Terror Universal
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Seccion: Cronicón (Lecturas: 55323)
Fecha de publicación: Septiembre de 2004

Semillas de Maldad: Los Niños malvados del Cine de Terror

Los niños: ¿los seres más inocentes de la Humanidad o los más demoníacos? Veamos el punto de vista del cine.

J.P. Bango



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Hitchcock era sincero al afirmar que nunca recomendaría un rodaje con animales y con niños, pero sin embargo no pudo evitar dejar su sello personal en una de las películas que mejor renegaba de su propia enmienda: Los Pájaros.

Resulta paradójico comprobar, además, que gracias a unos pájaros cotidianos (gaviotas, gorriones, cuervos…) lograra construir una monster movie mayúscula que, por encima de todo, viabilizaba su principal propósito: causar miedo. En Los Pájaros de Hitchcock, los niños forman parte de la caterva de víctimas que la película acumula a lo largo de su metraje, protagonizando alguna de sus escenas más substanciales como la huída del colegio (rotura del cristal de unas gafas, incluida), o el olvido de los periquitos en el interior de la casa...

SALEM'S LOT

Pero esta concepción victimista y cándida se torna en ingenua en aquellos filmes de terror que optan por invertir las reglas del juego al plantear un entramado donde los niños, de apariencia tan inocente y dulce como los pájaros del inicio del filme de Hitchcock, se convierten en seres malignos, temibles y peligrosos. Justo ahí donde el Cine, en su capacidad para edificar ficciones efectistas, encuentra la excusa que necesita para convertir niños habitantes de la cotidianidad más laxa, en seres de ascendencia monstruosa o psicopática.

Así nos vamos a encontrar con mutantes desorientados, aspirantes a psychokiller, neo-especies que buscan un lugar en un mundo que no los comprende pero teme, niños poseídos por el diablo o con aspiración a serlo, o bebés con irrefrenables deseos de sangre… Niños malvados, en definitiva, que han logrado encontrar un hueco preferente (e iconográfico) en el siempre apasionante género del Terror.

El presente ensayo consta de los siguientes capítulos:

  1. Mentes Colectivas.
  2. El Centro del Mundo
  3. Pequeños Infectados.
  4. El niño y el demonio.
  5. Los inocentes.
  6. Poderes sobrenaturales.
  7. Apéndices

1.- Mentes Colectivas:

Porque, ¿quién puede matar a un niño?

¿QUIÉN PUEDE MATAR A UN NIÑO?Todavía hoy constituyen los recuerdos más telúricos de mi infancia: una bebida de refresco de naranja en los labios de una mujer embarazada; una niña susurrando a un oído que no puede ver; un jeep abandonado en una plaza enjalbegada de blanco; una piñata sangrienta descubierta a hurtadillas; una isla rebozada de calor... Esta tarde, mientras revisaba ¿Quién Puede Matar al Niño?, el film de Narciso Ibáñez Serrador, todas esas imágenes inconexas que, de pequeño, habían quedado grabadas en mi subconsciente cinéfago, comenzaron a adquirir sentido impostadas en esta película, ahora ya lo sé, magnífica y reivindicable.

Hoy, unos dieciocho años después de aquel primer y último visionado, puedo decir que nos encontramos ante una auténtica rara avis de la cinematografía de género de terror hispano y, por extensión, de todo el cine europeo. Basada en la novela de Juan José Plans: El Juego, ¿Quién puede matar a un niño?, narra la historia de dos turistas anglosajones que, huyendo del ruido y la fiesta de la península, viajan hacia una isla cercana y desocupada donde poder revivir experiencias de juventud con serenidad y letargo. Nada más llegar a la isla, se encuentran con un pueblo semivacío donde sólo parece haber lugar para algún niño que, ocioso, permanece en el puerto pescando y jugando. Siguiendo las reglas del clímax in crescendo, los protagonistas descubrirán, poco a poco, la verdadera naturaleza de la isla y el peligro, terrible, que deparan sus jóvenes habitantes.

¿Quién puede matar a un niño?, se constituye en una obra de inspiración sobresaliente, bebedora del Cine del Hitchcock más estimulante, del Giallo más cruel y desalmado; una película macabra y, a ratos, espeluznante protagonizada por unos niños asesinos que planean y ejecutan una venganza contra el mundo de los mayores, de la forma más drástica y concluyente que se les ocurre: promoviendo su exterminio.

El film de Narciso Ibáñez Serrador, nos trae a la memoria aquellos filmes en los que los niños, disfrazados de imberbe inocencia, se resuelven como impávidos asesinos, pequeños hombrecillos de ascendencia canallesca y conspiradora que, amparados en el afecto que les profesan sus padres, no dudan en esgrimir una pose violenta y sádica para hacer ciertos los propósitos insanos que sus mentes maquinan.

VILLAGE OF THE DAMNED

En El Pueblo de los Malditos (Wolf Rilla: basada en la obra de John Wyndham) los niños protagonistas idean con su mente colectiva asentar una colonia que les permita hacerse un hueco como raza (destructiva e impiadosa) en el nuevo planeta que los acoge. Los niños, que han nacido el mismo día (fruto de una inseminación colectiva perpetrada, unos meses antes, por una niebla misteriosa), han desarrollado una conducta pendenciera que les convierte en un grupúsculo peligroso y dominante en el hábitat del que forman parte.

En el excelente y respetuoso remake de Carpenter, El Pueblo de los Malditos, se introduce un elemento de distensión pues todos los niños nacen aparejados a excepción de uno cuyo par, la hija de una mujer virgen, nace muerta. Gracias a este cambio en la historia original, Carpenter construye el personaje del niño con una apariencia desorientada, al que le cuesta seguir el comportamiento destructivo de sus compañeros de especie (que no dudan en torturar o matar a cualquiera, incluido a sus padres, que ponga en peligro sus objetivos colonizadores), resolviendo alguna de sus actuaciones con cierto deje de empatía y, en boca de su propia madre, constituyéndose en la única esperanza de rehabilitación de un grupo, ciertamente, condenado a la extinción.

La violencia de los niños es justificada por ellos en ejercicio de la defensa propia, el único modo del que gozan para mantener intacta su integridad toda vez que las fuerzas vivas del pueblo, y del propio gobierno, son cada vez más conscientes del ofensivo potencial que los poderes de los jóvenes ocultan. Sin embargo, a los ojos de los mayores, siguen siendo unos niños, los hijos de la mayoría de ellos, y la catarsis, la acción criminal que desnivela la balanza en su contra, presume de llegar demasiado tarde.

Una combinación, queremos pensar que inopinada, de los filmes comentados antes, nos la da Children on the corn, que versa acerca de una pareja de turistas (¿os suena?), perdidos en medio de Nebraska, que se topan con un pueblo desposeído de habitantes adultos por cuenta de una comuna de adolescentes aficionados a los juegos sectarios y a los asesinatos rituales. Los Chicos del Maíz, una producción de serie B, que tendría un cierto éxito entre el público juvenil, se presenta como un slasher rural (que se desarrolla en los maizales que rodean el pueblo) a priori interesante (los niños pertenecen a una extraña congregación religiosa, de ascendencia púber -¿algún mensaje subliminal, quizá?-, que adora a una extraña diosa del maíz a la que no le gustan los mayores), pero que, finalmente, sucumbe a las perversiones de un argumento prometedor que no daba para tanto metraje.

Basada en una novela de Stephen King, también habitual en este subgénero -ya veréis-, el film daría lugar a una serie de secuelas que redundaban en las correrías sangrientas de los miembros de una secta, definitivamente, liberada de escrúpulos y madurez.

2.- El Centro del Mundo:

Pero no todos los niños del cine de terror necesitan de un colectivo para poder acometer actos crueles. A veces, un único sujeto es suficiente para sembrar de inquietud y desasosiego a toda una comunidad. En Mala Semilla, en el film de Mervin Leroy, Rhoda (Patricia McCormick) es una niña de unos ocho años, planificadora y destructiva, cuya madre sospecha que es responsable de varios delitos (incluido un asesinato) acaecidos en el entorno de la pequeña. La ascendencia criminal, heredada, parece condicionarla para el mal, y la niña no hace nada para cambiar esa impresión en esta Serie B que parte de una premisa sugerente (¿el mal nace o se hace?) y se resuelve con cierta previsibilidad.

THE BAD SEED

La influencia del padre, vuelve a ser elemento recurrente del, a la postre último, film de Mario Bava. Shock (1977), narra la historia del pequeño Marco, de siete años, y su madre, recién enviudada (Daria Nicolodi: esposa de Dario Argento) que trata de rehacer su vida con su nuevo esposo. Al volver a su antigua casa, el niño se muestra cada vez más convencido de que su madre es responsable directa de la muerte de su progenitor… ¿Ayudado? por el espíritu paterno, los actos del muchacho acabarán propiciando la locura de su madre. La mala relación entre Marco y su nuevo padre, y la influencia sugestiva del recuerdo de su ancestro, marcará el futuro de una familia a la que no le gustan los intrusos.

En El Buen Hijo, film de Joseph Ruben (casualmente emparentado con películas a las que les gusta los problemas surgidos en el seno familiar: véase, Durmiendo con su enemigo), Macauley Culkin interpreta al personaje infantil: Henry Evans, un niño de comportamiento ejemplar y ejemplificador de cara a sus mayores que, sin embargo, oculta una conducta maquiavélica y maligna que su primo Mark, que acaba de trasladarse a su casa por la muerte de sus padres, no tardará en constatar. De nuevo, la presencia de un intruso, en este caso el pequeño Mark (interpretado convincentemente por Elijah Wood), acelerará el proceso de formación de la malignidad de Henry. Sin embargo, la actuación de este pequeño aspirante a psychokiller, es conveniente solapada por su apariencia cálida y afectuosa que, a ojos de sus padres, le convierte en un hijo ideal, el modelo de conducta que debe imitar y seguir su siempre apenado primo Mark (suponemos que Elijah Wood ya ensayaba su papel de Frodo). Como se ve, Henry Evans ejerce de arquetipo maligno y temible pero, al mismo tiempo, se regodea de su condición manipuladora; condición que alcanzará su cenit en la relación que mantiene con unos padres, cuyas emociones y comportamiento controla a conveniencia.

THE OTHEREn El Otro, excelente película de Robert Mulligan basada en la novela de Tom Tryon, un niño ha asumido como propias dos conciencias: la suya, probablemente la malvada, y la de su hermano fallecido, el contrapeso moralizante que actúa de forma redentora. Robert Mulligan y su guionista, optan por ocultar el fallecimiento de uno de los gemelos, presentándonos, incluso de forma simultánea, a los dos hermanos: aquel que maquina y ejecuta los actos de crueldad, y aquel que trata de compensar las actuaciones malvadas. La dualidad entre el bien y el mal, entre la amabilidad y la saña, se dan cita en esta especie de derivación del mito de Jeckyll y Hyde en versión infantil que, sin duda alguna, se ha convertido con el paso del tiempo en uno de los films de terror más estimables de los años cincuenta.

3.- Pequeños infectados:

¡Tengo frío…!

SALEM'S LOTQuizás, uno de los momentos más terroríficos de la historia del cine, sea aquel en el que el patriarca de la familia Vourdalak (Boris Karloff, protagonista de uno de los episodios del film de Mario Bava, Las Tres Caras del Miedo), que ha salido en busca de un vampiro, regresa a su casa tras haber conseguido parte de su propósito. El viejo Gorcha, que ha regresado instantes después de haberse cumplido el plazo que el mismo había fijado como límite para acometer su aventura, siembra la desconfianza en su familia, sin embargo, y a pesar de la advertencia que el propio Gorcha había previsto, lo dejan entrar en la finca… El viejo aprovechará sus vigilias nocturnas para atacar, desde las ventanas, a cada uno de los miembros de su familia.

Estaba ahí, delante de ella, sin saber qué decirle, cuando de pronto, la vi estremecerse fijando en la ventana unos ojos aterrorizados. Seguí la dirección de su mirada y vi con claridad la figura inmóvil de Gorcha, mirándonos desde afuera.

La misma situación pero invertida (no será el viejo quien acose desde la ventana, sino uno de los niños) sería recogida por Stephen King en su novela: El Misterio de Salem’s lot. Noche tras noche, el vampiro niño reclama la atención de su hermano:

Y en el espantoso silencio de la casa, mientras seguía sentado en la cama, impotente, con el rostro oculto entre las manos, oyó la risa aguda, dulce, maligna de un niño...

En la aterradora adaptación de la novela, Tobe Hooper dota a la escena de un hálito fantasmagórico y estremecedor. El niño vampiro flota en la penumbra del exterior mientras golpea a la ventana y reclama la atención de su hermano, alertando a su empatía:

¡Tengo frío…!

Los niños no pueden rehuir de su condición vampírica y, una vez infectados, se convierten en animales salvajes sedientos de sangre, pequeños vampiros que, privados de fuerza física, apelan a la ternura para poder acercarse a sus víctimas.

En Entrevista con el Vampiro, basado en el best seller de Anne Rice, la niña vampiro (Kirsten Dunst) alterna su condición de animal salvaje con un comportamiento caprichoso, violento y confabulador que no tarda en provocar el arrepentimiento de aquel que posibilitó su corrupción. Condenada a pasar toda una eternidad encerrada en el cuerpo de una muchacha impúber acabará con sus huesos chamuscados por un sol maldito de carácter moralizante que devuelve a las puertas del infierno el talante antojadizo de la pequeña vampiro.

Los pequeños infectados no pueden rehuir su nueva condición y tratan de adaptarse al ecosistema del que forman parte con un claro afán superviviente. Desde el momento del emponzoñamiento, todo aquel que no pertenezca a su raza será declarado como enemigo tal y como ocurre en El Pueblo de los Malditos, de la que ya se habló antes, o en Abrazo Mortal, film de serie B (también conocido como The Children o, incluso, The Children of Ravensback) que muestra la zombificación de un grupo de colegiales provocada por un escape de gas derivado de una planta nuclear cercana. Los niños se convierten en zombis mutantes capaces de producir combustión espontánea con sólo el contacto físico (de ahí su título español). [A diferencia de Ojos de Fuego/Firestarter, también basada en Stephen King, donde la niña protagonista proyecta sus poderes a través de la telequinesia]. Si en El Pueblo de los Malditos la característica distintiva de estos niños era su pelo níveo y sus ojos refulgentes, en el film de Max Kalmanowicz, el grupo de escolares se va a diferenciar de sus coetáneos y compañeros por poseer una uñas negras…

Si Abrazo Mortal servía para alertar al concienciado ciudadano de los peligros dimanantes de una central nuclear, el inclasificable Larry Cohen construye una monster movie alrededor de una remesa de píldoras anticonceptivas defectuosas que convierten a los fetos recién fertilizados en bebés mutantes de aspecto grotesco y tendencia asesina [tiempo después, Larry Cohen dirigía su paranoia hacia el mundo del yogourt y los alimentos sintéticos…]. Estoy vivo, y sus secuelas, It’s alive, again, y It’s alive III, anticipan alguna de las ideas presentes en la excepcional ¿Quién puede matar a un niño?, al tiempo que lleva al extremo la posibilidad de convertir un recién nacido en un monstruo temible y despiadado (basta destacar la secuencia de su nacimiento). Sin embargo, Larry Cohen introduce un componente empático conformador de la personalidad del bebé-engendro, cuando éste logra reconocer, en el grupo de perseguidores que lo tiene acorralado, a su propio padre. Amor fraternal disfrazado de Monster Movie conservadora que, a pesar de todo, se rebela como una película notable y digna de revisar.

De todos los niños contagiados acaso el más estremecedor de todos sea el acaecido en una de las escenas cumbres de La Noche de los Muertos Vivientes, cuando una niña -que se oculta con sus padres en el sótano de la cabaña rodeada de los “cadáveres andantes”- muere en los brazos de los suyos y resucitada, devora a su madre sin vacilar…

Glups!

4.- El niño y el demonio:

Do you know what she did, your cunting daughter?

De todos los niños malvados protagonistas de historias literarias y cinematográficas, el más aterrador todavía sigue siendo el personaje interpretado por Linda Blair (Regan) en la adaptación que del libreto de William Peter Blatty, El Exorcista, realizara el inocuo William Friedkin en 1973.

Revisada hoy día, las escabrosas situaciones que plantea El Exorcista y, sobretodo, el uso inteligente de sus efectos sonoros, visuales y de maquillaje, siguen convirtiendo al film de Friedkin en un admirable thriller sobrenatural -imitado hasta el hartazgo-; vibrante y terrorífica muestra de lo bien que también puede hacerlo el cine de terror con materiales alejados de los monstruos clásicos.

THE EXORCISTCinta demoníaca por excelencia, El Exorcista narra la historia de la posesión de la pequeña Regan por parte de una entidad detestable que se recrea en la blasfemia y en la provocación, en la levitación y en la amenaza. Completamente transformada, tanto física como psíquicamente, la niña se convierte en un ser repelente y execrable capaz de masturbarse con un crucifijo o de vomitar bilis verdosa sobre la mitra del sacerdote que oficia el exorcismo. La niña endemoniada, atada a la cama, inicia un tour de force particular contra aquellos que tratan de liberarla y el thriller del principio y los efectismos de la segunda mitad se transforman -en una tercera subdivisión- en una lucha de credos fundamentada en la verborrea de los contrincantes, las soluciones forzadas y el final redentor… La niña vuelve a su lógica condición ingenua, los sacerdotes -aun fallecidos- han cumplido su misión… y el inspector Kinderman consigue pareja para ir al cine. Justamente, para el Cine, El Exorcista lega uno de los iconos más indiscutibles del género de Terror (la niña poseída y su cabeza rotatoria…), y varias secuelas e imitaciones: una de las más destacables, Exorcismo (1974) con el gran Paul Naschy.

Siguiendo la estela dejada por el film de Friedkin, La Profecía (The Omen, 1976) se adentra en el subgénero demoníaco de protagonista infantil con gran éxito, al narrar las andanzas de un muchacho de comportamiento siniestro, oscuro pasado e infernal futuro, y de su padre, interpretado por Gregory Peck, convencido de que su retoño es, nada más y nada menos, el anticristo. Ante esta premisa, y cómo ocurre en algunos de los filmes comentados con anterioridad, las actuaciones indeliberadas del pequeño Damien (el pequeño aún no es consciente de su naturaleza endemoniada) se dirigen a evitar que alguien sabotee su destino, condición que Richard Donner aprovecha para dar rienda suelta a todo un catálogo de asesinatos/accidentes orquestados (al estilo Giallo) que tendrá su culminación, todavía más efectista y planificada si cabe en su continuación, la interesante La Maldición de Damien (Damien: The Omen II). Esta secuela, muestra al muchacho, ya adolescente y conocedor de su verdadera condición, formándose en una institución educativa a la que ha ido a parar tras los accidentes acaecidos en su entorno con anterioridad...

THE OMENAl contrario de lo que ocurría en El Exorcista, Damien no desea renunciar a su naturaleza perversa sino fortalecerla, sorprendentemente, invirtiendo en educación y en formación. De este modo, Damien se dedica a comprender -entre accidente y accidente- y a utilizar para su bien, los resortes del poder de la sociedad que lo acoge (En este sentido, no es descabellado que en la fallida continuación de La Maldición de Damien, El final de Damien, el pequeño acabe por convertirse en un embajador de los Estados Unidos…) y ansía controlar. Damien añade a su condición maligna un soplo maquinador ciertamente inquietante (no hay nada que de más miedo que un político ignominioso, ¿verdad?).

Como se ve, la teoría del Anticristo (entidad demoníaca que, actuando de contrapeso ideológico del cristianismo, reclamará los derechos que, sobre la Tierra, cree poseer), es una premisa recurrente en el cine de terror de finales de los años sesenta y setenta, sobretodo gracias a la película -magnífica y, sin duda, una de las mejores del género- La semilla del diablo.

Con una propuesta muy parecida a la que luego heredaría, implícitamente, La Profecía, el film de Polanski narra la historia de un joven matrimonio, Rosemary y Guy, que se traslada a un apartamento de un céntrico edificio neoyorquino. Pronto, la pareja, y en especial Guy, entablan amistad con unos vecinos ancianos, de comportamiento misterioso pero displicente, y con una joven vecina que no tarda en hacerse amiga y confidente de Rosemary. Los ancianos, cada vez más próximos a Guy, intensifican el grado de su relación en cuanto Rosemary queda embarazada. Una sucesión de comportamientos extraños y la muerte de su nueva amiga, conducirán a Rosemary a creer que el bebé que acoge en su seno se trata del hijo del mismísimo diablo.

Se ha denunciado hasta la saciedad y hay que volver a hacerlo: el explícito e idiota título español (La semilla del diablo en lugar de Rosemary’s Baby) perjudica el desarrollo del film y lo reconduce por una senda equivocada pues la obra de Polanski, al menos en su concepción y entramado, es una obra construida sobre una base paranoica, sufrida de primera mano por la protagonista -al igual que ocurría en Repulsión- y, por lo tanto, probable delirio cinematografiado; lo cual nos lleva a considerar una de sus principales virtudes, pues oculta hasta el final la naturaleza (diabólica o no) del hijo de Rosemary.

5.- Los Inocentes

- ¿Quiere decir que teme volver a verla?
- ¡Oh, no... eso ahora no es nada! -luego expliqué-: Lo que temería sería no verla.

The Innocents (en España, Suspense!), fue la adaptación que Jack Clayton realizó para el Cine de la Otra Vuelta de Tuerca de Henry James, uno de los libros de Fantasmas (reales o simbólicos) más afamados de la literatura. Y, huelga decir, uno de los más adaptados, directa o indirectamente, al ámbito cinematográfico.

De este modo, la mencionada Suspense (The Innocents, 1961), La otra vuelta de tuerca (Eloy de la Iglesia) o El Celo (Presence of minds, 1996), adaptan directamente el relato de James y Los Últimos Juegos Prohibidos (The Nightcomers, 1971), indaga sobre los acontecimientos que tuvieron lugar con anterioridad de la llegada de la Institutriz a la casa que, como se verá, gozarán de una importancia significativa en la historia.

En las adaptaciones y en la propia novela, coinciden en presentar un relato en primera persona, el de una institutriz con problemas familiares deducidos de una estricta educación victoriana, y su llegada a una gran casa (alejada de cualquier metrópolis) para hacerse cargo del cuidado y educación de dos hermanos: Miles y Flora. Hermético, y de comportamiento extrañamente adulto, el pequeño Miles es expulsado del colegio donde se encontraba inscrito sin posibilidad de reinserción, tal y como puede comprobar su nueva institutriz en una carta remitida desde el internado. El hecho de desconocer los verdaderos motivos que fundamentaron esta carta, inquietará en grado sumo a la institutriz hasta el punto de que su relación con Miles quedará profundamente condicionada, como si, de veras, el “listo, apuesto, delicado y exquisito” Miles ocultara en su interior una presencia maligna, corrompida por algún asunto pretérito. Sugestionada por el misterioso pasado que parece aflorar de los anteriores cuidadores de los niños, la institutriz comienza a ver apariciones espectrales, fantasmas que se asoman por las ventanas o que transitan por el bosque y el lago cercanos.

Como se aprecia, el relato escrito por James, toda la acción se presenta desde el punto de vista de la institutriz, así que, en cierto modo, los hechos responden a una cuestión de percepción más que a una realidad en sí. De este modo, imagina que los hermanos, en especial Miles (pero también a Flora, quien se muestra cómplice de las actuaciones de su hermano), también pueden ver esos fantasmas pero que, sin embargo, no desean admitirlo delante de ella.

A ojos de su institutriz, y quizá como una forma de evasión, Miles y Flora imitan el comportamiento de los adultos, acrecentando la sensación de perversión que su cuidadora tiene de ellos. De hecho, resultará paradójico que el apego desmedido que sentía la institutriz hacia los niños y la obligación que se impone de “salvarles” de la presencia de “ellos”, acabe, finalmente, de un modo tan trágico.

Al contrario de lo que ocurría en La Semilla del Diablo, el título español, Suspense, (aun sin venir a significar nada en concreto), se preocupa de ocultar el carácter (¿inocente?) de los niños protagonistas manteniendo, efectivamente, la intriga de considerar si todo lo que ocurre no es sino el fruto de la imaginación paranoica de su cuidadora, algo en lo que coinciden la mayoría de las adaptaciones de la obra de Henry James con mayor o menor acierto.

La malignidad de Miles y Flora imaginada por su institutriz convierte a los niños, cuyo pasado se llega a insinuar como terrible -en el clímax final- en víctimas del celo de una joven cuidadora demasiado sugestionable por el entorno.

6.- Poderes sobrenaturales

Y sintió el lento flujo de la sangre menstrual que corría por sus muslos

CARRIETanto en ¿Quién puede matar a un niño?, como las versiones de El Pueblo de los Malditos, los niños presumen de poseer una comunicación telepática (“mente confederada”, lo llama Wyndham), lo que les habilita para plantear acciones colectivas de carácter sorprendente. En Abrazo Mortal, además, esa condición intuitiva (propia, por cierto, del género de zombies) se amplifica con la capacidad que los niños tienen adquirida para hacer arder objetos y personas con el contacto físico.

Stephen King, hábil diseccionador de los temores infantiles en sus primeros escritos, ampliará el espectro de poderes sobrenaturales atribuidos a los niños en dos de sus más conocidas historias (Carrie y Firestarter) y, por extensión, en las dos adaptaciones cinematográficas consecuentes.

Carrie, film catapulta del propio King y uno de los primeros blockbuster de Brian de Palma, profundiza en el tema de la telequinesia y en menor medida en su vertiente flameante, la piroquinesis, a costa de la historia de una muchacha, la propia Carrie, acomplejada por su entorno (amigos y madre) y condición física. La adolescente, que debe hacer frente a sus cambios hormonales al tiempo que trata de reconducir su vida socio-afectiva, reacciona de forma inconsciente contra los ataques que sufre, con un extraño poder psíquico (la capacidad de mover objetos a distancia o, incluso, de hacerlos explotar) que se torna en especialmente virulento cuando la afrenta sobrepasa los límites de la tolerancia.

Recordada, sobretodo, por la escena (sangrienta) catártica del final, Carrie sigue siendo un film estimable que lleva hasta el último extremo la vulnerabilidad de la etapa adolescente y la escuálida frontera que separa la burla de la humillación convirtiéndose en una obra que, , finalmente, se recrea en la venganza perpetrada por una niña a la que le cuesta dar el paso hacia la edad adulta, contra una sociedad que reniega de sus especímenes diferenciados.

A pesar del éxito que tuvo, Carrie pudo evitar la avalancha de imitaciones -algo que sí ocurriría a la mayoría de sus coetáneas-, aunque quizá la influencia más evidente del film de Brian de Palma (también recogerá influencias y alguna escena de El Exorcista de Friedkin), podemos encontrarla en el film: Ruby, de Curtis Harrington (aunque firmada con el pseudónimo de la disconformidad: Alan Smithee). En la historia de Harrington, Ruby es una chica sordomuda que, influenciada por el espíritu de un gángster del pasado, provoca una escabechina (literalmente) en un cine al aire libre regentado por la antigua amante del susodicho fantasma… Oscura, violenta y decadente, el film de Harrington mereció una mejor suerte comercial y crítica de la obtenida y hoy, desafortunadamente, ni siquiera se cuenta entre las películas más agraciadas del director de Queen of Blood.

Firestarter se presenta alejada del cine de terror juvenil como una mezcla de la propia Carrie, Furia (ambos filmes de Brian de Palma) y Scanners, el film de David Cronenberg, con quien comparte además su falta de pretensiones. A pesar de todo, la premisa del film es tentadora: una niña de ochos años, dotada de un poder piroquinético, huye en compañía de su padre de aquellos que tratan de utilizar sus extraordinarios poderes en beneficio propio. En este sentido, las actuaciones de la niña se alejan de la malignidad y encuentran su justificación en la defensa propia, algo que, efectivamente, entronca al film de Mark L. Lester, con alguna de las películas vistas con anterioridad. Sin embargo, el aspecto dulce de la pequeña, la empatía que se deduce de la relación de su padre y el carácter no deseado de su poder, condiciona al espectador hasta ponerse de parte de los perseguidos (algo habitual en el Cine: ya sabéis lo que nos gusta que los ladrones escapen en la ficción…), al saberla objeto de una cacería organizada con fines crematísticos y, probablemente, amorales.

Algo habitual en el mundo que los niños -malvados o no- desearían cambiar para siempre.

7.- Apéndices:

Filmes analizados:

  1. ¿Quién Puede Matar a un Niño? (Narciso Ibáñez Serrador)
  2. El Pueblo de los Malditos / The Village of the Damned (Wolf Rilla)
  3. El Pueblo de los Malditos / The Village of the Damned (John Carpenter)
  4. Los Chicos del Maiz / The Children of the Corn (Fritz Kiersch)
  5. Mala Semilla / Bad Seed (Mervin LeRoy)
  6. Shock (Mario Bava)
  7. El Buen Hijo / The Good Son (Joseph Ruben)
  8. El Otro / The Other (Robert Mulligan)
  9. Las Tres Caras del Miedo / Il tre volti della paura) (Mario Bava)
  10. El Misterio de Salem’s Slot (TV) / Salem’s Slot (Tobe Hooper)
  11. Entrevista con el vampiro / Interview with the vampire (Neil Jordan)
  12. Abrazo Mortal / The Children (Max
  13. Estoy vivo / It’s alive (Larry Cohen)
  14. La noche de los muertos vivientes / The night of the living dead (George A. Romero)
  15. El Exorcista / The Exorcist (William Friedkin)
  16. La Profecía / The Omen (Richard Donner)
  17. La maldición de Damien / Damien: The Omen II (Don Taylor)
  18. La Semilla del Diablo / Rosemary’s baby (Roman Polanski)
  19. Suspense / The Innocents (Jack Clayton)
  20. El Celo / Presence of minds (Antonio Aloy)
  21. Carrie (Brian de Palma)
  22. Ruby (Curtis Harrington)
  23. Ojos de fuego / Firestarter (Mark L. Lester)

Libros y relatos referenciados:

  1. La Familia del Vourdalak (Aleksei K. Tolstoi)
  2. El Juego (Juan José Plans)
  3. El Pueblo de los Malditos (John Whyndham)
  4. El Umbral de la noche (Stephen King)
  5. El Otro (Tom Tryon)
  6. El Misterio de Salem’s Slot (Stephen King)
  7. El Exorcista (William Peter Blatty)
  8. La semilla del Diablo (Ira Levin)
  9. Ojos de fuego (Stephen King)
  10. La Otra Vuelta de Tuerca (Henry James)
  11. Carrie (Stephen King)

Semillas de Maldad: Los niños malvados en el cine de terror es un artículo escrito por J. P. Bango a lo largo del mes de agosto de 2004