Terror Universal
E mail Nombre

Seccion: Películas (Lecturas: 6677)
Fecha de publicación: Enero de 2007

Cine de terror argentino olvidado: Seis Pasajes al Infierno

Repaso por este gran exponente del cine bizarro criollo y datos de su alma mater, el misterioso Ricky Torres Tudela.

Pablo Sapere



Registro de marcas

Bookmark and Share

Este artículo fue originalmente publicado en QuintaDimension.com

Seis pasajes al infierno es una película de terror rodada en argentina a mediados de los '70, estrenada en los '80 y luego perdida durante décadas.
Aqui ofrecemos un repaso por este gran exponente del cine bizarro criollo y presentamos algunos pocos datos de su alma mater, el misterioso productor y guionista Ricky Torres Tudela.

El misterioso Ricky Torres

El cine fantástico argentino aparece surcado por un misterioso personaje: Ricky Torres (also Enrique Torres Tudela), fundador de la Ricky International Pictures. El tipo se involucró con unas cuantas películas de género, pero siempre permaneció en las sombras, hasta el punto que resulta casi imposible obtener algún dato biográfico. Le perdimos el rastro a fines de los '70 y no sabemos siquiera si aún sigue vivo.

Este muchacho, nacido en Lima (Perú) en 1923, había logrado cierta pequeña fama como cantante en EEUU. en los años '50. A comienzos de los '60 se interesó en el cine. Su primera participación en una producción argentina fue en un pequeño papel como actor en Los viciosos (Enrique Carreras, 1962) donde hizo una versión de un tema de Les Baxter. Por alguna razón poco clara, a partir de allí se dedicó exclusivamente al cine de género.

Filmografía

Se lo vio como guionista y productor del drama fantástico Un viaje al mas allá (Enrique Carreras, 1964) donde nuevamente se lo escucha cantar un tema de Baxter, en este caso Nina durante los títulos. La película es un melodramón sobre reencarnaciones hecho en coproducción con Perú, que en general sólo es recordado por contener el triste debut cinematográfico del cantante Palito Ortega. Fue protagonizado, obviamente, por Mercedes Carreras –infaltable en las producciones de su esposo Enrique– y contó con un papelito el futuro "especialista en ovnis" Fabio Zerpa.

Años después escribió y produjo La ciudad de los cuervos/La ruleta del diablo, cinta que dirigió Carlos Cores en 1968. Artículos de la época la señalan como "una de las películas mas ambiciosas que se hayan realizado en nuestro país" , haciendo hincapié en los escenarios y vestuarios de este film "de época" y en su presupuesto récord de 70.000.000 de pesos de la época (por favor, no nos pidan que calculemos cuanto era... pero era seguro que significaba mucha plata). Se cuenta que para la película se construyó la réplica de una ciudad colonial –en los Estudios San Miguel– para terminar incendiándola en una escena. El film estaba protagonizado por Elizabeth Killian, Ernesto Bianco y Roberto Airaldi por el lado argentino y James Farley por el lado internacional. Farley era presentado como un "astro de la TV norteamericana", aunque su exiguo curriculum solo incluía un bolo en Viaje a las estrellas, otro en El avispón verde y un papelito en la película argentina Mannequin... Alta tensión (1968).

Según una Radiolandia de 1968 "la acción transcurre hacia 1850, y narra la historia de un hombre que hace un pacto con el diablo; a cambio de poseer a una inescrupulosa mujer, todos sus pecados se verán reflejados en un ser amado".

Fue poco claro el destino de esta película. Se dice que el film se terminó, pero que el negativo fue rematado en 1972. Lo cierto es que nunca se estrenó y no se sabe si sobrevivió alguna copia de la misma.

Ricky produjo algunas películas en otros países, como las peruanas (en coproducción con EEUU) Terror in the Jungle (Tom DeSimone, 1968), Annabelle Lee (Harold Daniels, 1968) y Boda Diabólica (Gene Nash, 1971). Son las primeras películas del Perú en acercarse al terror –aún antes que El Inquisidor de Lima– pero actualmente se las considera inconseguibles en video. En algunos foros de internet se asegura que nunca existieron, pero sabemos que la Filmoteca de Lima tiene una copia de Diabolic Wedding en 35mm.

En México produjo, aparentemente para la TV canadiense, El retrato ovalado y Un minuto antes de morir (ambas de Rogelio Gonzalez Jr, 1972) y en EE.UU. Legend of Horror (Bill Davies/Enrique Carreras, 1972), que no es otra cosa que el episodio "El corazón delator" del clásico argentino Obras maestras del terror (de la cual, aparentemente, tendría los derechos) remontada con escenas filmadas ad hoc.

A mediados de los '70 vuelve a nuestro país para realizar tres películas, basadas en argumentos propios y con la producción local de Pino Farina, capo de los laboratorios Tecnofilm y productor de otras cintas como Borges para millones (Ricardo Wullicher, 1977) y Comandos azules (Emilio Vieyra, 1979).

Todas eran en aparente coproducción y con un elenco que cambinaba figuras locales con internacionales. Se trata de Seis pasajes al infierno (Fernando Siro, 1975), Allá donde muere el viento (Fernando Siro, 1975) y La Casa de las Sombras (Ricardo Wullicher, 1976).

De Allá donde muere el viento nunca se vio nada. Ni siquiera se sabe si finalmente fue montada. Las crónicas señalan que se rodó simultáneamente a Seis pasajes..., repitiendo gran parte del equipo técnico y con la actuación protagónica de Tippi Heddren (!) , la estrella de Los Pájaros de Alfred Hitchcock. Se trataría de una historia "de época", con algún elemento fantástico.

La casa de las sombras permanece inédita en Argentina, si bien alguna vez fue vista en TV. Fue editada en video en EE.UU. aunque en los créditos aparece dirigida por un tal "Richard Wulicher" (sic). Según las gacetillas de prensa, se trata de "una historia donde el suspenso, las reencarnaciones y el terror se aúnan en un tratamiento de inusitados tiempos cinematográficos". Probablemente se trate de la más lograda de las películas de Ricky, al menos por su puesta bastante más cuidada que el promedio. Siguiendo con la costumbre, había un elenco compuesto por figuras nacionales como Leonor Manso, Nora Cullen y Mecha Ortiz (su última película), e internacionales, fundamentalmente Yvonne De Carlo con cierta fama por su participación en la serie The Munsters y John Gavin, ahora más recordado por ser embajador en México en la época de Reagan que por sus actuaciones en películas como Psicosis de Hitchcock.

Seis pasajes al infierno fue la única en estrenarse en Argentina, aunque recién en 1981 y en una sola sala, el recordado cine Arizona.

El Misterio

No son muy claras las razones para realizar tantas películas y luego despreocuparse por su estreno. Tal vez tenga que ver con los graves problemas de censura que había en esos años, pero eso no explica por que tampoco se las distribuyó en el país coproductor (EE.UU.). El periodista Daniel López intentó aclarar un poco el misterio en un artículo publicado en Convicción en septiembre de 1981, donde comenta el estreno de Seis pasajes al infierno. López asegura que Torres –emulando a Ed Wood con eso de usar dinero sagrado para Plan 9– financiaba sus películas con capitales de un grupo Mormón estadounidense que necesitaba enjuagar algunos billetes por año. E incluso afirma que "el pícaro de Ricky Torres declararía ante los mormones un costo de 1.000.000 de dólares por film, pero la realidad dice que no costaron más de 300.000". Se rumorea que nuestro amigo Enrique anduvo un tiempito a la sombra por estas andanzas.

López nos cuenta que los mormones solo exigían que todos los films tuvieran características comunes, como "estar dialogados en inglés y desarrollar temas fantásticos o de época. Curiosamente no se les exigía propaganda religiosa"

Seis pasajes al infierno

Finalmente llegamos a la película que queríamos comentar Seis pasajes al infierno, originalmente bautizada El templo de los cuervos (no confundir con la mencionada La ciudad de los cuervos de Carlos Cores).

Como decíamos Seis pasajes... se rodó en forma paralela a Allá donde muere el viento, entre enero y marzo de 1975 repitiendo gran parte del equipo técnico y los actores. Según las crónicas, hubo jornadas que, por razones de producción, se filmaron escenas de ambas películas.

La dirección fue ejercida, con desgano, por Fernando Siro personaje con una dilatada carrera como actor y realizador. Su debut como director "Nadie oyó gritar a Cecilio Fuentes" ganó la Concha de Plata en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián de 1965, aunque luego fue bajando la puntería dedicándose, con eficiencia, a las comedias picarescas del tipo de Lo prohibido está de moda (1968) o Autocine mon amour (1972).

La protagonista, Mala Powers, era una oscura figura de la TV yanqui. Participó en episodios sueltos de series de la talla de Bonanza, Maverick, El agente de CIPOL, Perry Mason y Misión: Imposible.

En tanto John Russell tuvo su época de gloria en los '50 llegando a participar en películas como Rio Bravo (Howard Hawks, 1959) y protagonizar series como Lawman (1958–62). Después su carrera se iría a pique, con un breve repunte con un notable papel en el western de Clint Eastwood Pale Rider (1985)

De los centroamericanos Tom Castronuova y Teresa Pare no hay datos sobre eventuales carreras actorales.

Por el lado argentino vale destacar a María Aurelia Bisutti, que ya la tenemos agendada como Scream Queen nacional por colaborar en programas televisivos de Narciso Ibañez Menta y por su protagónico en El Inquisidor.

Otra figura importante del equipo era Aníbal Di Salvo, uno de los grandes fotógrafos del cine argentino. Trabajó con grandes directores como Leonardo Fabio y Leopoldo Torre Nilsson, aunque de vez en cuando hacía cosillas bizarras del tipo de Las muñecas que hacen ¡Pum! (1979) o La aventura de los paraguas asesinos (1979). En los '80 sería uno de los artífices –ya como director– del "destape argentino" con películas como Las lobas (1986) y Atrapadas (1984)

Repasemos el argumento: Todo se centra en los seis sobrevivientes de un accidente aéreo –representada con una tosca maqueta plástica– que se refugian en una mansión poblada de extraños seres, que incluye unos fantasmitas que sacuden camas, manosean señoritas y acogotan señores. Una de las acongojadas damnificadas sufre una posesión demoníaca alla El exorcista, lo que le produce un crujiente giro de cabeza de ciento ochenta grados, que por problemas de producción debió filmarse... ¡Fuera de campo! (hay que explicarlo: a la señora le pasa lo mismo que Reagan, salvo que la cámara toma solo la cabeza. Al no estar la referencia de los hombros todo parece un gran chiste).

Bueno, escapan de la casa y caen en un pueblo de principios de siglo –los decorados no están mal– repleto de "fantasmas del pasado", es decir personas del propio pasado de cada personaje que le reprochan diversas actitudes repudiables (soberbia, abandonos, egoísmo, etc,). Por ejemplo, en un flashback vemos que la Bisutti es una malvada crítica cinematográfica que, por jodida, hundió a un actor con sus comentarios. Ahora adivinen quién viene a visitarla.

Al final –nadie se ofenda por el spoiler– resulta que estaban muertos y –en la línea Huis clos de Sartre– todo era una pantomima para juzgarlos y ver si están en condiciones de zafar de ir al infierno. El final es increíble, con un barbado diablo haciendo de juez y aquellos fantasmitas gritando "¡culpable!¡culpable!"

En general la historia esta llevada muy toscamente. Cada escena es un cliché habitual del género –los fantasmas, la cama que se sacude, la dichosa cabeza que gira– resuelta con efectos especiales muy dudosos. Las actuaciones son lamentables, lo que se potencia con los doblajes en castellano "neutro" hechos para el estreno local.

La película se divide en tres grandes... "pedazos", por llamarlos de alguna manera: El accidente y refugio en la casa maldita, la llegada al pueblo fantasma y el juicio. El resultado es inconexo, dando la sensación que no pudieron unir coherentemente las partes.

Las críticas de la época castigaron duramente al film, indudablemente con justicia, ya que el resultado final es definitivamente malo. La Nación la señalaba como un "naufragio ineludible" y la calificaba como "hilarante". Jorge Abel Martín –en su libro Cine Argentino 81– le endilgó un "lamentable" y un "involuntariamente cómica".

Sin embargo, la cinta puede ser vista con cariño por los amantes de ese cine que divierte por lo mal hecho. Desde esa perspectiva, la película supera ampliamente toda la producción local de terror psicotrónico. Incluso sobrepasa a las películas de Emilio Vieyra, el tótem local a la hora del humor involuntario.

Es claro que Ricky Torres no tenía grandes dotes de guionista, que el equipo técnico estaba mareado filmando dos películas a la vez y que los actores sólo querían terminar rápido las escenas para volver a sus hogares. Estos factores se combinaron para producir un film que, si fuera un poco más conocido, sería el más idolatrado por los seguidores del cine bizarro argentino.

Luego de su estreno se guardaron las copias. No se conocen registros de eventuales proyecciones en TV o ediciones en video. Durante veinticinco años se la consideró inconseguible e, incluso, perdida.

Finalmente Seis pasajes al infierno fue recuperada, en su copia "de estreno" en 35mm, para el festival Buenos Aires Rojo Sangre 2005. La proyección fueron 90 minutos de risas sin solución de continuidad.

Pero lo valioso de volver a ver Seis pasajes... no solo pasó por las risas. La película representa un eslabón nunca estudiado de la cadena evolutiva del cine de género en nuestro país. A pesar de los resultados, siempre hay que reconocer todo intento de hacer un cine de terror dentro de una cinematografía argentina muy poco amiga del tema.

Y si alguien se animara a editarla en DVD, seguramente estaríamos frente a un verdadero film de culto.

Seis pasajes al infierno (1975)
Fecha de Estreno: 10 de septiembre de 1981
Dirección: Fernando Siro
Guión: Enrique Torres Tudela
Fotografía: Aníbal Di Salvo
Música: Juan Alberto Pugliano, Mario Marzán y Claudio Román
Producción: Pino Farina
Escenografía: Pablo Olivo y Jorge Marchegiani
Vestuario: Leonor Puga Saboté
Sonido: Jorge Stravopulos
Jefe de producción: Gustavo Ghirardi
Intérpretes: Inda Ledesma, Ignacio Quirós, María Aurelia Bisutti, Mala Powers, John Russell, Tom Castronuova, Teresa Pare, Guillermo Murray, María José Demare, Elena Cruz, Víctor Fassari, Hilda Bernard, Aldo Mayo, Horacio Denner, Iván Grey.