Terror Universal
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Seccion: Efectos Especiales (Lecturas: 10714)
Fecha de publicación: Mayo de 2001

Lon Chaney, el Hombre de las Mil Caras

Sara Rodríguez Mata, especialista en maquillaje, desenmascara algunas de las técnicas utilizadas por Lon Chaney en sus distintas caracterizaciones.

Sara Rodríguez Mata



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El Hombre de las Mil Caras...Así fue como definieron al actor Lon Chaney (1883-1930) debido a que fue capaz de crear personajes de muy distinta índole (jorobado, ciego, anciano, enano, mujer...). Su nombre no nos es extraño gracias a sus inolvidables interpretaciones en películas como EL FANTASMA DE LA ÓPERA (1925), EL JOROBADO DE NOTRE DAME (1923), etc. Su habilidad en el arte de la caracterización le valió el éxito y el reconocimiento del público. Él mismo se ocupaba íntegramente de la creación de sus personajes gracias a las técnicas de maquillaje que aprendió durante su etapa teatral.

Como explica Terenci Moix (La gran historia del cine. Ed. ABC. Madrid), sus créditos en el arte de la caracterización son muy valiosos y justifican, por lo espectaculares, su fabulosa repercusión en las taquillas. En sus mejores creaciones, se reveló un maestro de la pantomima, lo cual explica su abierto rechazo al cine sonoro. En otros casos, llevó su afán perfeccionista hasta límites extremos. Por ejemplo, cuando tuvo que interpretar en The Penalty a un hombre cuyas piernas habían sido amputadas por un malvado cirujano, se ató las piernas a la espalda y efectuó toda su interpretación caminando de rodillas. En el maquillaje de El jorobado de Nuestra Señora necesitaba cuatro horas y media de preparación y requería setenta y dos libras de goma sobre su espalda para recrear la joroba y para el maquillaje de EL FANTASMA DE LA OPERA (The phantom of the opera, 1925) se colocó alambres en el interior de la nariz para aumentar el tamaño de las aletas. En otra ocasión para parecer que era tuerto de un ojo se introdujo clara de huevo en el ojo.

Muchos jóvenes maquilladores de la década de 1940 intentaron copiar este maquillaje en el que, aparte de los alambres colocados en el interior de la nariz, se utilizó masilla para la nariz, dientes postizos, peluca con la parte frontal calva y pronunciados realces y sombreados para la distorsión facial. Lon Chaney (Jr.) relataba que su padre mantenía su camerino de maquillaje cerrado para todo el mundo y cuando tenía que hacer retoques o modificaciones se suspendía el rodaje y se iba sólo a su santuario, y no salía de él hasta que estaba seguro de que su aspecto era el que deseaba tener. El padre no reveló sus secretos a su hijo, por lo que una gran parte de su arte murió con él. En la edición de 1929 de la Enciclopedia Británica, Lon Chaney contribuyó con una descripción general sobre las técnicas de maquillaje cinematográfico. Más tarde, James Cagney le rindió homenaje en THE MAN OF THOUSAND FACES (1957).

Aunque los primeros maquillajes "de terror" se realizaban trabajosamente con antiguos materiales, en las recreaciones posteriores se emplearon piezas de látex, que son mucho más fáciles de colocar en los intérpretes y que se puede colocar con anterioridad a su utilización. Por ejemplo, el maquillaje de La Momia (The Mummy, 1932) consistía en una complicada envoltura de tela alrededor del cuerpo, que se cubría con cola de pegar y que se espolvoreaba con Fuller´s Earth para simular un cuerpo en descomposición, mientras que, posteriormente, se creó el mismo efecto cubriendo un traje con una pintura base de látex grisácea. De hecho, fue en el artículo que escribió para la edición de la Enciclopedia Británica donde explica detalladamente los entresijos de la caracterización cinematográfica y la dificultad en la que se ven inmersos quienes trabajan para que estos personajes fantásticos resulten creíbles. Así, Chaney explica que la necesidad del maquillaje en las películas fue evidente desde el comienzo del cine, pero pocos de los principios del maquillaje teatral fueron aplicados al nuevo arte.

Los actores se dieron cuenta de que el maquillaje teatral producía en el film un efecto totalmente diferente. También, con la invención de la película pancromática (gracias a las famosas pruebas Mazda, de 1928) dio mayor libertad de acción con los colores, permitiendo así la vuelta al natural, y eliminando el maquillaje directo, para permitir que el rostro fuera filmado más rápidamente. Al mismo tiempo, explicaba en ese artículo algunos rasgos que se conseguían con un meticuloso y estudiado proceso de maquillaje. Por ejemplo, para hinchar el rostro, a menudo se recurría al algodón entre los dientes y las mejillas. Este material era también utilizado para fabricar ojeras: se corta un poco en forma de medialuna, se fijaba al rostro y se cubría con un poco de aceite de oliva. Para lograr una nariz más ancha, como la de los negros, era necesario cortar tres pedazos de tres octavos de pulgar de la funda de goma de los cigarros e introducirlos en la nariz.

La figura de Lon Chaney fue sin duda alguna de vital importancia para el desarrollo de importantes caracterizaciones. Con él, aparecieron personajes que conseguían producir en el espectador la sensación de terror y miedo porque estaba llenos de realismo. Lon Chaney fue uno de esos hombres del cine que se preocupó por innovar e investigar en la creación de métodos útiles para confeccionar sus personajes. Tan preocupado estaba porque el resultado de sus caracterizaciones fuera lo más óptimo posible que en una ocasión tuvo que soportar durante todo el rodaje una membrana de huevo dentro del ojo para simular un accidente. Hoy en día las técnicas de maquillaje son mucho más sofisticadas porque los maquilladores cuentan con una gran evolución en este campo y también se echa mano de los efectos especiales y de las recreaciones por medio del ordenador. Lejos estamos de aquellas primitivas técnicas que eran realizadas trabajosamente con materiales caseros (algodón, aceite, clara de huevo, etc) pero que resultaban tan creíbles como los de hoy en día. De hecho, figuras clásicas como La Momia, Frankenstein, Drácula o El hombre invisible, nos siguen cautivando e impresionando.