| Reseña crítica: El primer filme de horror en ambientes contemporáneos es una muestra más del genio de Lionel Atwill (digno predecesor de Vincent Price en lo que a villanos se refiere). Aquí es el demente director de un museo que obtiene efigies tan realistas solo porque utiliza como moldes a seres humanos. Una atrevida reportera (Glenda Farrell, auténtica protagonista del filme), jaqueada su editor (Frank McHugh), consigue la primicia de que el cadáver de Joan Gale, una actriz recientemente fallecida (Monica Bannister), ha sido robado de la morgue (se puede anotar al margen que hubo una actriz realmente llamada "Joan Gale", que en 1933 recién comenzaba su carrera). Poco después, cuando la periodista visita el Museo de Cera, nota el extraordinario parecido entre la estatua de Juana de Arco con la muerta. Una joven bonita (Fay Wray), novia de uno de los empleados del Museo, está en la lista de próximas víctimas. El exceso de diálogos chispeantes entre Glenda y el editor, aunque chispeantes, rivalizan en duración con los momentos de suspenso y conspira contra todo clima de terror que el director Michael Curtiz pudo aspirar a crear en base a la ominosa presencia de Atwill o bien la Reina del Grito Fay Wray (que aparece solo en pocas escenas). Aún así, la película logra mantener el interés y ofrece un clímax notable entre el escultor loco y su víctima. Obviamente que, para disfrutarlo, tendremos que hacer la vista gorda ante una Maria Antonieta de cera que respira y una Reina Victoria anciana que también parpadea, entre otros detalles que hoy es posible apreciar gracias al video y DVD hogareños. Calificación Cinefania.com: 
|