Terror Universal
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Seccion: Artículos (Lecturas: 3911)
Fecha de publicación: Junio de 2009

Reflexiones sobre el cine fantástico bizarro de los 60 y 70

A distancia prudencial de Hollywood se puede reconocer un verdadero movimiento de cine fantástico y bizarro desde latitudes tan lejanas como México, España y Argentina.

Jorge Falcone



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Periodista: ¿Qué película suya recomendaría a los críticos?
Cineasta: Ninguna. Para que no me retiren el saludo…
Entrevista con Amando de Ossorio, en el documental El Último Templario.-

Ya que a menudo siento nostalgia de mis inolvidables tardes de Martes de Terror en el cine Coliseo Podestá de mi ciudad natal, donde pasé momentos inolvidables en compañía de los monstruos sagrados de la Universal Pictures o sus versiones remozadas en Technicolor por la inefable Hammer Films, así como del ciclo televisivo que cambió para siempre las siestas sabatinas de mi generación, Cine de Súper Acción, mediante el cual uno accedía a una verdadera caja de sorpresas que bien podía contener desde un western spaghetti hasta una joyita de Ray Harryhaussen, pasando por aquellos entrañables bodrios nipones en que un artista anónimo ataviado con un caluroso disfraz no más digno que el del dinosaurio Barney paseaba su humanidad haciendo estragos a lo largo de una ciudadela de madera terciada… he considerado prudente organizar algunas ideas que - ahora que tengo herramientas teóricas para hacerlo - contribuyan a trascender el mero disfrute para poner en valor algunos méritos indiscutibles de ciertos títulos de aquella inolvidable producción.

SOBRE LA DEFINICIÓN DE FANTÁSTICO

Boris Karloff en FRANKENSTEIN (1931)La teoría de los géneros – clasificación heredada de la biología – otorga al fantástico, con base en la literatura, el atributo de poner en tensión los presupuestos básicos de la lógica científica imperante, y le asigna no menos de tres sub clasificaciones. A saber: El horror (campo sobre el que discurriera holgadamente Howard Phillips Lovecraft en su ensayo breve El horror en la literatura), la ciencia-ficción (ilustrable recurriendo a los célebres nombres de Verne, Bradbury o Asimov), y el maravilloso (del cual la Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll suele ser mi ejemplo predilecto). Los casos que consideraremos a continuación se internan en un terreno no tan definido, y bautizado hace no mucho tiempo por algunos críticos de cine como bizarro, que estaría en condiciones de agrupar transversalmente expresiones propias de cada una de las clasificaciones antes mencionadas.

SOBRE LA DEFINICIÓN DE BIZARRO

Poca claridad aporta al término en cuestión el Diccionario Sopena de la Lengua Castellana, con su definición de "valiente, gallardo, generoso". Obviamente, aquí se trata de una acepción más vulgar, y atribuida recientemente a "lo extraño". Desde hace algunos años las nuevas generaciones vienen utilizando el término para agrupar en él a un cierto pastiche de manifestaciones prácticamente inclasificables por lo poco comunes. Si el denominador común que se les ha venido atribuyendo es el de cierto tratamiento freak o anárquico, que – en el caso del cine – encontraría a uno de sus más altos exponentes en el realizador norteamericano Ed Wood (para muchos, considerado el peor director de cine del mundo), ha llegado el momento de señalar mis diferencias. En rigor de verdad, nunca me satisfizo a pleno tal categorización, ya que – acaso con un criterio algo pasado de moda – vengo considerando que hay bueno y mal cine, en todos los géneros. Y me parece una clasificación algo antojadiza aquella que pretenda agrupar expresiones tan variopintas como el erotismo de vuelo bajo o el terror mediocre bajo un denominador común cuyos puntos de contacto – más allá de la existencia de algunas obras entrañables - no parecerían ser otros que la escasez de recursos materiales, la impericia técnica, o la falta de imaginación, condiciones estas – a mi modesto juicio – distantes de la posibilidad de ser agrupadas para dar a luz un nuevo género. No obstante, como el término en cuestión parece haberse impuesto sin mayores resistencias al menos en ciertos círculos mayoritariamente juveniles… allá vamos pues, con todo respeto por el hecho consumado.

EL CINE FANTÁSTICO BIZARRO DE LOS 60 y 70s: CONTEXTO Y EMERGENTES DESTACABLES

LOS OJOS SINIESTROS DEL DR. ORLOFF (1973) de Jesús FrancoAquí se pretende poner el foco de atención en el período histórico consignado en el título, y en tres enclaves específicos del mundo hispanoparlante, seleccionados considerando el impacto internacional de sus respectivas industrias culturales, con eje en el cine: España, México, y Argentina. Aunque no constituya el principal factor de interés para l@s potenciales lectores de esta nota, recordaremos que el mundo bipolar de entonces era el de la llamada Guerra Fría, y había sido diseñado en Yalta después de la última gran contienda bélica. En tal circunstancia, los tres países consignados padecían algún tipo de censura, más estricta en España y Argentina (bajo el imperio del falangismo o las sucesivas dictaduras que azotaron nuestro país), y más morigerada en México, debido al gobierno hasta hace poco vitalicio del PRI, derivación demoliberal y burguesa de la heroica gesta zapatista.

En el primero de los casos, y tal como lo refieren especialistas calificados en la materia como Narciso Ibañez Serrador, a partir de 1961, a instancias de Jesús Franco (con su Profesor Orloff), Paul Naschy (con su hombre lobo Valdemar Daninski) y el impagable Amando de Ossorio (con su tetralogía de Los Templarios) la cinematografía ibérica encuentra a través del cine fantástico un resquicio en materia de erotismo y violencia mediante el cual burlar algunas de las estrictas restricciones impuestas por el franquismo. Como si fueran ingredientes imprescindibles del género, los jóvenes españoles de entonces acceden a sus primeros desnudos parciales y a las primeras imágenes gore (degollaciones, decapitaciones, mutilaciones) de la mano de estas producciones de clase B que no tardarán en hallar un nicho de mercado internacional específico, hasta convertirse hoy – algunas – en verdaderos productos de culto merced a su impronta innovadora y trasgresora de los límites fijados por su bajísimo presupuesto, así como por calendarios de rodaje que a veces no se excedían de una a cinco semanas.

LAS MOMIAS DE GUANAJUATO (1970) de Federico CurielComo es sabido, México es uno de los países de Nuestra América donde la conquista hispánica se enfrentó a un mayor grado de resistencia cultural, lo que hace que a la fecha se conserven tradiciones más sólidas que en otros enclaves más cosmopolitas del continente, como ocurre al menos en la capital de nuestro país. El antiguo apego a las contiendas de lucha libre, por ejemplo, llevó del ring a la pantalla grande a un ídolo de multitudes como Santo, El Enmascarado de Plata, que hoy goza – aún post mortem – de la condición de mito indiscutido de las grandes mayorías aztecas. Rodolfo Guzmán Huerta (23 de septiembre de 1917-5 de febrero de 1984), tal su verdadero nombre, fue luchador y actor. Una verdadera leyenda de la lucha libre mexicana, quizá el más famoso de los luchadores en Latinoamérica. Su carrera en la lucha libre duró casi cuatro décadas, durante las cuales se convirtió en un héroe popular y un símbolo de la justicia para el hombre común ya que su personaje trascendió el ámbito de la lucha libre y se transformó en una especie de súper héroe al protagonizar historietas y películas, de hecho su popularidad y el mito provienen en gran medida de estos últimos medios y no de la lucha libre. Dando una vuelta de tuerca al lugar común de los súper héroes norteamericanos, consistente en tener una doble identidad (de ciudadano común en la vida cotidiana y héroe en situaciones extremas) Santo siempre es uno y él mismo, en el ring y en la vida diaria, permanentemente enmascarado. Muchos de sus filmes comienzan y terminan en el cuadrilátero, ofreciendo alguna de sus lidias completa, y casi siempre rematan con la frase de algún personaje que, mientras el héroe se aleja de Cuba, Colombia, o Ecuador (algunos de los países que co produjeron su más de medio centenar de largometrajes) en avión rumbo a su Patria, recuerda que se trata de "un justiciero sin fronteras que debe preservar su identidad para moverse con libertad en su cruzada inclaudicable contra las fuerzas del mal", eufemismo este de un enemigo que generalmente va de la mafia a los mitos tradicionales del horror como Drácula, Frankenstein, o el Hombre-Lobo (cabe destacar aquí la semejanza misional con otros héroes mediáticos que contemporáneamente han gozado de un enorme cariño popular, como ocurriera con "El Capitán Piluso", encarnado en la TV, el cine y las historietas por el colosal humorista argentino Alberto Olmedo) Muchas de sus hazañas se verán secundadas por algún compañero en los avatares de la lucha libre, como Blue Demon, y habrá de exhibir en su transcurso grandes dotes de innovador tecnológico (cualidad que a veces remite a la bati-cueva del hombre-murciélago) Al igual que otras mitologías populares de nuestro continente - como la literatura de cordel del nordeste brasileño - han llegado a confrontar a ídolos como Roberto Carlos con el propio Lucifer, Santo no se cuestiona jamás porqué al cabo de una extenuante paliza le toca abandonar el estadio para hacer horas extras intentando frenar, por ejemplo, la venganza de una momia o una invasión extraterrestre. Esa es, al fin y al cabo, la lógica que lo ha hecho inmortal.


Richard Conte al teléfono para prevenir una Extraña Invasión

El período que estamos revisando encontró al cine nacional sin una gran tradición en el género fantástico (tal vez intentos aislados, como El extraño caso del hombre y la bestia de Mario Sóffici, Obras Maestras del Terror de Enrique Carreras, o Invasión de Hugo Santiago, por citar un puñado de ejemplos) En la segunda mitad de la década del 60 se destaca, sin embargo, la significativamente audaz apuesta de un realizador afecto a cultivar temáticas de lo más diversas: Emilio Vieyra. Criticado por algunos especialistas en virtud de profesar una ideología condescendiente con los gobiernos defacto, realizó un puñado de filmes que recién hoy la generación del autor de estas líneas puede ver completos, comprobando que contenían un erotismo explícito (desde desnudos totales masculinos y femeninos a masturbaciones con vibrador, pasando por actos de lesbianismo concretados sin el menor disimulo) al que por entonces no se atrevían ni las más calificadas películas del primer mundo. Obviamente, por entonces dichas escenas jamás pasaron por nuestras pupilas de adolescentes que despertaban al sexo consumiendo revistas porno soft de contrabando en las cuales se borraba fotográficamente el pubis de las damas… como si fueran enteramente lisas. Títulos como Extraña Invasión, Placer sangriento, La Venganza del Sexo, La Bestia Desnuda y Sangre de Vírgenes explican el gusto de Vieyra por el terror, el misterio y la ciencia-ficción, que el director combinó con elementos de una imaginación infrecuente, que a la larga ha contribuido a convertir a estas películas en obras de culto, tanto en la Argentina como en los Estados Unidos y Europa, donde varias de ellas son comercializadas en video y emitidas por TV.

EL INFLUJO DE LA FACTORÍA HAMMER


Susana Beltrán busca a quien está sustrayendo Sangre de Vírgenes

En muchos de los títulos que hemos revisado para escribir esta nota hemos constatado la indisimulable influencia estético-narrativa de una verdadera meca del cine de horror gótico de la época. Esa Casa Hammer que consagrara las figuras inolvidables de Peter Cushing y Christopher Lee para rescatar, desde principios de los 60s, a los monstruos sagrados de la Universal pero ahora en colores y con inédita carga erótica. El caso de la producción española La noche del terror ciego, o de la azteca Santo y Blue Demon contra Drácula y el Hombre Lobo, por ejemplo, así lo demuestran. Y – en mucha menor medida – el de la argentina Sangre de vírgenes, acaso dada la elección de situar un relato vampírico en el paisaje de Bariloche. Indiscutiblemente, la esmeradísima reconstrucción de época de la productora británica, expresada en tenebrosas locaciones y exquisitos vestuario y utilería, no tardó en convertirse merecidamente en referencia ineludible para los cultores del género.

LA BÚSQUEDA DE MITOLOGÍAS LOCALES

Al cabo de una prolija y exhaustiva revisión de títulos, el autor de esta nota desea destacar al menos tres cuyas singularidades merecerían la atención del aficionado atento. Se trata de la mencionada producción del inefable Amando de Ossorio La noche del terror ciego, de Santo contra las momias de Guanajuato, y de Extraña invasión. En el primer caso nos parece digno de encomio el afán de un realizador que, ante la oferta de las grandes productoras internacionales dispuestas a reeditar el éxito asegurado de los nombres más taquilleros del horror cásico, fiel a su origen (Galicia es una tierra atravesada por la cultura celta y plena de mitos y leyendas autóctonas), impone su voluntad de dar a luz unos personajes con acervo histórico real y consagrarlos en el mismo status de los que inmortalizara Hollywood: Los Caballeros Templarios. Conmueve revisar las memorias de este modesto pero inclaudicable realizador oriundo de La Coruña, y detenerse en frases tales como "podrán decir de mí que fui un desastre, porque era conciente del miserable presupuesto asignado y resolví filmar… pero lo mío era el cine y a él consagré mi vida con la mayor buena fe". En el caso de Santo - cuyos filmes, entre 1958 y 1982, pasan por diversas manos corriendo desigual suerte – diremos que vale rescatar el apego en casi todos los casos al imaginario local: Si hay una momia, será pre colombina y no egipcia; y si algún personaje de origen europeo entra volando por la ventana o aúlla con luna llena el espectador recibirá una detallada explicación de qué movió al susodicho a tentar suerte en tierras mejicanas. Por último, consideramos que la precaria – sobre todo a nivel guionístico – producción de Vieyra encuentra una perlita en la casi desconocida realización de sci fi Extraña invasión, que trae ni más ni menos que a Richard Conte a conjurar una aparente amenaza interplanetaria en la localidad bonaerense de Pacheco, innecesariamente transformada en un pueblito del sur de EE.UU. Más allá de contar con un desenlace algo pobre, la pulcritud de su desarrollo y el clima inquietante que consigue no tiene nada que envidiarle a los niños albinos de Village of damned ni a las esporas de Invasión de ultracuerpos, consagradas por entonces en el hemisferio norte como verdaderas joyitas del género.

Todo indica que el impacto de los medios digitales y la masiva irrupción en el Séptimo Arte de una desprejuiciada generación de talentosos jóvenes dotados de gran vocación experimental habrá de revertir en el corto plazo el lugar de "patito feo" de la cinematografía internacional que este tipo de producciones nacidas en el mundo "periférico" aún detenta.-

A mi colega Alberto Farina,

y a todos los argentinos que gozamos de siestas dichosas mirando Cine de Súper Acción

JORGE FALCONE