| Reseña crítica: Un muchacho (Jimmy Hunt) casualmente es testigo del aterrizaje de una nave alienígena hostil, que captura y lava los cerebros de los residentes de una pequeña ciudad norteamericana, convirtiéndolos en peones sin sentimientos. Entre los primeros afectados están sus padres (Leif Erickson e Hillary Brooke). La película hace eco de una corriente de la ciencia ficción que reinaba por aquella época, la de la novela Puppet Masters (Amos de Títeres) de Robert Heinlein. En este caso los extraterrestres son sucios y diabólicos esbirros que amenazan el modo de vida americano, y aquí se tiende una metáfora muy poco imaginativa que es la que compara a esta invasión alienígena con el regimen Comunista. La nave marciana se oculta bajo la tierra y cada una de las víctimas es abducida a través de pozos (una alusión a lo "infernal" del comunismo); cuando vuelven, actúan como autómatas y parecen estar en alguna especie de complot (en referencia a que todo "rojo" es un saboteador en potencia)... las referencias no son, como se puede ver, muy brillantes, pero bueno, esa era la ideología imperante en aquel momento. El director, William Cameron Menzies, excelente técnico y artesano, responsable del diseño artístico de gran cantidad de películas desde los años '20, se esfuerza con algunos planos y con la ambientación del interior de la nave espacial, pero la historia (y especialmente el innecesario giro onírico final), sumado a la excesiva repetición de escenas (motivadas quizás por carencias de presupuesto), no consiguen dejar una buena impresión final. De todas maneras, rescatamos ciertos climas (que en su momento, a un lustro del inicio de la fiebre platillista, en que los discos volantes eran vistos en cada estado y en todo el mundo habrán sido sumamente efectivos), el aspecto del líder extraterrestre y la extraña cobertura del interior de los pasillos de la nave, con globitos que parecen ser preservativos inflados. Calificación Cinefania.com: 
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