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EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS
Esta es una historia de un hábil hombre de negocios a veces
limpios, de un millonario militante de
"Ci sono grossi ideali in
gioco. [Pausa
para masticar la comida]. Si possono fare un sacco
di soldi" (1). "Mediterráneo", filme de Gabriele
Salvatores. Oscar al Mejor Filme en Idioma Extranjero 1992.
Aleksandr Izrail
Lazarevich Gelfand (2) (imagen de la derecha) nació en el
seno de una familia judía el 8 de setiembre de 1867 en Berezino, hoy parte de
doctorarse
en filosofía en Zürich, Suiza, decidió radicarse en Alemania y unirse a su poderoso
partido socialista. Cuando comenzó a trabajar como periodista en medios cercanos
a la agrupación, adoptó el seudónimo literario de Alexander Parvus.
Su
trabajo le sirvió para conocer a importantes líderes de la izquierda europea
como Lenin, León Trotsky, Gueorgui Plejánov,
Rosa Luxemburgo y
Wilhelm Liebknecht.
Pronto se reveló como
un intelectual sumamente agudo: prefigurando la explicación de los ritmos del
capitalismo debida a Josef Schumpeter, señaló en 1901 que,
con la maduración de determinadas áreas de
la economía (debidas a nuevas tecnologías y al aumento del comercio internacional
y de las transacciones financieras globales) "el capital inicia un período
de avance extraordinario". Semejante tesis bordeaba la herejía para un
marxista, supuestamente convencido de la inevitable declinación del capitalismo,
pero fue una adecuada previsión de un ciclo de crecimiento global que sucedió
a
Al regresar a Alemania,
escribió un libro, "En
DE BERLÍN A ESTAMBUL
Parvus se radicó
en Estambul, donde residió por cinco años. Allí se enriqueció notablemente con
el comercio de armas y suministros durante las sucesivas guerras balcánicas
que comenzaron en 1912 y que serían el preludio de
PARVUS,
Desatada
Esto merece una
consideración especial. La colaboración entre los círculos revolucionarios rusos
y el retrógrado Imperio Alemán podía resultar paradojal y hasta inverosímil
(además de muy desagradable para las convicciones de ambas partes) pero no carecía
de lógica: convenía al propósito alemán de derrotar o, al menos debilitar a
su gigantesco enemigo, y convenía a
los
propósitos bolcheviques de tomar el poder. Para Lenin y otros socialistas radicales,
la guerra no era más que un inútil conflicto interimperialista al que habían
llamado, infructuosamente, a boicotear: los trabajadores europeos, en vez de
masacrarse entre sí para beneficio de sus respectivas burguesías parasitarias,
debían unirse para acabar con el capitalismo. En este marco conceptual, la derrota
militar de Rusia era el mal menor: la caída de la autocracia zarista era el
primer episodio de la revolución mundial de los trabajadores. ¿Qué importaba
la derrota si, más temprano que tarde, los camaradas alemanes se harían con
el poder en Berlín?
Por cierto, Parvus
(imagen de la derecha) no sólo recomendaba apoyar a los bolcheviques, sino también
fomentar brotes separatistas entre las minorías étnicas oprimidas por el imperio
zarista, como los finlandeses, los polacos, los ucranianos y los georgianos.
Los alemanes hasta le dieron un nombre a esta política de fomentar revoluciones
en la retaguardia de sus enemigos: Revolutionerungspolitik,
un enfoque que pronto comenzaron a aplicar con los irlandeses (por entonces
todavía forzados a ser parte del Imperio Británico) y que sus enemigos replicaban
con pueblos sojuzgados por Berlín y sus aliados como los polacos, los checos
o los árabes (por caso, a través del legendario Lawrence de Arabia).
Parvus también montó
una compañía de comercio exterior que sirvió de pantalla para el envío de información
y de fondos: lavaba dinero de los servicios secretos alemanes comprando mercancías
en Europa Occidental, que luego vendía en Rusia. La operatoria fue muy eficaz,
y además de alcanzar sus fines, hizo a su cerebro aún más rico. Pero la vinculación
de Ganetsky con el tráfico de armas llamó la atención de los siempre eficientes
servicios secretos británicos, quienes pronto detectaron sus conexiones con
Parvus y con la embajada alemana en Estambul. Cuando Lenin se dio cuenta de
que se había descubierto que estaba siendo financiado por los servicios del
Káiser, ordenó suspender la operación. Por lo que se sabe, Lenin no llegó a
recibir el dinero: las pruebas que se han esgrimido en ese sentido, los Documentos Sisson,
son considerados una falsificación debida a los separatistas finlandeses, ansiosos
de conseguir apoyo de Estados Unidos para su independencia de Rusia. (Haciendo
clic aquí, se puede leer un artículo del New York Times del 21 de setiembre
de 1918, donde el propio Sisson los transcribe y comenta. Está, obviamente,
en inglés).
La reputación de
Parvus sufrió otro golpe en 1916, pero esta vez entre los alemanes. En el invierno
de ese año fracasó una operación coordinada por él para desatar una corrida
bancaria en San Petersburgo, y a consecuencia de ello, los servicios secretos
le retiraron su apoyo. Entonces fue a buscarlo en
Tras una sucesión
de desastres militares, amotinamientos de tropas y protestas masivas, el Zar
Nicolás II decidió abdicar el 15 de marzo de 1917. Lo sucedió un gobierno provisional
centrista, encabezado por Aleksandr Kerenski, que cometió el tremendo error
de continuar una lucha irremediablemente perdida. El Estado Mayor alemán decidió
que era un momento ideal para aplicar el plan de Parvus, y lo llamó para que
sirviera de contacto con Lenin. Pero esta vez no se trataba de financiar sus
actividades, sino de algo mucho menos comprometedor para ambas partes: dejarlo
cruzar Alemania en su camino de regreso a Rusia desde Suiza. Lenin aceptó
tras algunas vacilaciones (pensaba que, al llegar a Rusia, sería arrestado de
inmediato, algo que no sucedió) y, por su parte, el Estado Mayor le puso como
condición que no hablara con socialistas alemanes. El tren partió de Suiza el
8 de abril y, tras un par de combinaciones vía marítima hacia y desde Suecia,
Lenin y una veintena de sus compañeros llegaron a San Petersburgo (entonces
Petrogrado) en la noche del 16. Antes de cumplirse siete meses, estaba en el
poder.
EL ÉXITO FUE EL
FRACASO
Visto el posterior
éxito de la apuesta, uno podría suponer que el prestigio de Parvus se acrecentó
enormemente: sucedió todo lo contrario. Lenin nunca le perdonó haberlo enredado
con los reaccionarios generales prusianos y no le dejó retornar jamás a Rusia,
y por su parte, los socialistas alemanes lo consideraron un traidor: para ellos,
como es fácil de entender, su principal preocupación no era derrocar al Zar
sino a su enemigo, la disimulada dictadura militar que gobernaba Alemania tras
reducir al Káiser a la condición de títere. Sin embargo, y pese a estas severas
y casi unánimes imputaciones de deslealtad, justo es decir que jamás hubo prueba alguna de que Parvus hubiera
entregado a un camarada a las autoridades de ninguna nación.
En marzo de 1918,
Lenin pidió la paz a Alemania y sus aliados: así Rusia salió de la guerra europea,
pero sólo para caer en una guerra civil todavía más cruel y desesperada. A fines
de 1918 se
derrumbaron las Potencias Centrales, al Káiser le llegó el turno de la abdicación
al igual que el Zar Nicolás II (que, para ese entonces, ya había sido ejecutado
junto con toda su familia) y los socialistas alemanes se lanzaron a imitar a
sus camaradas rusos. Pero Alemania no era Rusia: los propios socialdemócratas
de Fiedrich Ebert y Gustav Noske, compañeros de partido y de lucha antes
de la guerra y en el poder debido a ella, desataron una brutal represión que
se cobró la vida de miles de revolucionarios, entre ellos la de Rosa Luxemburgo.
DAS KAPITAL Y EL CALEFÓN
Inmensamente rico
y todavía joven (apenas había pasado los 50 años) Parvus se compró un castillo
en las afueras de Zürich, la ciudad de su juventud. Allí dio rienda suelta a
un apetito libertino que horrorizaba a sus ascéticos camaradas de antaño: organizaba
fastuosas cenas que, invariablemente, terminaban en orgías escandalosas; fue
por esa razón que los suizos lo deportaron a su patria de adopción. En 1920
se retiró a vivir a una mansión situada en las afueras de Berlín, en
Olvidado, execrado
por una historia oficial soviética que, durante el estalinismo, hasta cayó en
la ignominia de cargar las tintas en su origen judío (6),
Parvus murió el 12 de diciembre de 1924. Su cuerpo fue cremado e inhumado en
un cementerio berlinés.
Mi agradecimiento a Manuel Barge ("Manolo el Deshonesto") por haberme
hecho conocer al personaje.
(1)
"Hay grandes ideales en juego. [Pausa
para masticar la comida]. Se puede ganar un montón de plata". (En italiano
en el filme).
(2)
En español, Gelfand es la grafía más correcta de su nombre ruso. En inglés se
lo suele escribir, también correctamente, Helfant o Helphand: la diferencia
refleja las diversas maneras de transcribir fonéticamente a idiomas diferentes
un nombre escrito en alfabeto
cirílico. En alemán, francés, italiano, portugués y rumano se lo escribe
Gelfand; en sueco, neerlandés, checo y polaco, Helphand.
(3) Este episodio tal vez produzca una sensación de reconocimiento
en el lector argentino. Por cierto, mientras se estaba redactando este articulo,
nos enteramos que "el Parlamento
británico analiza la conveniencia de que los periodistas económicos 'operen
bajo algún tipo de restricción' durante etapas de turbulencias, para impedir
que multipliquen el pánico en los inversores".
(4) Son llamativas las tesis que Parvus esgrimió en dicho periódico: dado que las condiciones para una revolución proletaria eran inexistentes, debido al carácter atrasado y semicolonial del Imperio Otomano, proponía que el Estado desarrollara una política de activa intervención en la economía, con vistas a favorecer el surgimiento de una burguesía nacional. (Recordemos que estamos hablando de comienzos de la segunda década del siglo XX). En esto seguía, como es de sospechar, el modelo de desarrollo industrial que Alemania adoptó desde mediados del siglo XIX, con éxito notable. Véase el Capitulo 8, página 125, de "Turkey: A Modern History" de Erik Jan Zürcher, I.B.Tauris, 2004 (en inglés).
(5)
En la novela "Noviembre
(6)
Es de imaginarse que la condición de judíos de Parvus y Trotsky se presta a
toda clase de delirantes teorías conspirativas de tinte antisemita. Un buen
ejemplo se puede leer siguiendo
este vínculo (el texto está en inglés): el objetivo de los bolcheviques
(entre ellos, un antisemita en toda la regla como Stalin) era crear un "estado
mundial judaizado" que aboliera todas las naciones y sus respectivas culturas.
* "Lenin
y la asistencia alemana en la Revolución Bolchevique". Anthony Sutton, "Wall
Street y los bolcheviques".
* Encyclopaedia
Britannica (en inglés).
* Crítica
de Michael Dirda de "Moura: The Dangerous Life of the Baroness Budberg " de
Nina Berberova,
* "Tiempos modernos". Paul Johnson. Javier Vergara Editor, Buenos Aires 1992. Primera Edición 1988 (primera edición en inglés 1983).
* "Auge y caída de las grandes potencias". Paul Kennedy. Plaza & Janés Editores, Barcelona, 1994.
* "Historia del Siglo XX". Eric Hobsbawm. Crítica, Buenos Aires 1998 (reimpresión mayo 1999).
* "La era del Imperio: 1875-1914". Eric Hobsbawm. Critica, Buenos Aires 2004.
* "Lenin's legacy: The Story of the CPSU". Robert G. Wesson. Hoover Press, 1978 (en inglés). Cap. 3, págs. 56- 62.
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