| Reseña crítica: Japón, 1624: El anciano Shogun Hidetada muere, sospechosamente envenenado, y de inmediato se plantea el problema de la suceción. Formalmente el heredero debe ser el hijo mayor del Shogun, Iemitsu, pero a la hora de gobernar, la mancha de nacimiento que afea su rostro y su tartamudez le crean desconfianza y por estas razones, muchos apoyan a su hermano menor Tadanaga. Iemitsu es aconsejado por Yagyu Tajim, su instructor de esgrima (verdadero protagonista de la película), quien asume la responsabilidad de haber envenenado al Shogun, pero en pos de la subida al poder del propio Iemitsu. Tadanaga intenta probar que su padre fue asesinado, pero fracasa, ante la terminante negativa de Iemitsu de exhumar el cadáver. Esto provoca una inmediata secesión, y la consiguiente guerra civil, alentada por el Imperio para debilitar el poder de los shogunes. Tadanaga abandona de inmediato el castillo del Shogunado junto a quienes lo respaldan, su madre, varios señores y un representante del Emperador (Mikio Narita). A partir de ese momento es Yagyu quien toma la iniciativa de dirigir las ofensivas militares y políticas de Iemitsu, logrando atraer al bando de su señor a mercenarios y pobladores del campo por igual. Sin embargo, es su propio hijo Jubei (Sonny Chiba) quien a la larga se sentirá traicionado por sus manejos, y que se rebelará amargamente.
La película se inicia ciertamente con la intrusión de un grupo de ninjas a una pagoda donde está el sepulcro del Shogun Hidetada, que es rechazado por dos hermanos y una chica. Este comienzo es algo pueril con respecto a lo que seguirá, así que lo obviaremos a la hora de valorar la película. Lo que sigue es, clave en el cine del director Kinji Fukasaku, una breve presentación de gran cantidad de personajes, en la que se describen filiaciones y caracteres de cada uno. A partir de esa escena, nos resta prestar atención para no perderse datos sobre las movidas de cada personaje y disfrutar cada una de las escenas de acción. La película está íntegramente suscripta al Jidai Geki (el género de época japonés) pero no por eso descuida la acción de masas y los combates cuerpo a cuerpo. La gran cantidad de personajes y situaciones particulares, la exaltación de las personalidades de los varios héroes y señores feudales, el tono meloso de algunos romances (que nunca toman más vuelo que el permitido), algunos diálogos memorables y dos o tres enfrentamientos que ponen la piel de gallina, hacen de esta una de las mejores películas no solo de Fukasaku, sino también de su género entero. Calificación Cinefania.com: 
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