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LA HERENCIA DE CHARLES TRUSCOTT WILBURY
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En 1988 (veinte años no es nada...) cinco de los innumerables y dispersos vástagos del mujeriego y dipsómano Charles Truscott Wilbury formaron una banda de rock y editaron el querible "Traveling Wilburys Vol. 1": Nelson, Lucky, Leftie, Charlie T. Junior y Otis. O al menos eso nos hicieron creer nada menos que George Harrison, Bob Dylan, Roy Orbison, Tom Petty y Jeff Lynne.
UN SELECCIONADO SUB 60
En 1987, durante las sesiones de grabación del disco "Cloud Nine" de George Harrison, el ex Beatle y su productor, el igualmente ex Electric Light Orchestra Jeff Lynne, solían bromear acerca de la posibilidad de armar una banda de viejos rockeros y llamarla The Tremblers ("los temblorosos"). También habían acuñado un neologismo, wilbury, para referirse a los eventuales errores que serian eliminados durante la mezcla de los temas (en inglés, "'We'll bury them in the mix"). A comienzos de abril de 1988, cuando tales juegos ya estaban casi olvidados, Harrison y Lynne se reunieron en Los Ángeles para componer y grabar un tema que fuera el lado B de un simple de difusión destinado al mercado europeo. En ese momento, Lynne estaba trabajando con Roy Orbison, legendaria estrella de fines de los ’50 y comienzos de los ’60 y, para entonces, un poco relegado en la consideración popular. (Sus principales éxitos fueron temazos como "Pretty woman" u "Only the lonely"). Orbison, que conocía a Harrison desde 1963 (cuando había sido compañero de gira de los Beatles) se propuso gustoso para colaborar, al igual que Tom Petty, que se enteró del proyecto cuando George fue a buscar su guitarra a su casa. El estudio en el que se iba a grabar el tema era el de la casa en Malibu de un viejo amigo de George, admirador de Orbison y compinche de giras de Petty: nada menos que Bob Dylan. (Si justo hubiera atinado a pasar por ahí Keith Richards, hubiera sido la prueba definitiva de la existencia de Dios… o mejor, la del Demonio).
La noche en la que se juntaron los cinco por primera vez fue una noche de luna llena, detalle al que Harrison siempre le adjudicó el resultado exitoso de la aventura. Fue así que, mientras cenaban en el jardín unos pollos a la parrilla preparados por el anfitrión, George tocó la canción que tenia casi lista y Dylan, encantado, preguntó cómo se llamaba, y fue una caja que había en el garaje de la casa la que dio la respuesta: "Handle with care" (manipular - o tratar - con cuidado). En unos pocos minutos escribieron la letra entre los cinco; al grabar el tema, un rato después, Harrison pensó que era un desperdicio tener en el estudio a tantos grandes y no emplear sus voces. Sin saberlo, con ello acababa de dar nacimiento a un supergrupo.
Cuando Mo Ostin, de la compañía Warner, escuchó por primera vez el tema, dio un salto: la melodía era tan perfecta, las guitarras tan atractivas, ¡la voz de Orbison! Un tema así de irresistible no podía ser un mero lado B, dijo. Entonces George, que había disfrutado la camaradería y el profesionalismo de aquella noche, llamó a sus amigos y les propuso hacer un disco juntos en los nueve días que le quedaban libres a Dylan antes de salir de gira. Sólo era cuestión de componer un tema bueno por la tarde y grabarlo a la noche.
¡En el fondo, hacer un gran disco es así de fácil!
LOS WILBURY
Fue así que la nueva agrupación se juntó, durante mayo de 1988, en los estudios del ex Eurythmics Dave Stewart en Los Ángeles. Llegados al punto de elegir un nombre para la banda, Harrison recordó sus bromas del año anterior y propuso The Trembling Wilburys, ante lo cual Lynne sugirió un leve cambio que fue inmediatamente aceptado por todos: The Traveling Wilburys ("Los Ambulantes Wilbury"). También se inventó toda una historia: sus cinco integrantes eran medio hermanos, hijos procreados con cinco diferentes mujeres por un tal Charles Truscott Wilbury, quien además de obvio mujeriego, parece, era aficionado a la bebida.
Hoy todos reconocen
el papel clave que tuvo George Harrison en que la nave Wilbury llegara a buen
puerto: George tenía muy claro lo que significaba trabajar en compañía
de grandes
talentos
(y, sobre todo, grandes egos) desde la época de los Beatles. Y por cierto,
la idea de que grandes nombres del mundo del rock aceptasen esconderse detrás
de una banda de fantasía tenía para él un aire de familia:
es nada menos que la vieja idea madre de La
Banda del Club de Corazones Solitarios del Sargento Pepper.
"Sólo quise preservar la amistad, que no se abusara de la relación",
afirmó Harrison, y si hay algo que se percibe de la primera a la última
nota del disco es una atmósfera relajada, placentera, como de broma entre
amigos que sólo se proponen pasarla bien: está clarísimo
que los cinco Wilbury disfrutan plenamente de serlo. "Todo por la música,
sin ningún plan ni decisiones concretas", dijo Orbison: una vez
reunidos los cinco en torno a una mesa, cada uno con su guitarra acústica
y, según se recuerda, en "diversos grados de sobriedad", usualmente
alguno arrancaba con una idea y los otros se sumaban aportando versos o sugiriendo
acordes, melodías, puentes, arreglos. La grabación se hacía
de noche, bajo la atenta guía de los productores, Otis y Nelson (Lynne
y Harrison): casi todos los temas del disco quedaron listos tras la primera
o la segunda toma. Además de los citados Harrison, Dylan, Orbison, Petty
y Lynne, participaron el baterista Jim
Keltner (¡éste si que tocó con TODOS de
verdad!), el saxofonista Jim Horn y el percusionista Ray Cooper. Ian Wallace
aportó tomtoms en "Handle with Care".
El enfoque de producción estaba orientado a subsumir los estilos diferentes de cada Wilbury y lograr un sonido homogéneo, lo que fue logrado, aunque a costa de quitarle atemporalidad a las canciones: ese brillo general y un tanto excesivo, esos sintetizadores que aparecen cada tanto, esas guitarras eléctricas atrás en la mezcla, a mi humilde modo de ver, acusan demasiado su carácter de obra de los años ’80. (Compárese con los últimos tres discos solistas de Dylan: el contraste en este sentido es muy fuerte).
Abre el disco la bellísima,
perfecta "Handle
with care", donde todo es impecable, y si hay que
cometer la herejía de destacar algo sobre el resto, pues que sean George
tocando la guitarra
slide
y la sublime voz de tenor de Roy Orbison. La letra parece una canción
de amor escrita por un artista que conoció días mejores (y por
cierto, salvo Tom Petty, ninguno atravesaba por su mejor momento ni en lo artístico
ni en lo comercial). Es un tema tan bueno que desequilibra la placa: transmite
la engañosa sensación de que el disco decae una vez que termina,
error que se disipa simplemente cambiando el orden de la escucha de los temas.
Sigue "Dirty world", un tema en el que las líneas de saxo y sintetizadores de Lynne y la parte cantada por Petty no terminan de oscurecer que es en realidad un tema muy, muy Dylan (y muy divertido). La letra es vagamente erótica, y la coronan frases sacadas al azar de avisos de una revista sobre autos que, en ese contexto, parecen cobrar un doble sentido muy gracioso y abiertamente paródico.
Jeff Lynne aporta luego un lindo boogie bien de los años ’50, "Rattled", con ronroneos de Orbison incluidos, y Tom Petty un ska, "Last night", con otra letra de intención humorística, acerca de un hombre que seduce a una desconocida y termina llevándose una sorpresa. Tras este recreo, llega un número de Jeff escrito a la medida de Roy Orbison, "Not alone anymore", en el que su nobilísima voz se luce contando una historia de amores contrariados y perdedores sobre una melodía que, desde el Río de la Plata, podríamos calificar de bien tribunera. El momento de las bellas melodías para corazones destrozados continúa con la balada "Congratulations", de Dylan, y después viene la bluseada "Heading for the light", de George, con sus metáforas basadas en el clima: lluvia, nubes, noche, sol, luz.
La jocosa "Margarita" es la canción menos memorable del disco, urdida entre Petty y Dylan, pero enseguida ambos se reivindican por todo lo alto con "Tweeter and the Monkey Man". Dylan parece cantar apenas conteniendo la risa que le provoca la letra, una cargada parodia a la mitología suburbana y marginal de la Nueva Jersey que popularizara Bruce Springsteen. (No está mal decir entonces que, en buena medida, es también una autoparodia dylaniana). Hay un transexual que vende cocaína, un policía encubierto, y abundantes referencias al repertorio del Boss ("Stolen car", "Mansion on the hill", "Thunder Road", "State trooper", "Lion's den", "Factory", "The river") más la "Jersey girl" de Tom Waits). Cierra el disco un gran tema y su segundo hit, "End of the line", una canción con toques country y una bella, reflexiva y metafórica letra acerca de andar por una ruta y estar próximo al final.
"Traveling Wilburys Volume 1" vio las bateas en octubre de 1988. Tuvo críticas excelentes, al extremo de que Rolling Stone lo convirtió al instante en uno de los cien mejores discos de todos los tiempos. Alcanzó también éxito comercial, llegando al tercer puesto en las listas de ventas de EE. UU., convirtiéndose en doble platino y haciendo que el grupo ganara un Grammy por "Mejor actuación de rock por un grupo o dúo". Tuvo además la virtud de darle un empujón a la carrera de Dylan, que venía de capa caída (al año siguiente editaría un muy buen disco, "Oh mercy") y revitalizar la de Roy Orbison: el disco que estaba preparando con Jeff Lynne antes de la aventura Wilburys, "Mystery girl", sería artística y comercialmente uno de sus puntos más altos. En él contó con invitados del nivel de Bono y The Edge de U2, Elvis Costello y el legendario tecladista Al Kooper, además de Harrison y de la participación de Lynne y Tom Petty en la coautoría del hit de la obra, "You got it". Lamentablemente, todos estos logros serian póstumos, ya que su maravillosa y conmovedora voz se había apagado para siempre el 6 de diciembre de 1988, a raíz de un repentino ataque cardíaco.
FINAL DEL CAMINO
En 1990 los miembros
sobrevivientes del grupo se volvieron a juntar para grabar "Traveling Wilburys
Volume 3", dedicando el disco a Lefty "Roy" Wilbury. (No se trata de una
errata: no hay "Volume 2" alguno. Se trata en realidad de una broma
de George, aunque algunos llegan considerar como segundo opus de la saga de
los medio hermanos Wilbury al excelente
"Full
Moon Fever" de Tom
Petty, editado entre los volúmenes 1 y 3, y en el que aparecen Orbison,
Lynne y Harrison). Durante un tiempo se especuló con que otra leyenda
de los ’50 y primeros ’60, Del
Shannon, tomaría el lugar de Orbison, pero
esa posibilidad se acabó con su suicidio. (Shannon se hizo famoso con
un superhit, "Runaway",
o "Fugitiva", que los segundos Wilburys grabarían como lado
B de un simple cuya cara principal, "Nobody's
child", fue la contribución de la banda
a un disco a beneficio de la niñez desamparada de la Rumania
post – Ceaucescu. Ninguno de los dos temas apareció
en un CD de los Wilburys hasta la reedición de todo su catálogo,
recién en 2007).
Decía los segundos Wilburys porque el "Volumen 3" se debe a otros "hermanos": Spike (George), Clayton (Jeff), Muddy (Tom Petty) y Boo Wilbury (Dylan). Con Harrison y Lyne ejerciendo de nuevo como productores, tanto el rockito à-la-Petty "She’s my baby" como el un poco tonto pero pegadizo "Wilbury twist" se convirtieron en éxitos de radio, alcanzando el puesto 11 en listas de Estados Unidos y llegando al disco de platino. La segunda placa ofrece menos sorpresas que la primera pero, contra la opinión general, me permito afirmar que es igual de buena: tal vez sólo le falte una joya pop como "Handle…", tema que cada vez que lo vuelvo a citar me merece palabras más elogiosas. También está más desequilibrado en cuanto a composición: por la excelente "Inside out", por "If you belonged to me", por "The devil's been busy", por la bella balada "7 deadly sins", por la burlona "Where were you last night?", está al borde de ser un "Bob Dylan & Amigos".
Luego de 1990, se habló varias veces de una tercera placa, hasta que la muerte de George Harrison, a fines de 2001, representó verdaderamente "el final del camino" para los Ambulantes Wilbury. Pero no nos entristezcamos: basta con poner cualquiera de los discos en la compactera o el MP3 para que el tiempo deje de escurrirse entre los dedos, la muerte no tenga cabida, y enseguida estés en una noche cálida de 1988, con un grupo de amigos feliz de celebrar su amistad. Ni más ni menos que el milagro de la inmortalidad en este mundo que nos propone la (buena) música.
Ya sé, en algún momento el disco se termina. Pero mientras tanto, a quién le importa.
VÍNCULOS
* Sitio dedicado a los Traveling Wilburys (en inglés)
* Otro sitio dedicado a los Traveling Wilburys (en inglés)
* Traveling Wilburys en Wikipedia (en inglés)
* Imágenes de los Traveling Wilburys
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