Terror Universal
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Seccion: Películas (Lecturas: 28105)
Fecha de publicación: Marzo de 2005

Ilsa, la loba nazi

Un estudio sobre una de las películas más desagradables y repugnantes en la historia del cine.

Marco González Ambriz



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Artículo publicado originalmente en Revista Cinefaguía

ILSA, poster italianoIlsa, La Loba Nazi ha sido señalada como una de las películas más desagradables y repugnantes en la historia del cine. Sería lógico suponer que las acusaciones provienen de padrecitos metiches, viejas menopáusicas y feministas despistadas como ya se ha hecho costumbre siempre que en una película aparece una chichi o una gota de sangre. Sin embargo, este no es el caso. Sucede que los sacerdotes, las señoras y las mujeres liberadas tienden a combatir exclusivamente las producciones más conocidas, que suelen ser relativamente inocuas, y dejan de lado cintas mucho más ofensivas que pasan desapercibidas por ser estrenadas en video. Es como cuando las buenas conciencias acusaban a los Beatles y a los Bee Gees de ser engendros diabólicos mientras bandas metaleras como Deicide y Morbid Angel cantaban auténticas alabanzas a Lucifer sin ser molestados.

Esperemos que estas asociaciones no reparen nunca en la serie de Ilsa y en otras de su calaña o los aficionados a estas cintas tendremos todavía más dificultades para obtener copias de las mismas. Si estos entrometidos personajes llegan a descubrir las aventuras de Ilsa es muy probable que exijan a las autoridades competentes su prohibición inmediata y que pidan la pena de muerte para los dueños de Siglo 21 Video, la compañia que tuvo a bien distribuir estas películas en México. El problema para los defensores de la libertad de expresión es que la serie de Ilsa ha sido tachada de misógina y sádica incluso por Bob Rimmer, un experto en pornografía que difícilmente puede ser considerado un puritano.

Dave Friedman es otro personaje al que nadie podría acusar de reprimido. Los fans del gore seguramente recordarán que Friedman fue el productor y co-guionista de Blood Feast, 2,000 Maniacs y Color Me Blood Red, la trilogía dirigida por Hershell Gordon Lewis que inauguró el género de la sangre. Años antes Friedman también fue uno de los pioneros de la pornografía al realizar The Adventures of Lucky Pierre, también dirigida por Lewis, uno de los primeros nudie-cuties, género que daría paso a la pornografía hardcore. Esto viene a cuento porque David Friedman fue el encargado de producir Ilsa, She Wolf of the SS pero declinó el crédito por considerar que la película no era divertida. En otras palabras, era demasiado cruel hasta para un viejo lobo de mar como Friedman.

A lo largo de los 60, los productores de nudie-cuties que buscaban nuevas formas de esquilmar al público crearon un nuevo género que mezclaba sexo y violencia: los nudie-roughies. Se filmaban en blanco y negro para distinguirlos de los nudie-cuties, que siempre eran en color, y contenían violaciones, latigazos y otras lindezas. En la mayoría de los casos eran tan exagerados que los espectadores tenían que esforzarse por ignorar las malas actuaciones y lo absurdo de las situaciones para sentirse ofendidos.

No obstante, en la filmación de Ilsa, la Loba Nazi algo salió mal - o bien, según su punto de vista - y el resultado fue una cinta brutal y degradante que, en efecto, no tiene nada de divertido. Es evidente que la intención de los productores al crear a Ilsa, un personaje que se puede describir como una rubia frondosa con el cerebro del Dr. Mengele, era inventarse un pretexto para alternar chicas desnudas con escenas de violencia, algo que a todas luces es sinónimo de sano esparcimiento.

Para lograr su cometido, dispusieron del set donde se grababa la serie televisiva Hogan´s Heroes, en la que un grupo de prisioneros de guerra aliados le hacían la vida imposible al Coronel Klink, un oficial nazi incompetente. Acto seguido enfundaron a la mitad del elenco con uniformes de la SS y del ejército alemán, a la otra mitad con una especie de pijamas andrajosas y se dispusieron a narrar una historia poco original, pero que iba de acuerdo con las expectativas del público conocedor: un prisionero americano llega a un campo de concentración y en menos de lo que canta un gallo se convierte en el líder de una rebelión que coincide con la derrota del régimen de Hitler.

Tal vez David Friedman no contaba con que Joe Blasco, el encargado de los efectos especiales, haría tan bien su trabajo que las escenas que mostraban a las prisioneras siendo torturadas serían más efectivas de lo acostumbrado en este tipo de producciones baratas o que Dyanne Thorne, la actriz encargada de darle vida a Ilsa, demostraría el mismo entusiasmo obligando a los prisioneros a acostarse con ella, capando a los que eran incapaces de satisfacerla o realizando experimentos para medir los niveles de dolor que podían soportar las presas.

Una escena típica es la que muestra a dos prisioneros, hombre y mujer, que son castigados tras ser descubiertos conversando, algo que les está vedado. Al principio puede parecer un recurso típico de los nudie-roughies el que el castigo consista en ser azotados por dos carceleras rubias con las tetas al aire, pero esta impresión cambia rápidamente cuando los latigazos comienzan a arrancarle la piel a los prisioneros, hasta que por último Ilsa ordena que los cadáveres sean colgados a la vista de todos con el fin de escarmentar a los otros presos.

Otro factor para que la película sea difícil de digerir es la ausencia de un protagonista capaz de enfrentarse a Ilsa y poner fin a sus fechorías. Se supone que esto le corresponde a Wolfe, pero el tipo es demasiado pelele para compararse con Ilsa, que con todo y su ninfomanía y su crueldad es un personaje notable. ¿Qué se puede pensar de un "héroe" que le explica a su amigo cómo se salvó de ser castrado gracias a su capacidad para mantener la erección indefinidamente a sabiendas de que su interlocutor no corrió con la misma suerte? En realidad la participación del presunto protagonista en el inevitable motín es mínima y el romance que sostiene con una de las reclusas resulta forzado y poco creíble. Todo parece indicar que este personaje se incluyó porque era parte de la fórmula que estaban siguiendo los guionistas.

La violencia se ha incluído en miles de películas para deleite del público pero teniendo siempre mucho cuidado de justificarla. La forma más sencilla de hacer esto es con la viejísima y tan socorrida trama del héroe que busca vengarse de los asesinos y violadores de su esposa, hija, abuelita o lo que sea. Tras presenciar el crimen que obligó al protagonista a hacerse justicia por su cuenta la mayor parte del público no tiene ningún problema en identificarse con Charles Bronson, Steven Seagal o Mario Almada y son capaces de aplaudir una serie de asesinatos con la conciencia tranquila.

En el caso de Ilsa no hay justificación posible. Hombres y mujeres inocentes son sometidos a las peores vejaciones imaginables en una película donde los personajes más memorables son los responsables de cometer los más terribles actos. Supongo que para todos aquellos que rasgaron sus vestiduras tras presenciar una cinta relativamente inofensiva como Naranja Mecánica, asistir a una función de Ilsa, la Loba Nazi sería intolerable. Es difícil imaginar cómo reaccionarían los que se quejaron de que la obra de Kubrick era fría e inhumana al ver una película que resulta mucho más cruda y despiadada y que para mayor agravio no cuenta con el aval de un director reconocido.

Para los intelectuales humanistas del siglo XX la existencia de los campos de concentración representó un problema para el que no encontraron solución. Todos los argumentos sobre la eficiencia genocida del Estado totalitario parecían insuficientes para explicar la existencia de Auschwitz y Treblinka.

Toda proporción guardada, algo similar sucede con esta película. Por repelente que parezca a la mayoría de sus espectadores, Ilsa, She Wolf of the SS es una película extremadamente efectiva, que plantea cuestiones éticas que el cine por lo general prefiere dejar de lado. Tan es así que el discurso de la crítica cinematográfica carece de herramientas para examinar películas como ésta y otras que ostentan un nivel similar de sadismo (Men Behind The Sun, Cannibal Holocaust). Los críticos suelen relegar este tipo de cintas a la categoría de "basura" o "subcine" sin considerar que sus realizadores lograron exactamente lo que se proponían, por lo que no se puede decir que sean obras fallidas. Queda al criterio de cada espectador decidir si captar el grado de crueldad al que puede llegar el ser humano es algo meritorio.

ILSA, LA LOBA NAZI (Ilsa, She-Wolf of the SS)
Dirección: Don Edmonds
Guión: Jonah Royston
Producción: David Friedman
Fotografía: Glen Rowland
Música: Jon Brion
Edición: Leslie Jones
Con: Dyanne Thorne (Ilsa), Gregory Knoph, Tony Mumolo, Mary Marx, Nicolle Ridell, Sandy Richman y George "Buck" Flower.
Estados Unidos, 1973