CAPÍTULO 11
(Donde la sabiduría del
Apóstol enfrenta el desafío de la inocencia) (1)
Viene
del Capítulo Anterior
Un día vio el Apóstol a un grupo
de niños que jugaba en la puerta de un edificio. El Apóstol se acercó a ellos
y les convidó caramelos. Luego les preguntó a qué jugaban. Uno de los chicos
le contestó: “con Susanita jugamos a los entomólogos. Ella me muestra su arañita
y yo le enseño mi mangangá”. Otra chiquita le dijo: “con Miki jugamos al dentista.
Yo tengo una caries, y él me pone el torno en la boca”. Otro respondió: “yo
juego a los doctores con Paula. Yo juego a ser proctólogo y ella a ser forense”.
Cuando las tiernas criaturas se alejaron, el Apóstol notó que le faltaba la
billetera y que le habían orinado los pantalones. Con preclara sabiduría,
que denotaba un profundo conocimiento de la psicología infantil, el Apóstol
pronunció la frase: “estos chicos...”
(Continúa)
(1) El lector puede saltear la lectura de este capítulo,
a los efectos de un mayor disfrute de la obra.
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