| Reseña crítica: Macario (Ignacio López Tarso, en magnífica interpretación), un aldeano sumamente pobre que tiene esposa y varios hijos, se dedica a vender leña en el pueblo. Harto de una vida de privaciones y apuros, un día Macario manifiesta que su mayor anhelo es poder comerse él solo un pavo, sin tener que compartirlo con nadie, ni siquiera con sus hijos. Su esposa, confidente de tan profundo deseo, un día se roba un guajolote de la granja de una familia rica. Cuando Macario se entera de la acción, se olvida de todo y se lleva el animal al interior del campo, donde, antes de poder sentarse y deglutirlo como Dios manda, se topa con algunos seres muy extraños, que, en apariencia, no serían de este mundo. Se tratan, sin más, de Dios, Lucifer y la Parca. Y ¿adivinen con quien comparte Macario su suculento almuerzo? La película es impecable, y tiene todos los ingredientes del género que podríamos encuadrar como "Fantástico rural". Macario roza por momentos la crítica social y el tantas veces repetido alegato sobre la vida de los más descastados, y en los momentos más brillantes asciende al misticismo (pero claro, un misticismo rebajado al entendimiento del protagonista, pero no por eso menos profundo). En ese sentido, suponemos que si algún día Dios o el Diablo, juntos o por separado, deciden indagar en las ideas metafísicas que las personas del campo han plasmado en la pantalla, seguramente se regalarían con THE DEVIL AND DANIEL WEBSTER (Un Pacto con el Diablo-1941) o bien (¿por qué no?) con este magistral MACARIO, fruto de una época del cine mexicano ya irrepetible en la que fotografía e historia tienen igual peso en el resultado final. Calificación Cinefania.com: 
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