| Reseña crítica: El doctor Clitterhouse (Edward G. Robinson), una eminencias en su oficio, llega más allá que cualquier colega al intentar desentrañar el maravilloso misterio de la naturaleza humana que convierte a un hombre en delincuente. Propulsor de un particular método y, convencido que el mejor sujeto de experimentación es él mismo, decide llevar a cabo un extraño experimento que le permita delimitar si el hombre cae en el delito por necesidad o si llega a él como sublimación de los sentidos. Hasta aquí, en su planteamiento, la película de Anatole Litvak posee un interés inusual no solo para su productora (la Warner) sino también para el cine de los años '30. Sin embargo, la trama elude la seriedad para transitar una particular vertiente a mitad de camino entre el thriller y la comedia en su intento de narrar las peripecias delictivas de Clitterhouse, que se dedica a robar joyas, anotando cada una de sus sensaciones, ritmo cardíaco, presión y demás signos vitales. Eventualmente cae en una adicción por el delito, lo que le lleva a asociarse con una banda de ladrones de casas gerenciada por una mujer (Claire Trevor) y comandada (en su faz operativa) por un antipático gángster (Humphrey Bogart). Por supuesto, la personalidad serena del Doctor provoca algún suspiro femenino, lo que enerva a Bogey, apuntando a un final de tenue pero generoso suspenso, estéticamente acorde a los cánones de la época, pero éticamente innovador y, visto en retrospectiva, con algunas similitudes interpretativas con THE WOMAN IN THE WINDOW (La Mujer del Cuadro-1945) de Fritz Lang, en la que Robinson volvía a componer a un tranquilo hombre de ciencia que, en vez de tener que afrontar un robo, debe lidiar con un asesinato. Calificación Cinefania.com: 
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