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Cine Braille

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Todos estos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia

ALF

Serie norteamericana emitida por la cadena NBC en cuatro temporadas y 99 episodios, 1986-90. Ideada por Tom Patchett y Paul Fusco.

 

La idea de que un supuesto viajero describa sociedades imaginarias y estrafalarias con el fin de satirizar por vía indirecta a su propia sociedad es muy antigua, tanto que ese loco genial que fue Luciano de Samosata ya la satirizaba a su vez en Historia Verdadera, una extraordinaria obra del siglo II en la que algunos incluso ven una precursora de la ciencia ficción. Un olvidado genovés del siglo XVII llamado Giovanni Marana, anclao en París por razones políticas, dio con una vuelta de tuerca brillante hacia 1684: imaginó un espía turco describiendo a sus asombrados y tal vez desconfiados corresponsales en Constantinopla la para todos ellos exótica sociedad parisina, para reflexión, carcajada o indignación de... los lectores parisinos de Marana. El recurso fue recogido, mejorado y popularizado por el Barón de Montesquieu unas décadas después con sus famosas Cartas Persas, que fueron editadas en 1721, y a partir de entonces fue utilizado muchas veces en la literatura y mucho después en el cine y aún la televisión: quién diría que una serie como ALF podía contar con semejante prosapia. (ALF por "Alien Life Form", "forma de vida alienígena").
Un sarcástico extraterrestre peludo escondido en una casa de clase media de los suburbios de una ciudad de los Estados Unidos en los años ochenta: la premisa ya garantizaba al menos que el proyecto no terminaría en la trituradora de papel de un estudio. El alienígena originario de Melmac demuestra un total desconocimiento de las normas tácitas que hacen que nuestra sociedad siga existiendo, mal o bien, y su largo aprendizaje de la vida en la Tierra nos permite ver con otros ojos esas normas tácitas que hacen que nuestra sociedad siga existiendo, mal o bien. ¿Por qué nos escandaliza que alguien encuentre irresistible la idea de matar un gato para comérselo y no que se sacrifique y carnee a otros mamíferos inteligentes como los cerdos? ¿Tan locos están los asiáticos orientales, que consideran un manjar la carne de perro y utilizan a gansos como guardianes? ¿Cuánto hay de arbitrario y cuánto de racionalmente defendible en estas convenciones culturales? ¿Qué respeto merece una norma cuyo fundamento es básicamente una arbitrariedad? ¿Es tan disparatado que los funerales melmacianos sean festivos? Ah, qué lindo si a los creadores de ALF se les hubiera ocurrido ser lo que fueron Los Simpson en los noventa. Porque no lo fueron: la serie se sintió muy cómoda siendo una comedia blanca apta para todo público y en menos de cinco años era historia. Bueno, no es poco, dejó una catchphrase buenísima como "¡no hay problema!"
El encargado de poner límites a ALF (Paul Fusco) es el pobre padre de familia Willie Tanner (Max Wright), un tímido, correcto y aburrido trabajador social, la contracara perfecta del visitante: en un capítulo en el que el alienígena y Willie deben intercambiar personalidades para exponer la forma en que ambos se perciben con el fin de mejorar su relación, ALF se burla inolvidablemente de Willie proponiendo en su nombre que todos se diviertan jugando "a conjugar verbos". Pero Willie encuentra en ALF un estímulo para salir de su comodidad burguesa y recuperar sus locuras de juventud, y allí es donde debe aparecer, como último guardián del sentido común, la esposa de Willie, Kate (Anne Schedeen). La pareja tiene dos hijos al comenzar la serie, la bella y dulce adolescente Lynn (Andrea Elson) y el mejor amigo y compinche de ALF, Brian (Benji Gregory) y hacia el final de la tercera temporada nace un tercero, Eric (Charles Nickerson). Por último pero no por ello menos importante, los entrometidos vecinos, el matrimonio Ochmonek (John LaMotta y Liz Sheridan). Liz, que ya había tenido sus minutos de fama al conocerse que había sido la primera novia de James Dean, se haría aún más famosa como Helen, la madre de Jerry Seinfeld en Seinfeld.
Hubo un capítulo en el que ALF intentó convencer al Presidente de Estados Unidos del peligro que representaban las armas nucleares, un viejo lugar común del diálogo entre terrestres y visitantes del espacio exterior. Otro es una parodia de La ventana indiscreta, así como debemos a la aparición de una monstruosa cucaracha melmaciana unos divertidos guiños a Alien y Tiburón. En otro episodio ALF, enamorado de La Isla de Gilligan, soñó con sus personajes, y eso nos permitió ver a Gilligan, el Capitán, el Profesor y Mary Ann demoliendo el gardeliano proverbio de que veinte años no es nada. Y en otro, incluso sospecha ser vecino de muy vivo Elvis Presley. La serie se hizo popular entre los niños, lo que se convirtió en un paradójico dolor de cabeza para sus productores, porque a las criaturas norteamericanas se le daba entonces por meter a sus gatos en el microondas o beber cerveza como su peludo héroe.
Los problemas de trabajar con marionetas convertían a las escenas en loterías, porque era raro que todo saliera bien de primera toma. Las jornadas de trabajo eran muy extensas para una mera serie semanal de treinta minutos, lo que hacía que el clima de trabajo fuera bastante malo. Max Wright ni siquiera se despidió después de la última escena que grabó y se retiró en silencio, liberado por fin de un trabajo al que odiaba.