Terror Universal
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Seccion: Entrevistas (Lecturas: 7404)
Fecha de publicación: Agosto de 2004

Jesús Franco: el músico desconocido

Entrevista exclusiva con Jesús Franco, primera parte.

Sara Rodríguez Mata



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Jesús FrancoUstedes se preguntarán qué me ha dado a mí para que yo titule esta entrevista de la forma en que lo hago. Verán. Los que admiramos a Jesús Franco lo admiramos por muchos y muy diversos motivos (algunos admiran sus películas, otros su incondicionalidad y desvergüenza para afrontar temas que otros no se atrevían, etc.), pero hay una faceta de Jesús Franco que no ha sido muy conocida: su virtuosismo como músico de jazz.

Yo creo que Jesús Franco ha sido un talento del jazz desaprovechado -y lo digo muy a mi pesar porque me encanta el jazz-. Cuando -tras pasarme dos meses dilucidando con el teléfono en la mano, si llamar o no llamar al señor Franco- me presenté en su casa y le hice esta densa e interesantísima entrevista, ya casi al final, cuando nos teníamos que ir, Jesús Franco sacó un CD de música para que la escucháramos. No era un CD cualquiera, era un CD que contenía música propia compuesta e interpretada por él acompañado de otros brillantes músicos. No salía de mi asombro y no podía creer que la música que sonaba había salido de las mismas manos y de la misma creatividad del director de Gritos en la noche (1961), Necromicón (1967) o Las vampiras (1971).

A Jesús Franco le ha pasado como a otros directores del género de terror en España, han sido ninguneados y se les ha machacado con el propósito de que no hicieran cine; sin éxito porque ellos continuaron haciéndole en el extranjero y cosechando éxitos en países como EE.UU, Francia y Alemania. Porque Jesús Franco ha sabido resistir contra viento y marea todos los envites de la industria cinematográfica (aquella de la famosa Ley Miró) y ahora tras largos años, es cuando se le empieza a reconocer su valía y su mérito, y las instituciones se dan cuenta que no está mal visto hacerle un homenaje a este genio del cine de terror y de serie B español. Franco constituye todo un modelo para una generación de cineastas como Quentin Tarantino y Pedro Temboury. El propio Tarantino le dedicó su primera película, Abierto hasta el amanecer -casi nada-.

Mereció la pena los dos meses que estuve pensando con el número de teléfono escrito en un papel, mirándolo como una tonta si llamarlo o no llamarlo. Creo que fue en un relato de Juan Bonilla, donde leí que tener un número de teléfono siempre es tentador porque quieres marcarlo; en mi caso, fue todo lo contrario: se me metió en la cabeza que cuando lo llamara y lo perturbara de su tranquilidad, me iba a mandar a la porra. Y una vez más me di cuenta que a Jesús Franco no se le puede definir.

Sara: Excéntrico, ácrata, independiente,…Muchos son los que se dedican a poner nombre y calificativo al cine que hacen los demás, y de su cine se ha hablado y se ha adjetivado muy mucho. A mí me gustaría que usted definiera su cine.

Jesús Franco: ¡Maldición! Yo soy el que menos lo puede definir. Lo que sí puedo decir es que hago muchísimas películas, he hecho muchas películas, pienso seguir haciendo... Pero mi cine es una expresión sincera de mi persona. Yo estaba loco por el cine desde que era pequeñito, y entonces, me gustan todos los géneros de cine y todos los estilos de cine y de todos creo que hay cosas muy bellas y muy importantes. Entonces, lo que he procurado es acercarme lo máximo posible a lo que a mí me parece lo mejor. Pero sin que esto signifique que yo haya tratado un estilo o un género. Al revés, porque con la cantidad de películas que yo he hecho, me parecería aburrido hacer casi 200 películas que traten de lo mismo. Sería para pegarse un tiro.

- Entonces, podemos decir que se puede conocer a Jesús Franco a través de sus películas.

- Yo creo que sí. Eso lo han descrito otros hombres. Por ejemplo, hay un escritor americano que se llama Tim Lucas, que es especialista en cine de acción y de terror, que al principio me tenía a mí mucha manía cuando venía al estreno de mis películas y luego se convirtió en un fan enorme. Y ha escrito algo que a mí me ha gustado mucho que dice que toda mi cinematografía es como si fuera una película muy larga, que es la mía. Y eso me gusta porque es verdad.

- Su primera película fue Tenemos 18 años, ¿Cómo comenzó a trabajar en cine?

- Yo ya trabajaba en el cine bastante antes. En aquellos tiempos para que uno pudiera realizar una película, no veas la de cosas que tenía que hacer: 6 películas de meritorio, 3 de ayudante de dirección, 2 de primer ayudante... Entonces, tenías que llevar, por lo menos, dos años trabajando en el cine sin parar para que te dejaran dirigir y eso fue lo que yo hice. La verdad es que me chupé alguna de esas que tenía que hacer de meritorio porque conseguí que me dieran más certificados de los que me había dado; pero, vamos, estuve un par de años de ayudante antes de dirigir. Entonces, cuando ya llevas dos años en la profesión y has trabajado mucho, ya vas viendo un mundo de cosas que te interesan. Y Tenemos 18 años es como una explosión de todas las cosas que más me gustaban en ese momento, menos las que la censura no me dejó ver. También había alguna cosa que la censura no me dejó decir y la prueba es que a la película la trataron a patadas, la clasificaron de la peor calidad, la mandaron al gheto del cine de barrio... La trataron muy mal desde el primer día. Desde entonces, me he llevado mal, sobre todo, con los estamentos franquistas. Y la verdad es que ahora lo llevo un poco mejor, pero un poco.

- Han sido casi 200 películas de todos los géneros las que ha dirigido. Sin embargo, ¿hay muchas películas que se han perdido y que ni usted mismo tiene, no?

- ¿Cómo que se han perdido? No, no se ha perdido ninguna. Hombre, por Dios, me pondría a buscarlas ahora mismo. No, no se han perdido, lo único que pasa es que yo he rodado mucho fuera de España. Es que cuando a mí me empezaron a pegar palos en la censura, como tenía la suerte de hablar idiomas, me moví fuera de España. Incluso ahora mismo que estoy preparando una película que seguramente no va a tener nacionalidad española, solo alemana. Tengo muchos más seguidores en Alemania, Francia, en Inglaterra o en Estados Unidos que en España.

-En 1965 fue director de segunda unidad en…

- ¿En el 35?

- No, no, en el 65. En el 35 todavía usted no había nacido...

-Ah, por eso (risas)

-En 1965 fue director de segunda unidad en Campanadas a medianoche de Orson Welles, ¿cómo fue aquel rodaje? ¿Cuáles son sus recuerdos?

- A mi me llamaron para ser director del segundo equipo. Ya sabéis que en esas películas americanas hay equipo segundo que hace los planos que el director no hace porque no quiere perder el tiempo. Por ejemplo, si el director está rodando con artistas como Jean Moreau, aunque haya un plano como “Atardece en la laguna”, para ese plano no va a perder él el tiempo en ver el atardecer en la laguna, se lo deja al director de segunda unidad, y ese era yo. Y luego, las escenas que no eran con los actores protagonistas, también normalmente, si ese director tan importante tiene confianza en el segundo director para hacer los planos de batallas, carreras y cosas de esas, pues se los deja al segundo director.

Estuve trabajando con Orson Welles durante un año en Campanadas a medianoche y también en La isla del tesoro. De La isla del tesoro se ha hablado mucho menos que de Campanadas porque nunca se acabó. A los productores se les acabó el dinero antes de terminarla y Orson tampoco tenía muchas ganas de continuar. Pero, de repente, un día sí quiso seguirla y había un problema muy grande: cómo había tardado dos años en retomarla, el niño había crecido, había pegado un estirón (risas)... Cuando rodamos era un chavalito de 6 o 7 años. Muy majo, escocés, rubio, con los ojos grandes, pero muy pequeñito y gordito. Y cuando ya podíamos seguir rodando, medía 1’80 cm. En esos países eran tan altos. Porque ahora hay menos diferencia: la gente en España es mucho más alta que en aquellos tiempos.

En este caso, el niño aquel, había pegado un estirón, hasta excesivo. Entonces, Orson dijo que él iba a encontrar a otro niño, y que cuando tuviera el otro niño, repetiría las escenas en las que se notase que el niño no era el mismo. Eso en el libro [Memorías del Tío Jess, Jesús Franco, Madrid, mayo de 2004 Ed. Aguilar], también lo cuento. Es muy gracioso porque Orson nunca subió al barco aquel. Le daba miedo. Eran 160 kilos de hombre - a veces 170, 140- pero vamos, entre 130-180 y era altísimo. Entonces, tenía que subir por una escala de un velero bergantín antiguo, é lo intentó, pero vio que no podía. Y dijo: esto lo rodaremos en estudio, como se hacía antes, ahora ya no se hace.

Franco, King Vidor y Orson Welles
Franco, King Vidor y Orson Welles durante el rodaje de Campanadas
a Medianoche

Portada del libro de Jesús FrancoTodo esto lo cuenta Jesús Franco en su libro, «Memorias del Tío Jess». Orson, de vez en cuando, le recordaba que tenían que seguir La isla del tesoro. Esta película resurgía en su cabeza como un fantasma.

- Su familia está llena de artistas.

- ¿De artistas?

-Sí, claro. Cineastas, escritores, músicos, etc. Sus sobrinos Ricardo Franco, Javier Marías… Es decir, usted ha vivido rodeado de arte

- Sí, pero ese mundo de arte viene de la época anterior. Porque tanto, Ricardo, como Javier o Álvaro. Álvaro Marías es un flautista clásico, es instrumentalista, da conciertos. Álvaro es un tío muy, muy, muy bueno; como músico y como instrumentalista formidable. Y luego está mi otro sobrino, el hermano de Ricardo Franco, que es Carlos Franco, que es uno de los pintores más importantes que hay en España ahora mismo. Él es quien hizo los frescos de la Plaza Mayor de Madrid [a finales de los 80, Carlos Franco Rubio pintó los murales que decoran la Casa de la Pandería y que son alegorías del zodiaco].

Jesús Franco en un momento de la entrevista
Un momento de la entrevista

- Entonces, no nos equivocamos.

- Sí, sí. Y además la obra de Carlos es fácil verla en la Plaza Mayor. Pero insito, que esto era de hace una generación porque esto venía de mi hermana [Lola Franco Manera] la madre de los Marías, que era una escritora espléndida. Pero en cuanto se casó con Julián Marías -que era mi cuñado-, pues empezó a tener niños y dejó de ejercer. Ese es el drama de las mujeres españolas. Qué te voy a decir, si tú lo sabes mejor yo.

- Bueno, no es lo mismo. Tengo la suerte de no haber vivido esa época

- Muy bien. Pero hoy incluso en esta época la vida es dura. Pero, vamos, quiero decir que en aquella era imposible. Mi hermana era una escritora espléndida, y solo escribió un libro muy gordo, y el prólogo lo hizo Ortega y Gasset. Y luego, después mi hermano Enrique, que me enseñó música y me hizo nacer el gusto por la música, sigue siendo el crítico de El País de música sinfónica. He estado rodeado de un ambiente artístico toda mi vida. Mi abuelo materno, que era cubano, es el autor del himno de Cuba, y era un gran músico, hizo unas ediciones que luego han tenido mucha resonancia. Por ejemplo, fue el primero que escribió las coplas cubanas tradicionales, con la música y las letras.

- Entonces, ese ambiente cultural y musical le ha influido de alguna manera en su cinematografía.

- Claro, lo que pasa es que paralelamente con todo eso me gustaba ir al cine y he hecho cine. Me entusiasmaba la idea de hacer una película. Y siempre tuve claro, desde el primer momento, que iba a ser director de cine Pero resulta que antes aprendí música y música jazz. He hecho mucha música, pero no me gustaba como tal el ejercicio de la música. Ahora es diferente: compones tres cancioncitas de mierda y eres famoso. Yo he estado en la misma orquesta de un hombre que compuso las canciones más famosas de aquel tiempo. Hoy en día sería multimillonario porque compuso La barca lechera, María Dolores o Santa Cruz. Tenía éxito en el mundo entero y él seguía viviendo en un piso que tenía en la calle Mayor.

El ejercicio de la música para mí se compone en que duermes hasta las tres de la tarde, te despiertas, haces unas escalas para que te suene la trompeta por la noche, comes, te pegas 6 güisquis y te vas a trabajar. Luego sigues bebiendo durante la noche y después, te vas a dormir. Yo vi muy claro que me gustaba mucho esa música pero que no me iba la vida en ello.

El cd de Jesús Franco
El Cd de Jesús Franco

- Como gran músico y admirador del jazz uno de sus grandes seudónimos ha sido Clifford Brown -si no me equivoco-.

- Exacto, el primero que usé.

- Pero también me gustaría preguntarle si Daniel White es la misma persona que Jesús Franco.

- No, por Dios, pobrecito (risas). Mira, si yo fuera Daniel White no podría estar hablando con vosotros aquí, porque tendría 101 años por lo menos. Y aunque estuviera vivo estaría balbuciendo.

Daniel White era un compositor escocés, un músico estupendo y una persona encantadora que vivía en París, pero estaba muy orgulloso de ser escocés. Y creo que este hombre la primera profesión que tuvo fue ser pianista y acompañante de Edith Piaf, a comienzos de los años 30. Y claro yo a principios de los años 30 no podía acompañar a nadie, porque no existía. Entonces, es muy fácil decir, como Jesús Franco ha usado muchos seudónimos este de Daniel White será suyo. Fíjate, Daniel White que se murió hace poco, era consejero delegado de la sociedad de autores francesa. Era un músico maravilloso, no solo escribió música de jazz, sino que también compuso la banda sonora de más de 100 películas; además de música sinfónica para ballets y conciertos.

Lo que yo creo es que eso debe ser alguien de internet que ha debido decir esta tontería. ¿Por qué preguntas esto?

- Bueno, simplemente porque como White ha colaborado en la música de sus películas pensaba que cabía la posibilidad de que fuera usted mismo, dado que ha acostumbrado a firmar con múltiples seudónimos.

- Si tenéis tiempo después, cuando acabemos la entrevista, os voy a poner música de un CD que he recuperado. Yo tenía unas bases que habíamos grabado hace 25 años Daniel y yo y sobre eso se hizo un Long Play de Jazz en el que por última y única vez se me oye a mí tocar la trompeta y a Daniel hacer unos solos de piano maravillosos. Entonces, esa es la prueba irrefutable de que no somos la misma persona.

Y así fue como escuchando aquella maravillosa música, me di cuenta de que no había ido a conocer al cineasta, sino que me encontré con un maravilloso músico hasta entonces desconocido.

Continuará...

Agradecimientos: a Pedro Temboury por ser quien me dio el contacto; a mi hermana Lydia Rodríguez por hacer algunas de las fotos y al joven director de cine Raúl Sánchez Mancilla por grabar la entrevista con cámara.

Y como no, a Jesús Franco y a su esposa Lina Romay por la atención que nos dispensaron y por ser tan maravillosos.