| Reseña crítica: El nieto del Hombre Invisible (Jon Hall), devenido en agente británico, utiliza su fórmula secreta para espiar a los nazis tornándose invisible. Así, de incógnito en la Alemania del III Reich, intenta desbaratar un terrible plan para bombardear a los Estados Unidos. La película se inicia con la visita de dos agentes del Eje a la imprenta del inocente Griffin, en busca de la fórmula de la invisibilidad. Los agentes son Stauffer (Sir Cedric Hardwicke, uno de los grandes villanos del cine) y el Barón Ikito (Peter Lorre, impecablemente caracterizado de villano japonés). Ya desde el comienzo, comienzan a destilar sus ponzoñas: Stauffer, fumador empedernido que enciende un cigarrillo con otro, ofrece a Griffin un trato para obtener la fórmula, pero luego pierde la paciencia. Ikito, de articular suave y mesurado, sugiere la interesante idea de utilizar una prensa como instrumento de tortura. Luego de este dinámico inicio, sabemos que la trama no dará tregua, y cuando el protagonista no esté lanzándose en paracaídas sobre suelo alemán, estará prófugo de las SS, o bien en la misma celda de un jerarca al que están por fusilar (J. Edward Bromberg), o a merced de un cirujano japonés (Keye Luke), o provocando un incendio en el despacho de Stauffer, etc. La película tiene varios aciertos, uno de los cuales es que no abusa del mensaje propagandístico, sino que muestra a los alemanes como amenazadores (frente a la postura usual de 'villanos alcornoques') y pone al japonés como enemigo letal pero honorable. Además, tampoco exagera con los pasos de comedia (algo en que caerán todas las películas de la saga, salvo la primera de James Whale), relegando las escenas simpáticas a la desopilante cena entre un jerarca (Bromberg) y la esposa de Stauffer (la exhuberante Ilona Massey), y a los momentos de romance entre esta última y el hombre invisible. Calificación Cinefania.com: 
|