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EL FÚTBOL EN
Este 2010 es el año del XIX Campeonato
Mundial de Fútbol a disputarse en Sudáfrica, lo que sería una muy buena excusa
para investigar ciertos aspectos poco conocidos del balompié… si yo necesitara
una excusa para hacerlo. Con ustedes, una reseña de cómo se vivía el fútbol en
el seno del experimento totalitario más siniestro de la historia de la humanidad.
A
La
medida del totalitarismo nazi la da la vigencia del principio de Gleichschaltung,
o “coordinación forzosa” de todos los aspectos la sociedad: no había rincón de
la vida en
También
se modificó la forma de disputa de los campeonatos. Antes de 1933, el fútbol en
Alemania consistía en una serie de ligas regionales que seguían los límites de
los viejos estados monárquicos integrados en el Segundo Reich (Baviera, Prusia,
etc.), con los dos (en algunos casos tres) mejores equipos de los campeonatos
regionales clasificando para el torneo nacional. Se discutía en esos años la
creación de una liga profesional de alcance nacional, al estilo inglés o
italiano, pero el zar del deporte alemán en aquellos años, el
Reichsportführer Hans von Tschammer und Osten, tenía otros planes: en 1933, las ligas fueron
reformadas, llevando su número a 16 y subdividiéndolas a su vez en torneos
regionales. Se las llamó las Gauligen (“ligas regionales”, singular Gauliga).
Del
(A la derecha, selección alemana de fútbol haciendo el saludo nazi; fuente aquí).
Los
ingresos de los clubes dependían exclusivamente de la venta de entradas: la
televisión apenas había nacido (el 22 de marzo de 1935 se inauguraría en Berlín
la primera estación de TV del mundo). La recaudación de un partido se repartía
entre el local, el visitante y la federación alemana.
Los
nazis prohibieron la participación de los clubes fundados por asociaciones de trabajadores
y por la colectividad judía. Los miembros de esta última conservaron por unos
años la posibilidad de jugar en una liga propia, aunque hasta este pequeño
resquicio les fue quitado en 1938. Clubes que contaban con muchos socios y
simpatizantes judíos como el Bayern Munich (campeón de la última temporada
anterior al nazismo, 1931-32), el Eintracht de Francfort, el Kaiserslautern o
(después de 1938) el Austria de Viena cayeron en desgracia hasta que
purgaron de judíos sus filas. El destino de los mejores jugadores o
entrenadores judíos fue el exilio (Richard Zombi, Gottfried Fuchs) o la muerte
(Julius Hirsch fue asesinado en Auschwitz). Aparecieron nuevos clubes ligados a
los valores defendidos por el nazismo, como el Luftwaffen de Hamburgo o su
similar de Danzig (ambos sostenidos por la fuerza aérea) o el SS de
Estrasburgo, el equipo de la siniestra organización paramilitar de Heinrich
Himmler.
El
resultado de todos estos cambios fue bastante pobre, a juzgar por los
resultados: si en el certamen mundial de 1934 la selección alemana al menos alcanzó
a llegar a semifinales (siendo entonces eliminada por los “inferiores” eslavos
checoslovacos), en los Juegos Olímpicos de 1936 en la propia Berlín fue
eliminada por su similar noruega en cuartos de final (1) y en
el Campeonato Mundial de Francia de 1938 quedó en el camino en octavos de
final, tras perder con un combinado de segundo orden como Suiza. En 1939 se
volvió a discutir la instalación de una liga nacional, pero el comienzo de
En
1939, la federación alemana presentó la candidatura de su país para la
organización del Campeonato Mundial de Fútbol de 1942. La idea de disputar un
certamen ante la mirada de Adolf Hitler despertaba el resquemor de muchas
federaciones, entre ellas la francesa, que suspiraron de alivio cuando
Argentina anunció su voluntad de competir por la organización del torneo (2).
Brasil también expresó su intención de ser sede, pero las tres candidaturas
quedaron en la nada al desatarse
EL ANSCHLUSS Y EL FÚTBOL
Cuando
en 1938 se incorporó a Austria dentro del Tercer Reich (el Anschluss o
“anexión”), Alemania no sólo se benefició con la absorción de la población y la
riqueza de su vecina meridional: el seleccionado austríaco de fútbol era, en
aquellos años, el mejor de Europa continental junto con el de Italia. Su
estrella era un exquisito delantero, Matthias Sindelar, a quien llamaban el
“Mozart del fútbol”, que fuera elegido hace unos años el mejor futbolista
austríaco de la historia. Pero Sindelar tenía sangre judía y checa, y para
peor, era simpatizante socialdemócrata. El 3 de abril de 1938, pocas semanas
después del Anschluss y como parte de los festejos por el mismo, se celebró un
encuentro en Viena entre las selecciones alemana y austríaca, penúltimo partido
de este combinado antes de desaparecer (el último sería la revancha, a
disputarse en Berlín poco después). Se advirtió a los jugadores austríacos que
se esperaba que perdieran o, al menos, empataran, pero tras una primera hora de
juego en la que Austria hizo todo lo posible por no adelantarse en el marcador,
Sindelar señaló el 1-0 y festejó el gol en la cara de los jerarcas nazis presentes.
El partido terminaría 2-0, ante la algarabía de la tribuna local.
El
Anschluss implicó que Austria no participara en
EL
FÚTBOL ALEMÁN DURANTE
Con
las anexiones resultantes de las victorias de la maquinaria bélica germana
durante los primeros años del conflicto, la federación alemana incorporó nuevas
ligas a su campeonato. A la ya vista incorporación del fútbol de Austria, se
sumó en 1940 la de clubes luxemburgueses y franceses de Alsacia y Lorena, como el
Racing de Estrasburgo o el Metz. En los territorios conquistados de Europa
Central se adoptó un modelo de segregación: los equipos de Bohemia, Moravia y
Polonia a los que se permitió participar en el torneo alemán estaban integrados
exclusivamente por futbolistas de ese origen étnico. A los polacos se les
prohibió organizar un certamen para sí mismos; a los checos, se les obligó a
participar en un campeonato segregado.
La
guerra llevó a reclutar como soldados a muchos futbolistas. Como consecuencia,
se redujo la cantidad de equipos y se crearon subgrupos regionales más chicos para
evitar los viajes, que en ese momento eran caros y riesgosos. El equipo más
exitoso de la época fue el Schalke 04, siendo otros animadores frecuentes dos
equipos austríacos, el Rapid de Viena (campeón en 1941 y ganador de
LOS
CAZADORES ROJOS
El
Rote Jäger (“Cazadores Rojos”) fue un equipo de exhibición de Hamburgo, que
tuvo una breve vida entre 1943 y 1944. Su mentor fue el as de la aviación (y excelente
guardametas) Hermann
Graf, quien tuvo la idea de incorporar a su brigada de combate a los
mejores futbolistas alemanes como supuestos “consejeros técnicos”, con la idea
de salvarlos de servir en las filas del ejército. Fue así que los Rote Jäger
(cuyo arquero era el propio Graf) fueron dirigidos por Sepp Herberger,
legendario entrenador de las selecciones alemanas de
EL
PARTIDO DE
Para
el final, dejamos una historia que es relativamente conocida: la del llamado
Partido de
La
fundación del FC Start data de comienzos del verano boreal de 1942, en
una panadería estatal, Iosif Kordik y Mykola Trusevych, este último arquero del
Dinamo antes de la guerra. Kordik y Trusevych convocaron a antiguos jugadores
del Dinamo y del Lokomotiv de la ciudad a patear una redonda durante un rato y
olvidarse del hambre y la miseria, de la tristeza de ver a la patria
esclavizada y de la brutalidad de los invasores alemanes y sus aliados. El
equipo ya había superado con facilidad a los combinados de las guarniciones
húngara y rumana cuando el equipo de la fuerza aérea alemana, el Flakelf, que ya
había sido derrotado 5-1 por el Start en una oportunidad, pidió una revancha
para el 9 de agosto. Durante los días anteriores al encuentro, los futbolistas
del Start fueron advertidos de que los alemanes verían con malos ojos una nueva
derrota y que, además, el encargado de arbitrar el partido iba a ser… un
oficial de las Waffen-SS.
Asistieron
al encuentro miles de soldados alemanes y algunos pocos niños y ancianos
ucranianos. Antes del comienzo del mismo, los hombres del Start ya habían
desairado a sus rivales al negarse a hacer el saludo nazi. Los alemanes, como
era de esperar, se dedicaron a aprovechar la complicidad del árbitro para
intimidar a golpes a los ucranianos: de hecho, consiguieron su primer gol mientras
Trusevych estaba atontado tras recibir un puntapié en la cabeza. Pese a todo,
el primer tiempo terminó 2-
En
el entretiempo se les volvió a advertir a los ucranianos, en forma muy clara,
que se esperaba que perdieran. El segundo tiempo fue muy disputado, los
alemanes llegaron a empatar el partido 3-3, pero el Start se puso 5-3. Cuando el
defensor Oleksiy Klimenko gambeteó a media defensa alemana y al arquero y, en
vez de marcar el gol con el arco libre, decidió hacer un pase atrás a un
compañero que estaba en mitad de cancha, el árbitro decidió terminar el partido:
todavía no se habían cumplido los 90 minutos reglamentarios. Ucrania no se
rendía.
Una
semana después, varios de los jugadores fueron arrestados por
Las desventuras de los sobrevivientes no terminaron
con el fin del conflicto bélico, porque para Stalin y sus secuaces, los
jugadores eran culpables de traición por haber “confraternizado” con los invasores. Sólo se les perdonó la vida si juraban guardar
silencio, porque la prensa rusa había publicado, a fines de 1943, unos
despachos sobre el encuentro que afirmaban que los jugadores de Start habían
sido fusilados por los alemanes apenas terminado el partido.
De todos modos, la historia fue rápidamente olvidada
hasta 1959, cuando Petro Severov y Naum Jalemsky
publicaron un libro que la hizo de conocimiento general en la hoy desaparecida
URSS. Se filmaron tres películas sobre la mismas: la soviética “Tretiy taim” ("Tercer
Tiempo", 1962), la húngara "Két félidő a pokolban" (“Dos
tiempos en el infierno”, también de 1962), y la estadounidense “Escape to
victory” ("Escape a la victoria", 1981, dirigida por nada menos que John
Huston, y que por cierto se toma unas enormes libertades con la historia).
[Agregado del 23-02-2010. El amigo de la casa Patricio Flores me dice en un mensaje de correo electrónico: "Iosif Kordik y Mykola Trusevych, el 'Partido de la Muerte'... ¡Como si hubiera algún partido que no lo fuera!"]
NOTAS
(1) Éste fue el único encuentro de fútbol que Adolf Hitler presenció en su vida: se retiró furioso seis minutos antes de terminar el mismo. El entrenador de los noruegos, Absjorn Halvorsen, era judío, y terminaría sus días en un campo de concentración en Francia. Uno de sus verdugos, el oficial de las SS Otto Harder, había sido su compañero en el Hamburgo.
(2)
FUENTES
*
“Extracto del libro
‘Dinamo: Defendiendo el honor de Kiev’, del inglés Andy Dougan”. Impulso
Baires.
* Wikipedia (en inglés).
* “Football under the swastika”. Wien
Internacional (en inglés).
* “Kiev
' 42, la partita decisiva vinta giocandosi la vita”.
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