Terror Universal
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Seccion: Películas (Lecturas: 3395)
Fecha de publicación: Diciembre de 2006

El caserón, las sombras y las ilusiones

A través de una aproximación a The Old Dark House, una película de James Whale, visitamos el tétrico Caserón de las Sombras.

David Aparicio



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Una tormenta. Tres personajes perdidos en un paraje desconocido que no figura en el mapa. Una casa construida en roca, solitaria, en medio de ese lugar. El género de terror se adivina desde el principio. Multitud de películas con sus correspondientes sagas eligieron y eligen este espacio para el desarrollo del género de terror a lo largo de la Historia del Cine.

Penderell (Melvyn Douglas), Philip (Raymond Massey) y Margaret (Cloria Stuart) son tres personajes malavenidos en una situación límite. La relación matrimonial de Philip y Margaret se desestabiliza a la vez que los contratiempos hacen imposible continuar su viaje. Penderell confiesa que no quiere llegar al punto de destino: Allí solo encuentra rutina y aburrimiento, aquí una aventura promete desarrollarse. Y no es para menos… se aproximan a un caserón, El caserón de las sombras (The Old Dark House, 1933) con unos habitantes ancianos, locos y desquiciados.

Penderell llama a la puerta y Morgan (Boris Karloff), el mayordomo sordomudo les abre. La puerta entreabierta descubre su rostro desfigurado, obra del maquillador Jack Pierce, experto en crear monstruos para las películas de la Universal. El horrible aspecto del personaje, su incomunicación, su carácter tenebroso nos hace recordar el Monstruo de Frankenstein. Penderell le explica la situación y Morgan le contesta con gruñidos. Una vez dentro Horace Femm (Ernst Thesiger) se presenta y les invita a que tomen asiento. Coge un jarrón con flores de una de las sillas y las echa al fuego con la excusa de que su hermana iba a cambiarlas por otras. Las flores despempeñan un significante femenino en el imaginario colectivo además de representar la inocencia y pureza. De ahí el contraste con la acción de tirarlas al fuego, que se subraya con la reacción de los personajes que miran el jarrón y el fuego sorprendidos. Penderell, Philipp y Margaret le piden alojamiento durante esa noche. Rebeca Femm (Eva Moore) aparece en escena y les pregunta repetidas veces qué es lo que quieren y qué es lo que dicen. Horace disculpa su actitud diciéndoles que a veces su hermana está un poco sorda. Phillipp le explica a Horace lo mal que está el tiempo. Le dice que la montaña se ha desprendido dejando la casa incomunicada. No tienen otra alternativa más que refugiarse ahí. Horace suelta el florero que se hace añicos en el suelo. Sin lugar a dudas ese florero roto constituye una metáfora de la experiencia de Horace: Su realidad, entendida como centramiento y seguridad, se resquebraja con la amenaza del Azar sobre la casa. Estamos atrapados repite asustado… ¡Tenemos que irnos! Busca la alternativa de escape pero es imposible. Rebeca advierte su miedo y se lo hace saber mientras le recuerda su filosofía atea. Técnica usada durante siglos… Cuando la realidad se resquebraja la figura Paterna de Dios está ahí para dotar a Lo Real (lo azaroso, lo incognoscible, lo que está fuera de los limites del lenguaje) de la forma que lo convierta en Realidad. Le recuerda que un día le llegará la hora de morir pero que aún tardará en llegar porque la casa es segura. Afirmación que basa en una experiencia con otra tormenta anterior: La casa es segura porque está construida sobre roca. La confianza en la estabilidad de la casa hace que la realidad de Rebeca no se venga abajo. Philipp pregunta si hay algún lugar donde puedan dejar el coche, Horace les contesta que pueden dejarlo en un granero que está en la calle y que Morgan les indicará donde está. Morgan mira a Rebeca, la última palabra la da ella con su gesto afirmativo.

Karloff y Stuart: Cómo no mantener distanciasEsa noche Horace brinda con Penderell por la ilusión aunque le reconoce que probablemente es demasiado joven como para entenderlo. Penderell le contesta que tiene la edad correcta para brindar por ello. Horace supone que Penderell ha estado en la guerra y, como comprobamos en la respuesta de este, se encuentra en lo cierto. La ilusión, algo que no se materializa en la realidad, pero que puede llegar a hacerlo o no: Puede ser un objetivo que se persigue, una visión fantasmal, un efecto óptico… Pero en cualquier caso algo que solo existe en la mente del ser humano y que Horace relaciona con la guerra: La ilusión de ganar, de volver a la patria, a casa, al caserón de las sombras. Tanto los cuentos maravillosos, como los mitos y las leyendas se sustentan en la ilusión del Héroe que se sitúa una meta. Penderell hace bien en brindar por la ilusión… Todos la necesitamos… ¡Pero cuidado! Porque, como ya hemos advertido, esta es traicionera. También puede representar algo que nunca se materializará.

Karloff: Un rostro en la ventanaRebeca acompaña a Margaret para que se cambie de ropa. Mientras se desviste Rebeca le dice que en esa habitación dormía su hermana Rachel, qué como su hermano, también era atea. Debido a su enfermedad estuvo convaleciente en cama pidiéndole a Rebeca que le matase debido a sus fuertes dolores. Era malvada, bella y salvaje como un halcón. Todos los hombres la perseguían. Pero al final su belleza no la ahorró la muerte ni la putrefacción, como a todos en algún momento nos llegará. Y Rebeca se lo hace saber a Margaret, el reflejo del espejo de la habitación deforma grotescamente su rostro mientras se lo dice. Todos eran ateos en la casa y traían mujeres para su deleite sexual, mientras ella era obligada a mantener su creencia en Dios. En el espejo se refleja una ilusión que deforma las facciones de la anciana dándole a la escena un tinte pesadillesco. La voluptuosidad, la belleza, el erotismo encuentra su reverso siniestro con la acción del Tiempo sobre el cuerpo. Todo lo materialmente bueno, acaba volviéndose nauseabundo más tarde o más temprano. Alguien llama a la puerta de la habitación y la conversación se corta de forma repentina pero nunca llegamos a saber quien es el que llama. ¿Será una ilusión? ¿Será realidad? Cuando Rebeca sale de la habitación mira a Margaret por última vez y después se mira a un espejo: Compara las dos imágenes: La una bella, la otra con las huellas del tiempo presentes en su cuerpo. Se corrige el peinado y sale de la habitación.

Thesiger: Buen provechoDurante la cena se oyen golpes en la puerta de entrada. Rebeca expresa autoritaria su negativa a que entren en la casa. Los invitados le dicen a Horace que tiene que dejarle entrar porque el temporal es demasiado malo, incluso pueden correr peligro. Horace ordena a Morgan que abra la puerta pero, como siempre, Rebeca tiene la última palabra. a acompaña a Morgan a abrir la puerta. Un hombre y una mujer entran trasgrediendo las normas de cortesía. Ella, Gladys (Lilian Bond) caracterizada como una alocada joven; él William Porterhouse, (Charles Laughton), un millonario campechano y socarrón.

La soledad de los tres personajes llega cuando la luz eléctrica desaparece definitivamente. Rebeca les dice que Morgan se emborracha en la cocina, cosa que se temía desde que ellos entraron en la casa. Los invitados preguntan por una lámpara que ilumine la habitación. Horace asegura que no hay ninguna, pero es demasiado tarde… Rebeca lo ha oído todo. Le repite a Horace que sabe que tiene miedo y que también sabe que la lámpara está en el último piso de la casa. Horace está aterrorizado, por eso Phillip le acompaña a por la lámpara. ¿Qué hay en el piso de arriba? ¿El desván? La incógnita de si hay algo o no al final de la escalera despierta expectativas que ponen en marcha el mecanismo del suspense. Penderell sale a por una botella de Whisky y Gladys le espera con la puerta de la calle abierta. Ella le da la espalda a la puerta en la calle y esta se cierra con la fuerza del viento. Más tarde en el granero Gladys le asegura a Penderell qué alguien le cerró la puerta. Pero ella no lo vio, ni el espectador llega a una información parecida, otra impresión falsa producto de la ilusión.

La ventana de la habitación de Rebeca que Margaret dejó abierta deja entrar agua en la habitación. Rebeca no es capaz de cerrarla y le pide a Margaret que la cierre ella puesto que fue ella la que la abrió cuando se quedó sola en su habitación. William le ahorra el trabajo ofreciéndose para cerrarla y sale del salón con Rebeca hasta su habitación. Margaret está sola y aprovecha para crear sombras chinescas sobre la pared. Una ilusión creada por las manos de Margaret, pero también lo es la sombra de Rebeca que hace gestos de conversación de la que no oímos nada, y toca la piel de Margaret con un dedo remitiéndonos a la conversación que mantuvieron ambas en su dormitorio… Rebeca está con William y es imposible que ella haya proyectado las sombras sobre la pared. En cualquier caso Margaret grita asustada. Abre la puerta de la calle en busca de Penderell y Gladys pero no les ve, la mano de Morgan entra desde fuera de campo y cierra la puerta lentamente. Morgan desea a Margaret, su cuerpo está destrozado, lleno de cicatrices y se opone de forma siniestra a la belleza del cuerpo de la mujer… La belleza de las mujeres liberales llega a corromperse como le recordó Rebeca y Margaret ve en Morgan el reflejo de esa sentencia. Ante la ausencia de un tercero que imponga la norma y prohíba, Margaret está a la merced de Morgan. Por ello la película representa la importancia del papel masculino en las relaciones de pareja. Ese tercero impone la norma, prohíbe. De ahí que la relación de Phillip y Margaret que al comienzo se quiebra se reconstruyaienzo se quiebra se reconstruyepio.ad que se materializa en la semilla de la ilsuiaprobatoria de Rebeca. tiempo que la funcigro en el transcurso por esa casa al mismo tiempo que la función del Héroe se desempeña en Penderell para conquistar a Gladys, desesperada ante la postura pasiva de William. Sin mascaras ni artificios: Penderll (el Héroe) se enfrenta a Saúl (Brember Wills), que como sabemos por el tan anciano padre (nada menos que ciento dos años), es el peor de todos. Saúl acusa a sus hermanos de matar a Rachel y a un segundo hermano… Lo único que sabemos es que Rachel murió con veintiunaños de edad y el otro hermano con una edad parecida. Pero nada más se nos llega a mostrar en el relato. No sabemos si los habitantes de la casa realmente son asesinos o no, si el asesino es Saúl que como él mismo recuerda, es tocayo del personaje bíblico que mata a David con una jabalina porque es querido por Dios, o ambos hermanos murieron por causas naturales. La imaginación al poder… Pero lo que no es ilusorio es la configuración del Héroe. Penderell consigue doblegar a Saúl ante su amenaza de incendiar la casa para proteger a Gladys y pedirle matrimonio al día siguiente. Eso es real, para una relación amorosa real. Como también lo es la salida de escena de Morgan llevando el cadáver de Saúl entre sus brazos. Al final del film la pareja de Philipp y Margaret se reconstruye ante la mirada desaprobatoria de Rebeca. La relación de pareja aparece como una realidad que se materializa en la semilla de la ilusión por la que brindaban al principio.