Terror Universal
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Seccion: Películas (Lecturas: 8776)
Fecha de publicación: Febrero de 2008

Una Cita con el Diablo

A medio siglo de un clásico de Jacques Tourneur repasamos la película, sus precedentes y su vigencia.

Alejandro Yamgotchian



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Artículo publicado en Arte7

Sabido es lo que la dupla Val Lewton-Jacques Tourneur creó a partir de una producción clase B destinada a ser relleno de programación en las carteleras norteamericanas: una fórmula consistente en desarrollar los aspectos psicológicos del miedo echándolos a la imaginación del público. En otras palabras: sugerir el terror para que el espectador mismo vaya creando su propia película. La marca de la pantera (1942) era la historia de una mujer marcada por una vieja maldición que la convierte en el animal del título, al sentir deseos sexuales, y que, además, debe luchar consigo misma para frenar las transformaciones delante de un hombre que se enamora de ella. Esta película salvó prácticamente de la bancarrota a la RKO, que no había podido recuperar lo perdido en grandes producciones clase A, que habían sido fracasos en la taquilla.

Yo dormí con un fantasma (1943) también volvió a aplicar la misma receta y con resultados similares al film anterior. Aquí es más el siniestro contexto (Haití) que llama la atención, junto al pesadillesco retrato que el francés Tourneur (luego nacionalizado estadounidense) y el ucraniano Lewton realizan valiéndose de elementos sobrenaturales, algunos bastante escalofriantes. La película narra las vivencias de una enfermera canadiense que se manda a la isla caribeña para tratar el caso de una mujer afectada por una extraña parálisis mental y mucha fiebre. Pero ese no es, precisamente, el verdadero diagnóstico de la enferma. A medida que pasan las horas la protagonista queda espantada al comprobar que muchas de las personas que la rodean son en realidad zombies.

En 1943 y junto al productor Lewton, Tourneur dirigió El hombre leopardo, film que no tuvo el suceso de los otros dos anteriores y que se centraba en el animal del título y una serie de asesinatos supuestamente relacionados al mismo, que en principio iba a ser atracción de un club nocturno y luego terminó haciendo desastres en una pequeña localidad de Nuevo México.

Cabe acotar que, antes de estas recordadas películas, Tourneur supo moverse en la industria, aprendiendo de su padre Maurice (director en la época del cine mudo) algunas técnicas cinematográficas que él mismo aplicaría a lo largo de su extensa filmografía, y también realizando trabajos vinculados a otros géneros como el policial, la aventura y el western, además de Los caminos del gaucho, que filmó en Argentina en 1952.


En presencia de un horror abominable Maurice Denham lo demuestra

Pero... ¿qué hay de Una cita con el diablo, que acaba de cumplir 50 años? Dicha obra fue algo descollante para un hombre que parecía haber abandonado un género que lo había hecho famoso quince años atrás. En ese entonces Val Lewton ya había desaparecido físicamente (en 1951) por lo que Jacques tuvo que soportar los disparates del productor de turno, Hal E. Chester. Este señor había comprado los derechos del libreto al verdadero creador, el inglés Charles Bennett, responsable de los guiones de varios trabajos dirigidos por Alfred Hitchcock, también para episodios de Viaje al fondo del mar y Tierra de gigantes, y hasta libretista de la última película (muy flojita) dirigida por Tourneur, con Vincent Price: Los dioses de la guerra en el fondo del mar (1965).

Chester se agregó a sí mismo como co-guionista, tuvo discusiones con Tourneur y varios actores de la película (a Andrews, el protagonista, lo acusaba de ir borracho a la filmación, algo que no estaba tan errado), y era bravísimo con el tema del presupuesto. Enterado de esto Bennett le pidió a Chester que lo sacara de los títulos de presentación, cosa que no se acató. Pero las travesuras de este productor no terminan aquí.


Tal y como en el cuento original de M.R. James,
aquí también las runas juegan un papel importante

Dentro del libreto figuran no uno sino dos guionistas no acreditados: nada menos que Curt Siodmak, que ya había trabajado con Tourneur en Yo dormí con un fantasma, y Cy Endfield, que aparte de ser un libretista que terminó siendo perseguido por el Comité de Actividades Anti-Norteamericanas de Joseph McCarthy supo ser un mago profesional en la vida real, que incluso tuvo charlas sobre fenómenos sobrenaturales con Orson Welles.

Una cita... se centra en un escéptico psicólogo norteamericano que conoce a un peligroso demonólogo, durante una conferencia que iba a dar en Inglaterra (lugar donde se filmó la película). A partir de la misteriosa muerte de un colega, el profesional se lanza a investigar algo que le hace tomar más conciencia de que está ante un caso muy extraño y alejado de lo que sus métodos científicos suponían. "Su mente se irá desintegrando; debilidad y confusión al principio, horror y miedo al final.", es una de las frases amenazantes que le tira el brujo al protagonista, luego de que este último se burla de la actividad del primero.


El psicólogo Dana Andrews y el demonólogo Niall McGuinnis, frente a frente

La historia original viene de la mente de Montague R. James, hombre fanático de los relatos de fantasmas (la BBC llegó a emitir adaptaciones de sus obras literarias durante la década del ´70). Pero la idea medular que Tourneur quiso aplicar fue algo cercenada por Mr. Chester. Mientras el terco productor insistía en mostrar a ese monstruo digno de una mente lovecraftiana lo más detalladamente posible ("esto tiene que ser una película de terror"), Jacques tan solo se limitaba a ponerlo apenas en dos partes (frente a Dana Andrews en el bosque, y luego en la estación de trenes) y sin que el espectador pudiera verlo muy bien, aumentando así la curiosidad y diferenciando Una cita... de otros ejercicios del género, al darle importancia a la historia sin hacer caer toda la responsabilidad en las actitudes maléficas del pobre bicho. Lo que el director de Yo dormí con un fantasma quería era tan solo planos generales del monstruo pero jamás los primeros planos que al final terminaron apareciendo, ya que, según él, el arte de la sugestión se desvanecería cayendo en un realismo gráfico que se estaba tratando de evitar lo más posible.


Dana Andrews antes de inmiscuirse en la mansión de Karswell

Pero lo paradójico del asunto es que la película igual funciona... y de qué manera. La bestia realmente asusta. Vista desde lejos se convierte en algo horriblemente amenazante, a medida que se va acercando. Para que tengan una idea es más alta que un árbol de bosque, ancha como una carretera de doble vía y camina lentamente entre mucho fuego y niebla. Sale de la oscuridad, gusta pasear de noche, y merodea generalmente en bosques y caminos desérticos. Además ya sabe a quien viene a buscar de antemano y por tanto no hay escape posible. Es evidente que el trabajo de efectos especiales es deslumbrante. Si el film aún impresiona con las imágenes del monstruo imaginen lo que habrá sido a fines de los ´50. La gran diferencia que entabla Una cita... con antecedentes como La marca de la pantera y Yo dormí con un fantasma no solo está en la solidez del propio guión (y eso que no se llegó a ver la versión del director) sino también en la eficacia de un terror gráfico que el propio Chester defendía con uñas y dientes y que Tourneur logró equilibrar un poco (por suerte), amoldándolo a su idea inicial; mostrar lo menos posible, pero mostrar al fin.

Curiosamente también hay lugar para momentos sutilmente graciosos, como esa ironía del villano en el diálogo del comienzo, cuando le dice a su madre que no le ofrezca un té al invitado: "No es necesario; sólo será un momento", afirma, refiriéndose a una de las víctimas que lo iba a deschavar y que a los pocos minutos es atacada por la bestia. Los niños también juegan su papel y hasta se dan el lujo de asustar con máscaras al poderoso demonólogo (y su escéptico enemigo) durante una fiesta de cumpleaños, incrementando, además, la tensión en el espectador. Es en ese mismo lugar donde el antagonista levanta un espectacular ciclón y es ahí también donde Tourneur logra un poderío visual tremendo en imágenes, con mucho viento, hojas revoloteando, fuertes lluvias, y niños y parientes corriendo aterrados en distintas direcciones. A ese momento pesadillesco hay que sumar los sonidos paranoicos que acompañan la escena, gentileza de Clifton Parker.

A diferencia de los dos primeros trabajos de la dupla Lewton-Tourneur, Una cita con el diablo es la que presenta una historia más sólida, mejor construida y que se desenvuelve en forma lenta pero segura, dándole pistas a un protagonista que comienza a desconfiar cada vez más de su férrea postura escéptica y dejando al espectador en una especie de alerta amarilla, con un espectacular monstruo que insinúa aparecer en cualquier momento (o, mejor dicho, espiando en cualquier rincón, interior o exterior), luego de presentarse una vez desde el vamos y reaparecer recién cerca del final. También está la sensación de si todo es o no producto de la imaginación, y qué mejor que esa sesión espiritista que al principio parece digna de una gran comedia y luego se convierte en algo finamente macabro. Es muy propicia, además, la manera en que se rompen los silencios, desde ruidos inesperados hasta reacciones que se anuncian, buenos ángulos de cámara mediante, con planos de detalle a ojos, rostros y otras partes del cuerpo humano.


Estamos en los modernos años '50 y el productor decide: hay que mostrar al Monstruo

Una cita con el diablo es una película de visión imprescindible y no solo para los amantes del género fantástico. Directores como Mario Bava y John Carpenter han reconocido las influencias de esta película en varias de sus obras, aunque puede que Tourneur también se haya inspirado en una escena de El planeta desconocido (Fred McLeod Wilcox, 1956) cuando realiza la persecución a Dana Andrews, a cargo de ese monstruo invisible que va dejando sus enormes huellas en el pasto.

Cabe acotar que Tourneur llegó a dirigir un episodio de Dimensión Desconocida, producido en 1959 y que se titula "Cuando la noche llama". Entre otros recordados trabajos del francés se destaca La comedia del terror, famoso ejercicio de humor negro escrito por Richard Matheson y con un elenco de lujo, donde figuran grandes actores como Peter Lorre, Boris Karloff, Basil Rathbone y (otra vez) Vincent Price.


No contento con verlo de lejos, también tenemos una close-up del "Monstrum"

 

Curiosidades: En un plano de Una cita con el diablo aparece un gato cerca del tejado de una casa. Y luego, en la mansión de Kirswell (el brujo) aparece otro de los pequeños felinos, que ataca a Dana Andrews transformado en... ¡un leopardo!

En Estados Unidos Una cita... se estrenó como Curse of the Demon y fue exhibida en doble programa junto con La revancha de Frankenstein (Terence Fisher, 1958). Cabe destacar que la versión distribuida por Columbia dura trece minutos menos que la original (gentileza del amigo Chester) y que primero se estrenó en Inglaterra como Night of the Demon, con unos 95 minutos de duración, aproximadamente. En el DVD pueden encontrarse las dos versiones.