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Cine Braille

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Todos estos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia

EL ESPACIO ES EL LUGAR - PARTE II DE II

Este comienzo de 2024 en nuestras tierras argentinas es un gran, gran momento para rever o, mejor aún, descubrir temas del pop, rock, ambient y hasta jazz de vanguardia anglosajón que tengan que ver con el espacio interplanetario y con seres extraterrestres. No por una pura maniobra de evasión, sino más bien como un momentáneo refugio en la creatividad y la fantasía, un alto en el camino en donde recuperar fuerzas para enfrentar mejor una realidad distópica. (Cuánto vale poder sacar la cabeza de la porquería de todos los días y respirar algo de aire puro ¡volver a sentir ganas de vivir!). Desde febrero de 2016 hay una lista similar en este portal pero dedicada al rock argentino: el presente informe en dos partes abarca un universo mucho más grande y, diría, inabordable, así que tomen esta lista como una de tantas posibles.

 

PARTE DOS: 1977-2021
(Viene de aquí)
Reiteramos que se excluyeron las canciones (muchísimas) en las que la referencia a elevarse al orbe de los planetas y las estrellas se limita a ser una metáfora, ya bastante gastada, del enamoramiento o el clímax erótico, como Fly me to the moon de Frank Sinatra o Spaceship coupe de Justin Timberlake o Venus de Lady Gaga, o el conocer a un ser que no es de este mundo como metonimia de una persona endiosada por el enamoramiento, como ET de Katy Perry o Alien de Britney Spears o Cosmic girl de Jamiroquai o Star Wars de Ryan Adams & The Cardinals. También aquellas en las que la referencia al espacio interestelar es más bien espiritual o mística, como en Across the universe de los Beatles, o es el tema de las películas que un personaje solitario ve en el cine, como Life on Mars? de David Bowie, o es una cifra de la cualidad única y original de un personaje, como en Ballrooms of Mars de T.Rex. También esos temas de Muse en los que las referencias al cosmos son apenas pinceladas de un verso o dos, como Starlight, Supermassive black hole o Knights of Cydonia. También nos limitamos al ámbito anglosajón: dejamos tal vez para otro informe a artistas como el italiano Meco, o los franceses de Air, o los alemanes de Tangerine Dream o Eloy, o los húngaros de Omega.

 

Close encounters of the third kind. John Williams, 1977. En esta película de Steven Spíelberg, un motivo musical de cinco notas, re-mi-do-do una octava abajo-sol, se convierte en la clave de la comunicación con una civilización que nos comenzara a visitar hace décadas: un eco de la armonía musical de las esferas de los pitagóricos. En una secuencia famosa hay incluso un duelo interestelar de sintetizadores, cual Robert Fripp y David Cross de King Crimson en las giras de presentación de Larks' tongues in aspic, y esta lista estaría groseramente incompleta sin incluirlo.

 

Cygnus X-1. Rush, 1977-78. Llegó un momento en la historia del rock progresivo en que a las bandas ya no les alcanzaba un solo álbum para sus larguísimas suites dignas de un audiófilo Matusalén. Rush dividió Cygnus X-1 en dos partes, la corta, de módicos 10 minutos 25 segundos al final del disco A farewell to kings de 1977 y, ya en 1978, abriendo Hemispheres, los 18 minutos y un suspiro de su conclusión. "Dos partes" es una simplificación: la primera tiene un prólogo y tres secciones diferenciadas, la segunda un preludio y cinco segmentos. Cygnus X-1 es un agujero negro situado, por suerte para todos nosotros, a unos muy lejanos 7300 años luz de nuestro planeta. En la obra de Rush, el tripulante de una astronave llamada Rocinante, como la sufrida cabalgadura del aún más sufrido Don Quijote, intenta averiguar si se puede pasar a través de ese infierno gravitatorio, y en el intento su cuerpo es convertido en radiación: quiero decir que se murió. En la segunda parte, la mente errante del desafortunado alcanza el Olimpo, donde impera la grieta entre Apolo y Dionysos: la Razón contra el Amor, o la armonía, la claridad y la individuación contra el caos, el éxtasis y la indiferenciación en la unidad. El etéreo recién llegado, "desencarnado" como dijera de sí un legendario líder político, logra demostrar la parcialidad y complementariedad de ambos hemisferios del ser, el amor a la verdad y la verdad del amor, y en agradecimiento es ungido como una nueva divinidad, Cygnus, el Dios del Equilibrio. ¡Si algo no le faltaba a los tres Rush, aparte de excelencia en la ejecución de sus instrumentos, es osadía!

 

Space junk. Devo, 1978. En este tema de la placa debut de esta banda de Ohio, grabada en Alemania bajo la tutela de Brian Eno y David Bowie, hallamos un antecedente de Aquella solitaria vaca cubana de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota. El narrador presencia cómo una mujer llamada Sally es golpeada y muerta por "basura espacial". Un portavoz del NORAD, el Comando de Defensa Aeroespacial conjunto de Estados Unidos y Canadá, surge en medio de la canción informando las locaciones en que se ha registrado este daño colateral de la conquista del espacio en "vísperas de Navidad", entre las que incluye a Cuba: un caso real. ¡Hasta sabemos que la vaca se llamaba Rufina!

 

Waiting for the UFOs. Graham Parker, 1979. En esta canción pop bien new wave, de un cantautor inglés al que es costumbre considerar como un Elvis Costello que no tuvo suerte, los extraterrestres de los elusivos discos volantes ya no son temidos, sino deseados como revulsivos de la mediocridad cotidiana: "¿eso es una luz en el cielo o una chispa en mi corazón?". Estamos "esperando a los OVNIs / sabemos que están ahí" porque nuestras vidas no valen la pena, "nos morimos por ser invadidos y echarle la culpa a algo concreto". La melodía es muy linda y la letra es genial, uno de los mejores descubrimientos que hice compilando esta lista.

 

There's a moon in the sky (called the Moon). The B-52's, 1979. ¿Cuál es la gracia de armar una lista si no se puede incluir a los B-52s? La letra del tema lista nombres propios relacionados con el cosmos sin mayor hilación, salvo algunas frases sueltas que pintan el concepto: "si estás en el espacio exterior / no te sientas fuera de lugar / porque hay otros miles como vos", para concluir diciendo "esta es la era espacial / por favor no te preocupes". Podríamos decir que la contagiosa energía bailable del tema ya lo estaba diciendo desde el comienzo, desde versos de apertura conceptualmente correctos pero que suenan absurdos como "hay una luna en el cielo / se llama la Luna". En una de sus últimas entrevistas, John Lennon fue muy elogioso con la banda y con su álbum debut, que incluye esta canción y abre con otra de temática similar, un clon musical de Peter Gunn de Henry Mancini, Planet Claire. Aquel astro que "tiene aire rosa / todos los árboles son rojos / nadie muere allí / nadie tiene cabeza". En la placa siguiente hay un cuasi instrumental, de letra mínima, casi un mantra, llamado 53 miles west of Venus.

 

Walking on the Moon. The Police, 1979. Hay una conexión sinestésica entre los saltos repetidos de los astronautas intentando caminar sobre la superficie lunar y las músicas que utilizan mucho el efecto de eco, como el dub y el reggae. Sting contó que pensó en la primera novia que había tenido, en cómo volvía a los saltos de su casa, como "caminando sobre la luna", con "los pies apenas tocando el suelo". Los "pasos de gigante" del primer verso son una referencia al célebre epigrama de primer humano que caminó sobre la Luna, Neil Armstrong: "un pequeño paso para un hombre, un salto gigantesco para la humanidad". Se cumplían diez años del alunizaje y la canción proponía un nuevo asombro, pero ya no por la hazaña astronáutica sino por la calidad de la interpretación de Stewart Copeland en la batería.

 

Flash's Theme. Queen, 1980. La banda se tomó bastante en serio el desafío de componer el tema principal de una ópera espacial camp que pretendía volver a traer al primer plano, tras el éxito de Star Wars, al que en definitiva era uno de los personajes que definieron el género cincuenta años antes: Flash Gordon. La canción tiene una parte tercera de una gravedad y potencia que contrasta con la liviandad pop de la película dirigida por Mike Hodges y producida por Dino de Laurentiis, filme arquetípico de la TV de entretenimiento masivo de los sábados a la tarde de décadas idas: única razón por la que se repite una banda en este artículo. Peter Wyngarde, un actor de rostro característico, interpreta a un personaje... enmascarado. Max Von Sydow, actor de nada menos que El séptimo sello o incluso El exorcista, se debe haber divertido mucho como el recargado tirano Ming El Despiadado. No recomiendo buscar imágenes de Ornella Muti como la hija de Ming, la Princesa Aura: chicos, no hagan eso en sus casas.
 
Ticket to the moon. Electric Light Orchestra, 1981. Lindísima balada de Jeff Lynne, con un comienzo a piano y voz que más tarde incorpora una sección de cuerdas, y luego hacen entrada el bajo, la batería y los coros. El narrador bien podría estar en nuestro tiempo, porque recuerda los años ochenta como una época "sin complicaciones" y quisiera retornar a ella. Tiene un boleto a la luna pero preferiría "ver el sol salir en tus ojos". Hay una imagen poética un poquito melodramática porque tal vez Jeff estuvo viendo alguna telenovela de Migré: "estaré saliendo sobre la tierra tan pronto / y las lágrimas que lloro podrían convertirse en la lluvia / que suavemente cae contra tu ventana / nunca lo sabrás". Esta canción fue editada como simple junto a Here is the news, una especie de telediario del año 2095. Ambas canciones nombran a un "Satélite Dos", que en Here is the news se está rompiendo, así que "mirá cuidadosamente, podrías ser vos, vos, vos, vos". ELO ya había incluido una especie de astronave en la portada de su álbum A new world record, desarrollado a partir del logo de la banda en la tapa de Out of the blue.

 

Books about UFOs. Hüsker Dü, 1985. A diferencia del cine de los años ochenta, la música de aquellos años no parece llevarse bien con el espacio exterior o los alienígenas. Estaba costando encontrar canciones al respecto, y tuvimos que esperar hasta mediados de la década, al tercer disco de este trío punk de Saint Paul, Minnesota, en el que bajan un par de cambios del hardcore a un punk-pop con melodías agradables, y hasta incluyen un piano en esta canción. El narrador cuenta que camina un día soleado hasta una librería para ojear las novedades de la sección dedicada al espacio exterior y, al regreso, tras comprar unas naranjas en la frutería, ve a la real protagonista del tema. Ella está sentada en una silla playera en el techo de su casa, mirando fijamente al cielo, porque "en alguna galaxia lejana / algunos seres grises con telescopios / están mirando directamente a sus ojos". El narrador se propone "encontrar un nuevo planeta / y darle el nombre de ella". El foco en esta canción ya parece estar menos en el espacio interestelar o en las inteligencias que puedan habitarlo que en los extraños humanos que se interesan por las aristas más sensacionalistas de esos temas.

 

The final countdown. Europe, 1986. La quintaesencia del pop cheesy, para los argentinos grasa, para los españoles cutre, en el que tanto les gusta ejercitarse a los escandinavos. "La última cuenta regresiva" es la de una expedición a Venus, un destino bastante poco común en las últimas décadas debido, como ya vimos hace poco, a haberse descubierto su carácter literalmente infernal. La parte del comienzo en sintetizadores eclipsa al resto del tema, un rock al galope más característico de la banda que esa introducción que rezuma años ochenta.

 

The happening. Pixies, 1990. Ya estamos en la década de los X-Files. ¡Vuelven los ET! Hay un rancho que se llama "51", el Área 51, escondido del mundo: una referencia misteriosa en el efusivo comienzo. En el tranquilo recitado final nos enteramos de que un conductor paseaba junto al Gran Lago Salado y algo apareció en el cielo y su mente se puso en blanco. Después encontró a los tripulantes de una astronave poco menos que haciendo dedo, y los llevó lo más feliz por la ruta, tan feliz que, cuando el tránsito pesado hizo imposible avanzar, siguió por la arena del desierto y aún el barro cuando comenzó a llover. Ya estamos en los años noventa, y los medios ya no le preguntan a los astronautas qué camisas prefieren, como hace veinte años en Space oddity: ahora los visitantes de otro mundo acaban entrevistados en la radio y encabezando el elenco de un show en Las Vegas. Extrañísima y disfrutable gema.

 

Man on the Moon. R.E.M., 1992. La referencia al Apolo XI aquí es bastante lateral: la canción está dedicada al comediante Andy Kaufman, y en especial a los rumores acerca de que su muerte en 1984 fue fraguada, una creencia absurda que Michael Stipe relaciona con la creencia igualmente absurda de que el alunizaje del 20 de julio de 1969 fue un montaje. Como si los soviéticos, que llevaban una década compitiendo con los norteamericanos por poner el pie en la Luna, y hasta llevaron claramente la delantera hasta 1966-67, se hubieran privado de difundirlo a los cuatro vientos de haberlo comprobado. Como si en una conspiración semejante, que necesariamente hubiera involucrado a miles de personas, pudiera no existir un solo bocafloja. ¡Los crédulos hasta la estupidez son ustedes los conspiracionistas, no los demás!

 

The songs of distant Earth. Mike Oldfield, 1994. Álbum conceptual en el que el artista británico musicaliza la novela homónima de Arthur C. Clarke. A mediados del siglo XX se descubre que hacia el año 3600 la Tierra será destruida por la explosión del Sol, algo improbable en un plazo tan breve pero buen punto de partida para una creación. La humanidad se afana por siglos en descubrir métodos para salvar a la especie, esfuerzo coronado por el éxito. Estamos en 3800 en el remoto mundo oceánico de Thalassa, al que un grupo de expedicionarios ha poblado desde una astronave en la que viajaron como meros embriones, desarrollados como humanos por medio de robots madre. Otra astronave llega a los pocos siglos, trayendo centenares de miles humanos en animación suspendida, y pronto emergerá un conflicto entre ambas poblaciones.

 

Jupiter crash. The Cure, 1996. Entre el 16 y el 22 de julio de 1994, las decenas de fragmentos en que se había despedazado el cometa Shoemaker - Levy 9 se precipitaron sobre el terrible Júpiter, desintegrándose y dejando apenas unos claros momentáneos en su atmósfera... y eso fue todo. En esta balada de Robert Smith, ese pirotécnico accidente cósmico que apenas dejó huella sucede en paralelo a un romance fugaz, que llega y se va, "y eso fue todo".

 

Space travel is boring. Modest Mouse, 1996. James Ballard había afirmado ya en los años sesenta que la conquista del espacio interplanetario pronto aburriría a la humanidad y se convertiría en una moda pasajera. Modest Mouse, una banda indie del noroccidental estado de Washington, bien podría haberle puesto música a esa idea: una chica gana un viaje a "una luna distante" para ser la única persona "en todo el maldito lugar". La imagen "le dieron un espejo para que pudiera hablarle a una cara" ya lo dice todo: "ella se sintió muy sola pero ese era el punto". Con el tiempo, "ella comenzó a oir voces", "ella sabía que podía enloquecer pero no pensó que tan pronto". Otro astronauta, un hombre, es enviado a la Luna pero "estuve ahí media hora / quiero volver a casa pronto". En algunas canciones se hablaba de la conquista de del espacio interplanetario como una oportunidad de fugarse de una realidad intolerable. Modest Mouse nos propone en este tema la otra cara de la apuesta: ¿qué pasa si sale mal?

 

Subterranean homesick alien. Radiohead, 1997. En este tema de sonoridad tan extraña que parece una canción de cuna extraterrestre, Thom Yorke canta acerca de un chico que vive una vida abúlica en una ciudad de provincias y que sueña que, en cambio, los alienígenas la pasan bien allá en los cielos. El narrador ansía la posibilidad de lo extrardinario, de lo trascendente: que lo lleven con él para que le muestren "el mundo como me encantaría verlo". Quiere contárselo a los amigos, pero se da cuenta de que no se lo van a creer, "pensarían que finalmente desvarié por completo". "Les mostraría las estrellas / y el sentido de la vida / Me encerrarian / pero yo estaría bien". Una nueva iteración de la idea del espacio exterior como ámbito de libertad, de huida de la muerte del alma que impera en la vida de todos los días: no otra cosa es este informe, además. Spaceship de Kanye West desarrolla la misma idea pero con menos vuelo.

 

Christmas on Mars. The Flaming Lips, 2008. Wayne Coyne, Steve Drozd y sus amigos no se la iban a perder: después de todo, ya tenían un tema llamado Approaching Pavonis Mons by Balloon (Utopia Planitia). Rodaron un filme que cuenta la primera Navidad en un Marte recién colonizado, y ésta es su banda de sonido. El protagonista es el mayor Syrtis, un juego de palabras con un accidente geográfico marciano, la Planicie de Syrtis Major. Syrtis organiza la fiesta por el nacimiento del primer niño en Marte, justo un 25 de diciembre: acontecimiento que ha sido inducido artificialmente para simbolizar el comienzo de una nueva era regida por la ciencia. Hay un Papá Noel de ocasión representado por un personaje que resulta ser un marciano de piel verde a quien todos creen un humano maquillado. Y todo así.

 

Spaceman. The Killers, 2008. Este lindo tema pop nos presenta una abducción en la primera estrofa, en la que el narrador es sorprendido en su cama por una "luz baja". Tras ser objeto de un análisis de sangre es "cortado y abierto" con lo que, como a cualquiera le sucedería, pierde todo el entusiasmo que había demostrado inicialmente en "dejar este mundo de mala estrella atrás". El "hacedor de estrellas" le dice que "no está tan mal / el hacedor de sueños te enloquecerá", pero "el hombre del espacio dice / 'todos miren para abajo / todo está en sus mentes'". Después de esta aventura enigmática el abducido, de regreso a casa, contempla su vida con cierto desengaño, como si hubiera perdido algo al volver, por más que "estoy bien / pero a veces escucho aquellas voces por las noches". Su desorientación es patente: "mi GPS responde a mi voz / dicen que el Nilo solía correr de este a oeste". También la nuestra: nos queda claro, por la repetición final, "todo está en mi mente".

 

Andromeda. Paul Weller, 2010. El líder de The Jam y The Style Council le canta en esta balada orquestada a una persona agonizante que abandona un planeta también agonizante, "oscuro y quieto". Andrómeda, que en el contexto de la canción podría ser también una persona amada, es una galaxia espiral muy similar a la nuestra pero bastante mayor. Ambas galaxias se acercan rápidamente: en unos pocos miles de millones de años los brazos espirales de Andrómeda podrán ser percibidos a simple vista desde la Tierra, y en unos 5860 millones de años ambas galaxias acabarán de fusionarse. Dadas las abismales distancias entre las estrellas, es de suponer que este evento espectacular no ocasionará mayores perturbaciones: tal vez algún que otro sistema estelar particularmente desafortunado acabe desorganizado por el tránsito cercano de otra estrella, con sus planetas saliendo disparados de su órbita o cayendo en su sol. Para el Universo, un accidente irrelevante.

 

Contact. Daft Punk, 2013. No son anglosajones, pero no pueden faltar. Random access memories, la despedida discográfica del dúo francés, tiene varios momentos que rondan la ciencia ficción, como Touch o el instrumental Motherboard, que suena a música ambiental para los concurrentes a la cafetería del Enterprise. (Es como si lo estuviera viendo: "para el señor Spock una lágrima y para mí un café doble, solo. Y cuatro medialunas de manteca"). Pero el tema que elegí es aquel con el que cierra el álbum, Contact, un instrumental con varias partes, casi un homenaje musical a la película 2001, un A day in the life protagonizado por un astronauta. Comienza con la voz del último ser humano que caminó sobre la Luna, Eugene Cernan, anunciando al control de Tierra que hay un objeto brillante y grande fuera de su Apolo 17. (Calma loquitos, no era una nave extraterrestre, sino los restos de una fase del cohete que impulsara al Apolo 17 fuera de la atmósfera terrestre). La estructura es compleja, típica del rock sinfónico, con una introducción a cargo de un órgano, efectos de sonido, una sección entre electrónica y psicodélica con una batería feroz a cargo de Omar Hakim en que la música asciende como si fuera un cohete, se llega a un corte, y en el final hay una coda muy calma, pinkfloydiana, que comienza con una guitarra acústica, luego se suman diversos teclados y sintetizadores, bajo y batería, para irse en fade. El paralelo con el final del 2001 es tan evidente que, como vemos aquí, a varios se les ocurrió musicalizarlo con este temazo. Digo varios porque los videos suelen ser frecuentemente alcanzados y derribados por la impiadosa artillería láser de los propietarios de los derechos del filme y de la música...

 

Tranquility Base Hotel & Casino. Arctic Monkeys, 2018. La idea del álbum conceptual es genial: un hotel y casino para millonarios en el Mar de la Tranquilidad, a pasos del lugar donde se produjo el primer alunizaje, al que acude el líder de una ficticia banda llamada The Martini Police. (En la omnipresente 2001 hay un hotel Hilton Space Station 5). Musicalmente la banda parece otra: adiós las guitarras omnipresentes y las progresiones de acordes habituales y la estructura de versos y estribillo, bienvenida una paleta de estilos sonoros que nos llevaría más tiempo escribirla que llegar a la Luna. Nuestro satélite ya no es objeto de un viaje que pretende explorar los límites de la experiencia humana: ahora es un fetiche consumista más.

 

Space. Murder By Death, 2018. Podría ubicar, en el final de este informe, a la balada cuya letra explica mejor qué es el espacio interplanetario: un vacío mortal atrozmente indiferente a algo tan elemental como una forma de vida, y que al protagonista le parece un ser viviente aterrador. Contempla desde la escotilla de su astronave el espacio "arremolinado y ensordecedor" hasta que decide salir, "al vacío / no hay sonido / la oscuridad está por todos lados". Space integra The other shore, un álbum conceptual de esta banda indie de Kentucky acerca de una Tierra agonizante y las opciones de supervivencia que se le abren al ser humano.
También podría hacerlo con una nota más amable. Space queen, de la misma banda, editado en 2020, presenta a un viajero interplanetario que es rescatado de su naufragio por una verdadera "reina espacial", que se presenta preguntándole "¿damos un paseo?" El náufrago interestelar se enamora de su salvadora, "en mi búsqueda de vida inteligente / nada como vos ha cruzado delante de mis ojos". La pareja vuelve a un Tierra "hórrida / ira y codicia, angustia y miseria", pero por suerte "nos teníamos el uno al otro". Pero el gran amor se fue apagando y el narrador comenzó a extrañar la adrenalina del espacio exterior. Reconstruyó su astronave y partió a las estrellas. El final es satírico: una banda elástica gigante colocada por la reina espacial impidió que el fugitivo se alejara, lo atrajo de regreso a la Tierra pero con tanta fuerza que "pasé a través de la corteza terrestre / a través del manto / a través del núcleo / y salí del otro lado / rompiéndome cada hueso del cuerpo".

 

Coloratura. Coldplay, 2021. Un cierre progresivo y espacial para un disco de una banda pop, y para este informe tan extenso. (La banda ya había orillado el estilo hacía ya lustros, con X&Y). Coloratura empieza en un ámbito natural, "cayendo a través de las nubes" para enseguida remontarse a los cielos donde sondas como la Pioneer o la Voyager surcan el espacio de lunas como Calisto, planetas como Neptuno, cuerpos celestes misteriosos como "Oumamama", regiones como la heliopausa o estrellas como Betelgeuse. El marco le sirve a Chris Martin para modular en clave cósmica el legado de los Beatles en The End: "en el final, todo es cuestión / del amor que des".

 

 

Es posible que haya una tercera parte de esta nota, que se llamaría El Espacio es el Lugar Parte III: Yo Hago Mejores Listas Que Vos, en la que se incluirían todas las canciones cuya ausencia indignase a los lectores.