| Reseña crítica: En general, las historias orientales (definiendo "oriental" por aquel tipo de narración que se atienen a premisas numéricas, geométricas y mágicas) suelen no plantearse en ambientes urbanos y contemporáneos para evitar matices desventajosos. Una meritoria excepción (que no es la única) consiste en la sórdida PI (Pi-1998) de Darren Aronofsky, cuyo "orientalismo" se mantiene de principio a fin, cosa que no ocurre con este loable intento de Joel Schumacher. La trama se inicia con un empleado de la perrera (Jim Carrey, correcto pero aún dando la impresión de seguir calculando cada gesticulación facial) que narra en off la historia de como se llegó a obsesionar con el número 23, presente en cada aspecto de su vida pasada y presente. Es a través de una eventualidad que su esposa (Virginia Madsen) le regala una novela autoimpresa que parece estar relatando su propia vida, con la salvedad que el protagonista es un asesino. Poco a poco, a medida que va comprobando las equivalencias entre su propia realidad y las ficciones narradas en el libro, va cayendo más y más en la alienación, al punto de sufrir pesadillas y alucinaciones. Haciendo partícipe a su familia en la investigación es que el hijo del protagonista descubre la pista esencial la cual, por la ingenuidad del hallazgo, decreta el final también del interesante universo cerrado planteado hasta ese momento. Siendo fieles a la paranoia numérica que preside los actos del protagonista, este momento fallido ocurre al minuto 59 con 9 segundos de metraje (5+9+9=23), lo que, a efectos de la salud lógica del filme, también se revela perjudicial y poco augurioso. Calificación Cinefania.com: 
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