| Reseña crítica: Un policía de New York (Albert Finney) debe enfrentarse a una serie de terribles crímenes que están siendo cometidos aparentemente por un hombre lobo. Un forense (Gregory Hines) coopera en la cacería y la intriga se ve oscurenciendo a medida que avanza la trama. No hay sospechosos sino, más bien, la certeza de que un aborígen (Edward James Olmos) es responsable de los crímenes, sin embargo, las dudas sobre si hay alguna transformación persisten. Los crímenes no cesan, y la resolución del misterio, a pesar de que tarda en llegar, involucra no a un hombre lobo sino a verdaderos lobos salvajes. Curiosamente el director Michael Waldeigh desapareció del ámbito cinematográfico (al parecer hoy en día maneja un micro en Akron, Ohio); ciertamente su película no es ninguna obra maestra, más bien es, en varias ocasiones, lenta y carece de ritmo cinematográfico, pero en los momentos en que debe golpear lo logra y con creces, por ejemplo, la escena de la visita del policía y la psiquiatra (Diane Venora) a la vieja iglesia derruida y el climático final en que el jefe de la policía (Dick O'Neill) es decapitado. Ambas escenas están filmadas de manera magistral, a un año luz de las demás películas de terror que, por la misma época, se estrenaban. Calificación Cinefania.com: 
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