La primera página de Internet con sabor a frutos del bosque: por favor, lama aquí
* * * * * * * * * CINE BRAILLE * * * * * * * * *
* * * * * Chicos, no intenten esto en sus casas... * * * * *

Búsqueda personalizada

 

¿PARA QUÉ SIRVE LA MÚSICA?

A veces nos topamos con debates en los que se critica a determinada música por pasatista, o a otra por colgada y aburrida, y sentimos que quisiéramos participar de esa discusión pero no terminamos de definir nuestra posición. Bien, parece que el día de definirla es justo hoy, un día en el que el seleccionado argentino de fútbol se juega la clasificación al Campeonato Mundial de 2010 contra su similar brasileño, en el que una breve caminata por las desiertas calles de la ciudad de San José de Balcarce en un día nublado nos ha despertado ansias suicidas y en el que, a cuento de nada, nos preguntamos si las obligatorias profesiones de fe sanlorencista de Viggo Mortensen cuando lo entrevista un periodista argentino no habrán empezado a hartarnos. Superadas estas digresiones del todo innecesarias, vamos al punto.  

 

Asumir que, por ejemplo, Los Auténticos Decadentes hacen música pasatista, o que Spinetta es aburrido, es una doble petición de principio: en primer lugar, es asumir que existe una finalidad u objeto de la música, y en segundo lugar, que esa finalidad u objeto es universal, y es un parámetro que debe ser aplicado a toda manifestación musical. Pero, en primer lugar ¿en verdad la música tiene alguna finalidad? El tema ha desatado arduos debates en el seno de la antropología desde los tiempos de Darwin: las teorías más aceptadas remiten a considerarla una versión muy elaborada del cortejo ("¡miniiitaaaaass!"), a la observación de que el canto en grupo fortalece los lazos entre integrantes de un grupo social ("gente que no") y ayuda a coordinar sus actividades (recuérdense los cantos de los esclavos negros en los campos de algodón de Estados Unidos) o a que cantar juntos sirve para señalar a un grupo rival que no se enfrenta a un adversario desunido ("los vamo' a correr"). (Si saben inglés, pueden consultar el interesante artículo "We Got Rhythm; the Mystery Is How and Why", Nicholas Wade, New York Times, 16 de setiembre de 2003).

La música tradicional africana, además de ser muchísimo más compleja de lo que los primeros exploradores europeos sospechaban, presenta una característica notable: suele integrar a la comunidad entera como ejecutante. (Por ende, en dicho contexto el concepto de "público" carece de sentido, al igual que el de "artista" y, uno se siente tentado a decir, que el de egocentrismo.(1)). Estas celebraciones comunitarias son muy variadas: si a veces se canta para celebrar los matrimonios o los nacimientos, en otras oportunidades se lo hace para saludar la coronación de un nuevo gobernante, o para pedir a los dioses por una buena temporada de caza o una buena cosecha, o para alejar a los malos espíritus, o para recordar a los muertos.

¿Acaso entre nosotros no se verifica se algo semejante? ¿No hay canciones para bailar en una fiesta de casamiento, canciones para coger, canciones para acompañar un viaje de ácido, canciones para corear en una marcha de protesta, canciones para aliviar o enfrentar las dudas y agonías de la vida? Y aquí vamos llegando al punto central: ¿tiene sentido exigirle compromiso político a los B-52's? ¿No es disparatado reprobar a "Viernes 3 AM" por "bajoneante"? ¿Es (un enorme tema como) "De nada sirve" la música justa para el momento en el que desprendemos el broche del sostén de la mujer amada? ¿Es la densidad lírica de Bob Dylan o Spinetta un patrón adecuado para juzgar a Madonna? En síntesis: ¿no estaremos juzgando a algunos artistas en base a parámetros equivocados? ¿No estaremos exigiéndoles algo que jamás se propusieron?

NOTAS (1) "Yo sigo soñando en que uno de nosotros escupirá sobre la tumba del mundo, llamando 'mundo' a esta creación ficticia y siniestra del alma humana en que se ha consolidado el mundo; una especie de autopista que lleva al shopping, donde te dan películas, esa maldición que se llama el arte, como dijo Jim Morrison 'han inventado el arte para engañarte', porque tu vida es el arte. Tenés que ir por la calle cantando, bailando, tenés que tocar música, tenés que escribir, vos tenés que ser el artista. El artista es una invención demoníaca; es la transformación de un chamán, cuya función es curar al hombre, curarlo de sus dolores, eso es un verdadero artista, y se ha convertido en un narcisista imbécil. (.) El cantor se parece mucho al brujo, porque dice las cosas de una manera que aleja el abismo negro que nos mira, y que al mirarlo te contamina de la negritud absoluta de la existencia; pero te lo canta de una manera que aleja el miedo, y consolarnos en esta pequeña piedra escupida por el cosmos, esta especie de moco sobre el que hemos crecido; lo he visto en los cantores populares. Pero después llega lo que Egberto Gismonti llamaba la "simulación sacerdotal", entonces cantan en principio para ganar dinero, lo que ya es monstruoso, el artista no debería ganar nada más que su alimento y su techo. Yo he conocido pocos artistas. Por ponerte el caso de Charly García: ha hecho canciones bellísimas. A mí, por ejemplo, "Rasguña las piedras" en aquel momento de mi vida me ayudó a vivir. Sin embargo lo conocí al tipo y es un sorete (...). Acordate siempre de esto: vos estás escuchando y yo estoy hablando... Vos sos el inteligente y yo soy el tonto". "Una novia, un amigo, un bar", reportaje de Jorge Costigliolo a Enrique Symms en la desaparecida revista virtual montevideana LadoB..., Nos. 25 y 26, mayo y junio de 2003.

Volver al inicio

¿Hay algo que quieras decirnos al respecto de esta página? Clic aquí.