| Reseña crítica: El asaltante Nick Bianco (Victor Mature) es atrapado luego del robo a una joyería y cuando se niega a convertirse en soplón del Fiscal de Distrito, va a la cárcel sin atenuantes, teniendo como esperanza la acción de un viejo abogado (Taylor Holmes) que pretende sacarlo por buena conducta. Cuando descubre que su esposa se ha suicidado metiendo la cabeza en el horno y que sus hijas están en un orfanato, lo piensa dos veces y accede a hacer un trato con el Asistente del Fiscal (Brian Donlevy). Para cubrir su acción, el protagonista hace correr el rumor de que Rizzo, un viejo secuaz, es el soplón, de manera que el abogado encarga a un hampón llamado Tommy Udo (Richard Widmark) el trabajo de "silenciar" a Rizzo. Cuando Udo llega a la casa de Rizzo, solo se encuentra su madre paralítica (Mildred Dunnock), y, he aquí el termómetro del Mal que presenta la película, Udo en represalia ata a la señora con un cable a su silla y la arroja escaleras abajo en una de las más impresionantes escenas del Cine de los años '40. Imagínense la cara de Bianco cuando le encargan la misión de encontrarse a tomar un copetín con Udo para sacarle información. La película, en general, es todo lo buena que puede ser en base a una gran variedad de ingredientes de interés (tono semi documental, guión atractivo, diálogos realistas y apuntes melodramáticos). El director Henry Hathaway nos la cuenta con unos separadores negros de dos segundos, que parecerían estar resumiendo los hechos como si fuera una crónica periodística, un drama real. De hecho, la filmación en locaciones de la populosa New York refuerza la verosimilitud de la trama. Los actores están en general correctos: Mature da el apropiado retrato de delincuente itálico y en los momentos que le requieren mayor expresividad no queda pagando; Colleen Gray es perfectamente convincente como la esposa que está loca (en el buen sentido de la palabra) por su marido; es Richard Widmark el actor que, con su temible psiópata Tommy Udo, logra meter miedo y convertir la misión de Nick Bianco para el Fiscal en una empresa terrorífica. En uno de los momentos culminantes de la película, Bianco (cuya familia ahora está amenazada de muerte por Udo) se sienta en una mesa de restaurant aguardando a Udo mientras fuma un cigarrillo. Pasan los segundos y el nerviosismo que Bianco emana a través de la pantalla, eclosiona cuando el director nos muestra unas cortinas tras las que, muy pero muy lentamente, se va acercando Udo. Es una imagen de pesadilla que, fuera del contexto de la historia carecería casi de tensión. Eso es, en líneas generales la película, una espiral de tensión, cuya cumbre no logra ser opacada por una resolución con final feliz. Calificación Cinefania.com: 
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