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ELECCIONES 2015: CÓMO SERÁ LA CAÑADA QUE EL CHANCHO LA CRUZA AL TROTE (Octubre de 2015)

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POR QUÉ SGT. PEPPER ES SGT. PEPPER Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, álbum del que en estos días se cumplen ¡cincuenta! años de su edición, no es ni siquiera indiscutible como el mejor disco de los Beatles, una distinción para la que Rubber Soul, Revolver, el Álbum Blanco o Abbey Road tienen también argumentos de peso a su favor. Tampoco es indiscutible como el mejor disco de la historia del rock: el canon rockero de un fan del heavy metal no tiene mucho que ver con el de un cultor del rock sinfónico, o del punk, por no hablar de que varios subgéneros del pop no se dejan definir fácilmente como rock, como es el caso de la música disco. Cierto es que ello implica reconocer que el gusto personal juega un papel importante en estas santificaciones que nos entretienen tanto, o al menos simulamos que nos entretienen tanto, pero al fin y al cabo es lo que ha sucedido siempre, sólo que en la definición de un canon del rock pesan más las opiniones de, digamos, Jarvis Cocker o Greil Marcus que las de un inconstante bloguero del rincón sudeste de la mera provincia de Buenos Aires. Es por eso que toda revolución artística implica también una reconsideración más o menos radical del canon. Es, con otras palabras, lo que afirmó Jorge Luis Borges cuando escribió que todo gran autor crea a sus precursores: el presente cambia el pasado, o al menos la luz bajo la cual entendemos el pasado. O sea, cambia el pasado: porque lo que pasó ya no existe, sólo existe su reconstrucción. Y cada reconstrucción es un reflejo de los anhelos, los miedos, las potencialidades y las imposibilidades de cada tiempo.
No, lo que destaca a Sgt. Pepper por sobre otros grandes álbumes de la historia del rock es otra cosa: es su carácter de síntesis acabada de las principales tendencias artísticas de su tiempo. El pop barroco a la Pet Sounds, el pop art de la tapa, la psicodelia como evolución lisérgica del surrealismo, la música concreta, la concepción de las técnicas de grabación de sonido como un campo abierto a la experimentación artística, la idealización de la juventud, el rechazo del autoritarismo, ya existían incluso antes de 1967. Lo que no existía era una obra que las integrara armónicamente y las pusiera al servicio de una colección de canciones, algunas de ellas notables. Y además lo hacía la banda más popular de su tiempo, la banda que ya había llevado las fronteras del género muy lejos de sus modestos inicios de música bailable de origen afroamericano adaptada al gusto de los adolescentes blancos de los Estados Unidos de mediados de los años cincuenta.
Es en ese sentido que hay que interpretar la famosa hipérbole del crítico del Times
Kenneth Tynan de que el disco era "un momento decisivo en la historia de la civilización occidental": Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band es un monumento sonoro a una época que todavía no ha terminado, aunque su fin no parece lejano. Porque un mundo en el que acechan catástrofes naturales hijas del calentamiento global, fanáticos religiosos capaces de soñar con el exterminio de civilizaciones enteras, redes de inteligencia artificial pensadas para espiar y manipular en tiempo real a millones de personas, es un mundo en el que la felicidad y la inocencia de la música de la Banda de Corazones Solitarios del Sargento Pepper sólo pueden ser revisitadas desde la nostalgia [26-05-17]

ALFAJORES DE LANGOSTINOS Hoy les ofrecemos una nueva entrega de esta sección de la página, dedicada a los chismes más sustanciosos que nuestros cronistas recogieron esta semana en Mar del Plata.
"¿Así que el gobierno no sabe qué hacer con el caso de las coimas de Odebrecht porque está tan o más metido en el barro que el gobierno anterior?
". "Por algo sale Lilita con que siente 'cansancio moral'. Se le acaba el margen para sanatear honestismo con un gobierno que sale de una matufia y salta otra". "Encima la Coalición Cívica había armado bloque en el Parlasur con aliados de una figura intachable: los del presidente de Brasil, Michel Temer". "Cansancio Moral tendría que ser el nombre de la finca en la loma del orto a la que te podrías ir a vivir tranquila y dejarnos de romper las pelotas, Lilita querida". "Al final Vicuña Porto, el delincuente de la novela Zama que participa de incógnito de su propia partida de captura, viene a ser el prototipo del cazador de corruptos sudaca". "El honestismo de esta gente es como el halcón de la novela de Hammett, está hecho de la sustancia de los sueños".
(Así conversaban en la tarde del pasado martes los conocidos formadores de opinión Roberto Navarro y Gustavo Sylvestre, mientras hacían cola en la puerta de Canal 10 de Mar del Plata para participar del casting de la nueva temporada de Bailando por un Sueño).
"Qué manera de llover, no sé si comprarme un kayak o una tabla de surf para cruzar la calle" "El calzado oficial de Mar del Plata no es la sobreentendida sandalia playera, es la bota de goma, capitán. Observe con qué gracia cruzo la calle y llego a la otra vereda con los pies sequitos".
(Así charlaban el viernes a la tarde el capitán Jonas Grumby y su antiguo ayudante Gilligan, mientras diluviaba sobre la esquina de Rawson e Yrigoyen).
"Apretadas policiales en Lanús, en Berisso, en Banfield, amenazas a docentes en huelga, todo en pocas semanas. Cómo se nota el Cambio. Lo que es el clima de época". "El próximo jefe de la Bonaerense, por coherencia, debería ser un orco". "Sí, y sacarse fotos besando pibes, saludando viejas, o charlando con la gobernadora Vidal".
(Uno de nuestros cronistas escuchó esta conversación entre Ian McKellen y Viggo Mortensen, el jueves a la tarde, en el local de la casa de comics El Coleccionista en la Galería Sacoa).
"Pensar que este verano el Aldosivi de Franco le ganó a River y a Boca, y ahorá mirá. Aldosivi al borde del descenso, y Franco ya no es el técnico. Y después en la TV se pasan horas analizando los partidos de pretemporada, son un desastre. La mitad de los periodistas meramente deportivos no saben un carajo de lo que hablan". "¿No será un poco exagerado y ofensivo eso?". "Está bien: la mitad de los periodistas meramente deportivos sí saben de lo que hablan".
(Así conversaban el entrenador de la selección argentina de fútbol Jorge Sampaoli y el comentarista deportivo Juan Travesaño el pasado martes por la noche, mientras compraban un kilo de limón, chocolate y dulce de leche en la heladería Helatito, de Libertad casi Funes) [20-05-17]

CINE BRAILLE RECOMIENDA HOY Una Noche en la Corte Suprema (Argentina, 2017). Género: Justicia de terror, revenge-porn tribunalicio, comedia forense. Una abogada se queda encerrada en el Palacio de Tribunales y debe pasar una noche en compañía de los fantasmas de la Corte que convalidó el golpe de estado de 1930, de los jueces okupas que usurparon la Corte en 1966 y 1976 y del espectro de la Justicia del menemismo que, en la forma de una servilleta suspendida en el aire, aterroriza a los ciudadanos que desean una Justicia verdaderamente independiente y técnicamente impecable. Acción, intrigas, botoneos, carpetazos, exhortos, apelaciones, devoluciones de gentilezas, sazonar con carne podrida y el comic relief de un agente de los servicios secretos que se cree en situación de dictarle instrucciones a los fiscales. Pero al final los culpables se salen con la suya gracias a la protección de la corporación judicial y los medios, como siempre. Dirección: Riccardo Lorenzetti y Daniel Angelici, dos de los más destacados discípulos de Darío Argento y Mario Bava. Calificación: ocho años de prisión con accesoria de destitución e inhabilitación por veinte años, más costas. Ideal si te gustó: Una noche en el MuseoBananas [18-05-15]

ACERCA DEL PERDÓN Y LA RECONCILIACIÓN Se ha hablado mucho en estas últimas semanas acerca de la necesidad de reconciliación nacional y de superar odios que se arrastran desde al menos nuestra sangrienta década del setenta. En algunos casos se trata de propuestas de buena fe, en otros uno no deja de notar que se trata de una mera táctica para devolverle la libertad a algunos de los peores criminales de la historia argentina. Al respecto se ha escrito y hablado mucho, como si en vez de vivir, como vivimos, los años más pacíficos de la tortuosa historia argentina, estuviéramos aún en medio del infierno de 1975 o 1976. Pero hay dos aspectos que creo no han merecido atención y que pretendo señalar.
Uno es que no hay una sola experiencia internacional exitosa que se pueda argüir como aval. En España hubo una amnistía general impuesta por el bando vencedor, no una reconciliación sincera: de otro modo no habría todavía hoy miles de cuerpos sin identificar en fosas comunes, ni querellas de los deudos de los asesinados presentadas en tribunales argentinos, ni fuertes movimientos secesionistas en Cataluña y, en menor medida, en el País Vasco. En Chile y Uruguay, con los matices del caso, el punto final a la historia lo están colocando los tribunales, más o menos del mismo modo que en nuestro país. En los genocidios de Bosnia, Camboya y Ruanda intervinieron tribunales penales internacionales, un lejano eco del de Nuremberg de 1945-46. En el caso del genocidio armenio no intervino la Justicia, pero no se puede hablar de reconciliación cuando el estado turco pena con la cárcel a quienes se atrevan a hablar de genocidio. En Rusia y los otros estados sucesores de la Unión Soviética no hubo ni justicia ni reconciliación para las heridas abiertas por el estalinismo. En Sudáfrica hubo un intento de llegar a una reconciliación por medio de comisiones de la verdad, pero no hay consenso en cuanto a su resultado: para muchas víctimas, el cese de la pretensión punitiva del Estado impone una asimetría inaceptable en el proceso. ¿Hay alguien tan necio como para pensar que la cuestión interracial en Estados Unidos ha sido superada por vía de la reconciliación? Tal vez el caso de Irlanda del Norte sea el más cercano a una experiencia exitosa de cerrar un pasado doloroso sin recurrir a los tribunales: la violencia cesó, se logró constituir una asamblea con participación de todos los partidos, pero la reconciliación total está todavía muy lejana. Queda la posibilidad de que un eventual proceso de reconciliación argentino sea el primer ejemplo exitoso al respecto: los ejercitados en el desengaño nos permitimos dudarlo. Después de todo, si algo no aportó la generosa amnistía de 1973 fue paz, ni perdón, ni reconciliación. Los Cacciatore, Montes, Mayorga, Massera, Suárez Mason, Rivero Kelly, Estrada del bombardeo de Plaza de Mayo de junio de 1955 volvieron a asesinar ciudadanos argentinos apenas veinte años después. Y el ERP ni siquiera logró discernir un cambio radical de escenario tras la asunción de un gobierno democrático amigo de Allende y Castro.
La otra es que creo que persiste una nefasta interpretación teológica de los famosos versículos de los Evangelios que hablan de la necesidad de dar la otra mejilla a quienes nos agreden. En el contexto de la Palestina del siglo I de nuestra era, inerme ante la ocupación militar del imperio más poderoso que se había conocido hasta entonces, dar la otra mejilla era una forma de desafiar a un poder omnímodo, de ridiculizarlo, de exponer el desprecio por el opresor. Hay una historia que recoge Flavio Josefo y que sirve para arrojar luz acerca del sentido de la frase: la de los delegados del pueblo judío que transmiten a Poncio Pilatos su absoluta negativa a permitir que los ídolos asociados a las insignias del ejército romano profanaran sus templos y que, ante la amenaza de Pilatos de recurrir a la fuerza, descubren sus cuellos y desafían al delegado imperial a ejecutarlos a todos de inmediato. Pilatos, enfrentado a la posibilidad de tener que cometer una masacre que no expresaría su autoridad y la de Roma sino su viva imposibilidad de imponerla, se retracta. Dar la otra mejilla no es rendirse ante la injusticia, ni cooperar con ella, ni dejarse humillar, ni una forma elegante de ceder ante el miedo: es desafiar la opresión demostrándole que no se teme pagar el precio de la propia vida. Es el arma de los débiles, como lo probaran Gandhi en la India contra el Imperio Británico o Martin Luther King en Estados Unidos contra el supremacismo WASP. Dar la otra mejilla es, en esta interpretación, enfrentar de forma no violenta la injusticia, no convalidarla pasivamente. Es precisamente lo contrario de renunciar a la verdad y a la justicia [16-05-17]

 
 

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