CAPÍTULO 16
(Donde el Apóstol Catódico
continúa sembrando las semillas de la salvación y derrotando a los pérfidos
enviados del Demonio) (1)
Viene
del Capítulo Anterior
Tanta fama adquirieron
los poderes del Apóstol, que sus encuentros con las Fuerzas del Mal comenzaron
a ser transmitidos por TV codificada a todo el país, y vía satélite, a toda
América. El Apóstol Catódico desafiaba a los enviados del Averno a enfrentarlo,
cada domingo, sobre un ring ubicado en el Luna Park, bajo el imparcial arbitraje
del recordado bombero William Boo. Los fondos recaudados eran destinados a
la obra de caridad de la Orden
de los Pastores Mediáticos, que en ese entonces construía una réplica del
Hotel Sheraton para albergar a los pobres niños ricos que tenían tristeza.
En una oportunidad, el Apóstol Catódico
fue desafiado por un demonio que salió del equipo de audio del Luna Park,
cuando por error se pasó al revés la cinta que contenía la grabación del jingle
de la Orden. El
demonio se materializó sobre el ring, adquiriendo el aspecto del baterista
de Kiss, Peter Criss. El Representante del Infierno trató de impresionar a
su rival pisando pollitos vivos, pero el Apóstol Catódico, el Apóstol de las
Madres y las Novias, convirtió a los pequeños gallináceos en burdas imitaciones
de goma, que pasaron a formar parte del merchandising
de la Orden. Furioso,
el demonio se convirtió en siete demonios iguales. El Apóstol, con serenidad,
le dijo simplemente. “multiplicarse es baladí; lo verdaderamente difícil es
volver a juntarse”.
Herido en lo más profundo de su malvado ser,
el Comisionado por el Maligno volvió a convertirse en uno solo. Entonces,
el Apóstol lo empapó con el agua bendita oficial de la Orden, quitándole todos sus
poderes. Luego lo condenó al terrible sino de luchar, por siempre, en las
peleas preliminares a la actuación del Apóstol, sin esperanzas de ser parte
del combate de fondo.
Con un pie sobre la espalda de su rival,
el Apóstol exhortó a la multitud a comprar solamente el agua bendita Sprayette,
que lleva el sello oficial de la Orden. “Eviten imitaciones”, concluyó, mientras
anunciaba que en unos minutos iba a comenzar a celebrar el oficio central
de la festividad de Pascua, que incluía la elección de Miss Semana Santa.
(Continúa)
(1) El lector puede saltear la lectura de este capítulo,
a los efectos de un mayor disfrute de la obra.
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