frankenstein: Perdido en el tiempo, 1990)-, habría que agregar en los primeros lugares de la tabla a Robert Louis Stevenson -Dr Jekyll and Mr Hyde (El Hombre y la Bestia, 1920), versión muda de John Robertson, con John Barrymore, es una de las mejores-, y a H.G. Wells - The Invisible Man (El hombre invisible, 1933) de James Whale y Island of Lost Souls (La Isla de las Almas Perdidas, 1933) de Erle C. Kenton con remake de Don Taylor (1977)-.

Lew Ayres y Nancy Davis cuidan del cerebro de Donovan en Experimento Diabólico
Lew Ayres y Nancy Davis cuidan del cerebro de Donovan
en Experimento Diabólico

El protagonismo de los monstruos (desde Godzilla, pasando por el boom tecnológico de Jurassic Park, y llegando hasta el mockumentary Cloverfield), las criaturas de maestros como Ray Harryhausen, productoras como la Hammer... la lista es demasiado extensa aunque los ejemplos de buen cine o que al menos despertaban cierta curiosidad no son tantos. Entre los más conocidos y a modo de panorama meramente ilustrativo, sin dudas, no pueden faltar referentes como el trasplante "por amor" en Donovan's Brain (Experimento Diabólico, 1953) de Felix Feist, basada en la novela de Curt Siodmak; las hormigas gigantes (a causa de pruebas nucleares) en Them! (El mundo en peligro, 1954) de Gordon Douglas; la araña que logra escapar del laboratorio en Tarantula (Tarántula, 1955) de Jack Arnold; la metamorfosis que sufre el integrante de una expedición en The Quatermass Xperiment (El Experimento del Dr. Quatermass, 1955) de Val Guest; y por qué no The Wasp Woman (La Mujer Avispa, 1959) de Roger Corman, donde la dueña de una empresa de cosméticos buscaba a como diera lugar el secreto de la juventud.

Al Hedison mixeado con La Mosca de la Cabeza Blanca
Al Hedison mixeado con La Mosca de la Cabeza Blanca

Otras películas, como The Fly (La Mosca de la Cabeza Blanca, 1958) de Kurt Neumann, tuvieron sorprendentes remakes; en The Fly (La Mosca, 1986) de David Cronenberg se veía cómo un experimento fallido iba convirtiendo a un científico en un ser con todas las características del insecto del título, y lo peor de todo, humanamente consciente de todo lo que le estaba ocurriendo. Cronenberg y su obsesión por las transformaciones y sus efectos es una constante en casi toda su obra, a veces provocativa, surrealista, y generalmente con alguna que otra crítica social de por medio; de ahí que también puedan sumarse para este punto específico algunos de sus mejores trabajos, como Shivers (Escalofríos, 1975), Scanners (Scanners: Los Amos de la Muerte, 1981) y Videodrome (Cuerpos Invadidos, 1983), y, dentro de un eje parecido, el clásico de culto Altered States (Estados Alterados, 1980) de Ken Russell.

Los experimentos también mostraron a perros extremadamente inteligentes y a criaturas no tan amigables en Watchers (Al Borde del Terror, 1988) de Jon Hess, sobre novela de Dean Koontz; a insectos gigantes que se vuelven contra su peor enemigo (el hombre) en la notable Mimic (Mimic, 1997) de Guillermo del Toro, basada en un cuento corto de Donald Wolheim; a tiburones usados como "conejillos de Indias" para buscar la cura para el mal de Alzheimer en la electrizante Deep Blue Sea (Alerta en lo Profundo, 1999) de Renny Harlin; y también a criaturas producto de negligencias militares, con más crítica social de por medio, en la surcoreana Goemul (The Host, 2006) de Bong Joon-Ho.

Charlton Heston encima de las "soylent green", Cuando el Destino nos Alcance
Charlton Heston encima de las "soylent green",
Cuando el Destino nos Alcance

Las consecuencias en algunos casos tomaron dimensiones globales, catastróficas... y a veces misteriosas. Ninguna de las tres adaptaciones para cine colmaron plenamente las expectativas del libro Soy leyenda, de Richard Matheson, a propósito de un hombre inmune a una plaga que prácticamente devastó la vida en la Tierra. Un poco más benévolo fue Harry Harrison; en la adaptación cinematográfica de su libro, Soylent Green (Cuando el destino nos alcance, 1973), dirigida por Richard Fleischer. La comida escasea y la superpoblación se torna cada vez más insoportable, a causa de la propia involución del hombre y la sociedad. El toque terrorífico irrumpe cuando se descubre la fuente del alimento del título original.

Las epidemias fueron mucho más directas y reveladoras en cuanto al ser humano en situaciones límite, para films como The Crazies (Contaminator, 1973) de George Romero, Outbreak (Epidemia, 1995) de Wolfgang Petersen, y 28 Days Later (Exterminio, 2002), donde Danny Boyle también le apunta, como en varios de sus trabajos, al consumismo y a la ambición por lo material. De cepa puramente terrorífica, con tecnología de avanzada y hasta con algunas excentricidades, se destacan Resident Evil (Resident Evil: El huésped maldito, 2002) de Paul W. S. Anderson, adaptación de un famoso videojuego, y también Planeta Terror (Planet Terror, 2007) de Robert Rodríguez. Más bien como antesala del más absoluto horror, con mucha tensión y en clave de thriller de ciencia ficción, conviene destacar a The Andromeda Strain (La Amenaza de Andrómeda, 1971) de Robert Wise y sobre novela de Michael Crichton, quien también dirigiría Runaway (Runaway, 1984), con pequeños robots descontrolados pero aportando más suspenso que terror, y en algo que está directamente relacionado con la inteligencia artificial.

Las guerras nucleares dejaron a un monstruo dando vueltas por un bosque en The Day the World Ended (El fin del mundo, 1955) de Roger Corman; a mutantes subterráneos en A Boy and his Dog (El Niño y su Perro, 1975) de L. Q. Jones; y en otros casos a esa amenaza bélica que cada tanto asoma en la vida real, con conflictos que pueden terminar en lo peor; On the Beach (La Hora Final, 1959) de Stanley Kramer y The Day After (El Día Después, 1983) de Nicholas Meyer, constituyen una fehaciente prueba de esto, además de films claves, aunque en un tono mucho más reflexivo, como lo que ocurre luego de una guerra global en Things to Come (Lo que Vendrá, 1936) de William Cameron Menzies y con libro y guión de H. G. Wells.

Inteligencia artificial

Keir Dullea dice adios Hal 900 en 2001 Odisea del Espacio
Keir Dullea dice adios Hal 900 en 2001 Odisea del Espacio

La computadora HAL 9000 supo causar pavor en la nave de 2001: A Space Odyssey (2001: Odisea del espacio, 1968), de Stanley Kubrick, y a partir de ahí hubo otros casos donde los estragos de las nuevas tecnologías le daban un notorio tinte terrorífico a la ciencia ficción.

Kirk Douglas se mide con Hector en Saturno 3
Kirk Douglas se mide con Hector
en Saturno 3
El caso de Demon Seed (La Generación de Proteo, 1977) de Donald Camell, sobre novela de Dean Koontz, es uno de ellos. Aquí hay una computadora con cerebro orgánico que adquiere un poder tal que termina metiéndose en la casa de su propio creador, tomando como cautiva a su esposa y, con el fin de poder procrear una raza superior a la humana, torturando y/o eliminando a quien se cruce en su camino. Un caso similar de descontrol está en la por momentos tensa y claustrofóbica Saturn 3 (Saturno 3, 1979), que terminó dirigiendo Stanley Donen, a partir de lo craneado por John Barry, quien fuera despedido y que poco tiempo después falleciera. En la película -con ciertas irregularidades en su libreto- un robot toma el mando en la base destinada a cultivar alimentos para ser enviados a un planeta Tierra casi arruinado.

Otro caso parecido, un poco más elemental y regular en su guión - aunque muy exitoso al fin de cuentas -, lo aportó el chip orgánico de la holandesa De Lift (El Ascensor, 1983) de Dick Maas, donde un elevador asesino desconcertaba a los técnicos y a la policía, que intentaba dar con la causa de las misteriosas muertes. Ese mismo año, John Carpenter dirigía Christine (Cristine, 1983), adaptación del libro de Stephen King y quizás una de sus más flojas películas. Pero cabe preguntarse aquí hasta dónde puede haber algún elemento científico, teniendo en cuenta que en la película holandesa no se sabe bien la causa por la cual un chip adquirió voluntad propia, y que en la película norteamericana el auto es poseído por un espíritu demoníaco.

Lo mismo podría aplicarse a Trucks (Ocho Días de Terror, 1986), la única película que dirigió King, basado en su propio relato corto, "Trucks", y donde las máquinas cometían asesinatos a causa de los efectos que un cometa dejaba al pasar cerca de la Tierra. No así a The Lawnmower Man (El Hombre del Jardín, 1992) de Brett Leonard, en la que un jardinero ingenuo adquiere poderes que superan a los del científico que había experimentado con él, cuando intenta comparar la inteligencia del protagonista con la de un complejo sistema de realidad virtual más algunas drogas de por medio. La película también se basa en un cuento corto de Stephen King, pero no tiene nada que ver con el mismo; de ahí que King pidiera ser removido de los créditos.

Ciber-psicodelia en El Hombre del Jardin
Ciber-psicodelia en El Hombre del Jardin

Durante la década del '90 hubo algunos trabajos donde individuos con tendencias homicidas terminaban valiéndose de sofisticados sistemas para seguir haciendo de las suyas; es el caso de Ghost in the Machine (Alta Tensión, 1993) de Rachel Talalay, Arcade (Id., 1993) de Albert Pyun, donde el asunto se da a la inversa (un videojuego se apodera de la mente de todos aquellos que lo juegan), Brainscan (Id., 1994) de John Flynn, con otro videogame que se vale de la hipnosis para convertir a sus jugadores en criminales; Virtuosity (Asesino Virtual, 1995) de Brett Leonard, donde una entidad virtual, cuyo perfil fue creado a partir de numerosos homicidas, salta al mundo real; y también una más de Cronenberg, eXistenZ (Id., 1999), donde la fusión entre seres humanos y mundos virtuales cobra una dimensión tal que los personajes no terminan de entender el contexto por el que están transitando.

Un poco a manera de signo de estos tiempos, numerosos casos dentro de la nueva ola de terror asiático hacían que espíritus vengativos se valieran de las nuevas tecnologías como canal para irrumpir en el mundo real y así saldar sus respectivas cuentas. Muy misterioso, por cierto, era lo que ponía a prueba al grupo de seres humanos que despertaba sorprendido en Cube (El Cubo, 1997) de Vincenzo Natali, posible fuente de inspiración para la saga de Saw (El Juego del Miedo, 2004).

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Jimmy Hunt observando Invasores de Marte
Jimmy Hunt observando Invasores de Marte

Robert Clarke a los hostiazos con El hombre del Planeta X
Robert Clarke a los hostiazos con
El hombre del planeta X
Desde la época del cine mudo, más específicamente en películas como A Message from Mars (1913) de Wallett Waller, los extraterrestres que arribaban a nuestro planeta generalmente no eran monstruos ni criaturas con fines malignos. Pero a mediados del siglo pasado se dio un caso curioso con The Man from Planet X (El Hombre del Planeta X, 1951) de Edgar Ulmer, considerada por muchos como la primera película sobre invasores extraterrestres. Del mismo año es The Thing From Another World (El Enigma de Otro Mundo, 1951) de Christian Nyby, que se estrenó en Estados Unidos apenas dos días después del largo de Ulmer. El enigma..., aparte de haberse terminado de filmar antes, se basa en el cuento (de 1938) Visitante del espacio de John W. Campbell, que a su vez fue parte del libro Who Goes There? (título original de la mencionada obra) compuesto por otros tres cuentos cortos. Luego, John Carpenter haría su propia y excepcional versión, también estrenada como The Thing (El Enigma de Otro Mundo, 1982).

Mientras en esta última el alienígena tomaba las apariencias de las personas y animales a los que poseía, en la primera había una ambigüedad tal que no se sabía hasta qué punto el invasor era tan malvado como se suponía en principio. Las dudas respecto a eso quedaban bien claras en It Came From Outer Space (Llegaron de Otro Mundo, 1953) de Jack Arnold sobre historia de Ray Bradbury, con un claro mensaje final a favor de la tolerancia y la paz entre ambas razas. No sucedía lo mismo, claro, en films como War of the Worlds (La Guerra de los Mundos), versiones de Byron Haskin (1953) y Steven Spielberg (2005), basada en la famosa novela de Wells, ni tampoco en Invaders From Mars (Los Invasores de Marte, 1953) de William Cameron Menzies, donde la paranoia norteamericana hacia la "amenaza roja" (por la Guerra Fría con la Unión Soviética) se plasmaba en las visitas (algunas más sutiles que otras) desde el planeta marciano, y que hasta incluso podían ser interpretadas como reflejo del propio sistema totalitario impulsado a más no poder por el senador McCarthy y su estrategia anticomunista en Estados Unidos.

La historia escrita en 1955 por el escritor Jack Finney, donde los invasores se metían en los cuerpos y la mente de los terrícolas para poder manipularlos a su antojo, podría ser un buen ejemplo de esto último; Invasion of the Body Snatchers (Muertos Vivientes, 1956) fue la primera versión de la obra de Finney, que dirigiera notablemente Don Siegel. También hubo otras posteriores por demás interesantes, como Invasion of the Body Snatchers (Los Usurpadores de Cuerpos, 1978) de Philip Kaufman, con un final impactante, en menor medida, The Invasion (Invasores, 2007) de Oliver Hirschbiegel, y, quizás la más floja de todas, Body Snatchers (Secuestradores de Cuerpos, 1993) de Abel Ferrara.

Con una temática similar hay que destacar la novela que Robert Heinlein había escrito en 1951, The Puppet Masters o Amos de Títeres, que habría servido un poco de inspiración para It Conquered the World (Lo que Conquistó el Mundo, 1956) de Roger Corman. La versión para cine de la novela llegó con The Puppet Masters (Amos de Títeres, 1994) de Stuart Orme con Donald Sutherland.

Como en lo que respecta al subgénero de terror científico y también a lo que fue la década del '50, la cantidad de producciones en cine sobre invasiones extraterrestres es realmente muy numerosa. En 1957 dos películas de Nathan Juran llamaron la atención aunque por distintos motivos: The Brain From Planet Arous (El Cerebro del Planeta Arous), por lo gracioso de la historia (el órgano con ojos del título se adueña del cuerpo de un científico y pretende dominar el mundo, a la vez que intenta conquistar a su mujer), y 20 Million Miles to Earth (La Bestia de Otro Planeta), por la animación de ese notable reptil proveniente de Venus, a cargo de Ray Harryhausen, que causa estragos en Italia.

El año 1958 lleva a los invasores a Suiza y con una actitud mucho más violenta, en esta ocasión, hacia los montañeses, siempre con la niebla como refugio, en The Crawling Eye de Quentin Lawrence, con guión de Jimmy Sangster. También a poner embriones dentro de los propios cuerpos de los astronautas para luego hacerlos "revivir" en la producción "cormaniana" Night of the Blood Beast (La bestia infernal), de Bernard Kowalski: a buscar mujeres para poder reproducirse, luego de la extinción de su planeta de origen (I Married a Monster From Outer Space - Me casé con un monstruo, de Gene Fowler Jr.), a tomar una forma monstruosa e imparable en The Blob (La mancha voraz) de Irwin S. Yeaworth Jr., que tuvo una muy buena remake de Chuck Russell tres décadas más tarde, y a valerse de la invisibilidad para lograr sus objetivos de conquistar el mundo en Invisible Invaders (Invasores invisibles, 1959) de Edward L. Cahn.

Una lluvia de meteoritos trae a la tierra plantas carnívoras dispuestas a atacar a toda la población que quedó ciega a causa de un fuerte resplandor inicial, en la británica The Day of the Triffids (La amenaza verde, 1962) de Steve Sekely y (no acreditado) Freddie Francis, sobre novela de John Wyndham, y ese mismo año otro caso misterioso se da en Village of the Damned (El pueblo de los malditos, 1960) de Wolf Rilla, donde no se sabe muy bien de dónde proviene esa fuerza desconocida que otorga a los niños superpoderes. El joven protagonista de The Fury (Furia, 1978) de Brian De Palma también tenía habilidades paranormales que despertaron el interés de una compañía para usarlos con el fin de desarrollar un sofisticado armamento.

Las nuevas duenas del planeta en Phase IV
Las nuevas duenas del planeta en Phase IV

Phase IV (Fase IV: Destrucción, 1974) ya se inscribe en otra línea, la de la ciencia ficción (y terror) un poco más refinada. Esta ópera prima de Saúl Bass ha ido convirtiéndose en un auténtico film de culto; un fenómeno extraterrestre hace que las hormigas adquieran una inteligencia colectiva tal que les permite no sólo imponerse sobre el hombre sino también hacerle ver ciertas cosas de las que aún no había tomado consciencia. Más misterioso que esto puede ser el por qué toda la gente salga a matar alegando que God Told Me To (Dios me lo ordenó, 1977), sólo que aquí no importa tanto lo que se esconde detrás, sino la crítica que el director Larry Cohen hace una vez más de la sociedad norteamericana (como ha acontecido, por lo general, en varios de sus trabajos).

Las décadas posteriores ofrecieron buenos ejemplos, aunque generalmente en clave de homenaje al cine de los '50, que fue parte de la adolescencia de varios realizadores, y prueba de esto la constituyen los vampiros espaciales de Lifeforce (Fuerza siniestra,1986) de Tobe Hooper, los parásitos extraterrestres de Night of the Creeps (El terror llama a su puerta, 1986) de Fred Dekker, el alienígena perseguido que va cambiando su apariencia en The Hidden (Hidden: Lo oculto, 1987) de Jack Sholder, casos aislados e interesantes al final de cuentas, como la criatura de Split Second (Fracción de segundo, 1992) de Tony Maylam y Ian Sharp, que toma lugar en una Londres sumergida de 2008, o el astronauta que vuelve a la Tierra sorprendiendo a su esposa en The Astronauts'Wife (La cara oculta, 1999) de Rand Ravich. También películas con mucho más presupuesto Species (Especies, 1995) y que terminaron siendo clásicos Predator (Depredador, 1987) o, a pesar del buen resultado en pantalla, auténticos fracasos en taquilla Final Fantasy (Id., 2001).

¿Pero qué hay del panorama actual en cuanto al género en sí, fuera de lo que puedan ser reciclajes? Muchas cosas. Otro gran tema para analizar. Mientras hay directores que sostienen que la ciencia ficción y el terror necesitan de un buen sacudón, otros son más pesimistas y afirman que el género ya se agotó. Por suerte hay nuevos cineastas (dentro y fuera de la industria) que la siguen peleando en pos de un cuadro mucho más esperanzador.