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LA GRASA DE LA CAPITALES NO SE BANCA MÁS


Por el doctor Alan Grant

Esta sección, a mitad de camino entre el periodismo y la arqueología, sigue ocupándose de discos pretéritos. Lo que no tiene nada de particular: escuchar por primera vez un disco editado hace veinte o veinticinco años puede ser una experiencia tan interesante como hacerlo con uno recién salido de las prensas. Cincuenta años de rock nos esperan...

La Argentina que aparecía en 1978-1979 en las pantallas de la televisión, o en las páginas de Gente, era un país feliz. Un país que festejaba los triunfos de sus seleccionados de fútbol en el Campeonato Mundial de 1978 y en el certamen juvenil de Japón de 1979, o los de Reutemann en Fórmula Uno, o los de Vilas y Clerc en tenis. Era un país en el que cualquier familia de clase media podía volverse de Miami o de Uruguayana con un par de televisores. Era un país que se complacía en renegar de la supuesta decadencia europea y del marxismo que aún dominaba medio planeta.

La Argentina que no aparecía en 1978-1979 en las pantallas de la televisión, o en las páginas de Gente, era un estado policial regido por el dictador Jorge Rafael Videla y sus ministros del miedo. Era un país arrasado hasta los cimientos, en el que el terrorismo de estado y la política económica oficial eran dos pinzas de una misma tenaza. Era un país en el que el terror se respiraba en la calle, en la casa, en el trabajo, en la escuela, en la universidad.

A mediados de 1978 había debutado Serú Girán, con el disco homónimo y con un recital en Obras en el que el público los recibió con frialdad. Los temas de esa primera placa habían sido compuestos, en su mayoría, en una temporada que los cuatro Serú pasaron con sus mujeres e hijos en Buzios, en la época en que todavía era un pueblito de pescadores, y reflejaban cabalmente el estado de felicidad producto de días y días de vivir sólo para la música, en un paraíso, rodeados de los afectos más cercanos y tomando LSD como si fuera Coca-Cola. El contraste con un público que vivía con el terror en la sangre no podía ser más brutal. Sólo años después se reconoció lo bueno que era ese disco, y temas como "Seminare" o "Eiti Leda" pasaron a la categoría de himnos.

Pero en ese momento la banda sintió el golpe. Charly García y David Lebón tuvieron que salir ellos mismos a vender los shows, en una motito. El primer año posterior al debut lo pasaron tocando casi todas las semanas, frente a públicos que raramente excedían las doscientas personas. Pero poco a poco el grupo se fue asentando y se fue ganando una creciente masa de seguidores.

Tantos meses en un ambiente tan bucólico como el de Buzios hicieron que el regreso a la gran ciudad caníbal resultara en extremo chocante. A ello se sumó un descorazonador viaje de Charly por Europa, a comienzos de año, en el que trató de abrir puertas a una eventual edición de "Serú Girán" para sellos internacionales: regresó sin mayores novedades, además de bastante disgustado con un panorama musical que había idealizado desde la distancia. Decía entonces Charly: "tenía muchas expectativas, pensaba que me iba a encontrar con algo impresionante y me di cuenta que a nivel música y arte es todo una grasada; grasa en el sentido de esa cosa fea, horrible, como la grasa de una pizza que toca todo el mundo..."

De esa sensación de asco nació el nombre del segundo disco, "Grasa de la capitales", que la banda entró a grabar en los estudios ION a mediados de 1979. La idea de utilizar el diseño de tapa de la revista Gente fue de Charly, y le permitió incluir algunas mordaces réplicas a una prensa que había destrozado sin piedad al grupo, criticando desde su aparente falta de compromiso hasta las supuestas "voces hermafroditas" (sic) de David, Charly y Pedro Aznar.

Así, la referencia a "los dobles de Serú Girán" era una respuesta a una crítica desfavorable que decía que los cuatro Serú habían mandado a sus dobles a tocar en un show. "Charly García: ¿ídolo o qué?" había sido usado como título de una nota demoledora, publicada en un diario porteño. A su vez, servía para cumplir con una exigencia contractual: el sello obligaba a Charly a colocar su nombre en la tapa del disco, independientemente de la banda que integrara. Y los otros títulos parodian clisés de Gente: los reportajes donde los entrevistados "se confiesan", las sin duda cruciales aventuras amorosas de los integrantes de la farándula, los deportistas que son "un orgullo argentino" cuando traen un campeonato mundial - y se vuelven malos ejemplos en la desgracia (no sé si ubican a un tal Maradona...)

La imagen de los cuatro Serú también obedece a una idea de García, esta vez para expresar una serie de bromas internas. El supuesto doble de Pedro es un oficinista nerd, con grandes anteojos y maletín; el del baterista Oscar Moro, un carnicero panzón de enorme cuchilla y delantal manchado de sangre; el de Lebón, un futbolista o rugbier de piernas esqueléticas; el de Charly, algo así como un prosaico dependiente de una estación de servicio, a años luz de espiritualidad alguna.

"Serú Girán" había sido un disco de canciones pop, maquilladas con barrocas pinceladas de rock sinfónico y unos toques de música brasileña y rock & roll. en ambio, "Grasa de las capitales" apostó a una mayor simpleza y a fusionar rock con jazz latino y ritmos del Río de la Plata.

En una primera escuchada, lo primero que se nota de "Grasa..." es el protagonismo del bajo, tocado por un entonces casi adolescente Pedro Aznar. En muchas partes Pedro toca un bajo fretless (sin trastes), al estilo del consagrado Jaco Pastorius. En el haber del disco podrían anotarse algunas partes desacompasadas, consecuencia de que el bajo se despegue de su papel habitual de darle notas a la batería y se lance a la búsqueda del cosmos... Empero, cualquier exceso de su parte merece quedar de lado ante su perfecto desempeño en la emocionante "Viernes 3 AM".

El disco abre con una especie de candombe, "La grasa de las capitales", de Charly, una lúcida visión del mundo del espectáculo de entonces (y perfectamente aplicable al de hoy). La apertura del tema, cantada a capella por Charly, Pedro y David, es un ejemplo de uno de los puntos fuertes de la banda: los exquisitos arreglos de voces, algo que en el rock de esta parte del mundo no suele abundar.

Le sigue una de las cumbres de la habitual colaboración de la dupla García - Lebón, "San Francisco y el lobo", una conmovedora canción en la que Lebón, solo con su guitarra, cuenta la historia del lobo que escuchaba predicar a San Francisco de Asís; a la vez, una historia de ilusiones perdidas.

El tercer tema es una de los puntos altos de Charly como letrista: "Perro andaluz". Es una rencorosa canción de doble o triple lectura: para escuchar pensado que habla de un amor perdido, o de la fama, o de la cocaína, o de las tres cosas y ninguna a la vez. El título hace referencia a una de las pasiones de Charly, el cine: en este caso, a una legendaria película surrealista de los años '20, dirigida por Luis Buñuel y Salvador Dalí.

Para cerrar el lado A, tal vez las dos canciones que resistieron con menos fortuna el paso de los años: "Frecuencia modulada", de Lebón y García (cantada por el guitarrista), y "Paranoia y soledad", una pieza jazzera de Pedro Aznar, en el único tema cantado de los tres suyos que la banda grabó en su primera etapa. "Frecuencia modulada" contiene un gran solo de guitarra acústica, con uso intensivo de armónicos, pero a mi me resulta demasiado jazzero (al estilo de un De Lucía o un Di Meola) para una base tan disco: el resultado es un híbrido en el que las diferencias se anulan en vez de potenciarse. El estribillo de la canción dice "si en la música que escuchas ya no hay vida / si la letra ya no tiene inspiración / si aunque aumentes el volumen ya no hay fuerza / son los tiempos que están huecos de emoción". El tema de Aznar, por su parte, permite escuchar en primer plano su excelente voz.

El lado A deja percibir nítidamente otra característica de Serú Girán que también lo hace singular: todos tienen su lugar. No hay una estrella y un grupo de apoyo, sino cuatro músicos que, pese a sus diferencias, confluyen en un espacio común donde todos están cómodos.

El lado B abre con "Noche de perros", donde Charly y David se ponen casi tangueros, en medio de la noche de la dictadura. "No estás solo si es que sabes que muy solo estás / no estás ciego si no ves donde no hay / nada". Hay un notable desempeño de Lebón en voz y guitarra.

Luego viene la gema del disco y una de las mejores canciones de la historia del rock argentino: "Viernes 3 AM", o la versión argentina del "No Future" de los punks, sobre una base de jazz latino y un bajo al que Aznar hace sonar como si cantara con un nudo en la garganta. Es Charly en una de sus cumbres, y una fuente de problemas con la férrea censura militar, que no podía tolerar un tema que hablara de suicidio y desesperanza.

El tercer tema del lado B mantiene el clima de desolación, por otra parte algo que se respiraba en el aire en esos años. Es "Los sobrevivientes", una incursión de Charly por las orillas del tango à la Ástor Piazzolla, con un perfecto desempeño instrumental de la banda, en especial del legendario baterista Oscar Moro.

Para cerrar el disco, un tema más amable que revisita la atracción de García por el mundo de Hollywood y sus estrellas. Es precisamente "Canción de Hollywood", a la vez claro ejemplo del estilo de arreglos de Serú Girán: varias partes instrumentales, cambios de ritmo y de tempo y excelentes melodías.

En 1980 el grupo pegó el salto definitivo, en gran parte por el envión que le dio "Grasa...". Creó un sello propio (novedad absoluta en Argentina); hizo montones de recitales; llegó al estadio de Obras dos veces (ayudando a definirlo como templo rockero arquetípico); sacó un disco excelente ("Bicicleta", una cabalgata de hits); sentó un estándar elevado en cuanto a escenografía, sonido e iluminación (fue la primera banda que se preocupó de estos asuntos, hasta entonces relativizados hasta el borde del bochorno); estrenó quizá dos de las mejores pinturas de un país que gemía bajo la ocupación de sus propias fuerzas armadas ("Canción de Alicia" e "Inconsciente colectivo") y cerró el año juntando 60 mil personas en el predio de la Sociedad Rural de Buenos Aires, un récord que, para espectáculos gratuitos, sólo fue superado por el Soda Stereo de su mejor momento - en 1991, en la Avenida Nueve de Julio - y por el propio Charly García en 1999. Tanto éxito permitió que la banda rompiera el cerco en torno al gueto rockero y llegara a la TV y la prensa gráfica, ayudando a que el rock argentino pudiera tener un espacio bajo el sol. Detrás de Serú Girán se colaron, poco a poco, las otras bandas (incluyendo aquellas que, ubicadas en las antípodas musicales, replicaban la Guerra del Cerdo rockera de la Inglaterra de 1976-77). Pero ésa es otra historia.

Una versión previa de esta nota fue reproducida en la revista virtual uruguaya LadoB..., en su número 24 - marzo de 2003. La nota sufrió unas leves modificaciones en marzo de 2007 y una ligera ampliación en julio de 2008.

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