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BRUCE SPRINGSTEEN, HÉROE DE LA CLASE TRABAJADORA
En 1984, Bruce Springsteen editó un notable y exitoso disco, el mejor de su carrera y uno de los mejores de la década del ’80: “Born in the USA”. En este artículo, me propongo volver a aquella notable colección de doce canciones, cuyo gran tema es el gran tema de muchas de las canciones de The Boss: las alegrías y tristezas de la clase trabajadora de los Estados Unidos.
EN EL PRINCIPIO, FUE “NEBRASKA”
“Born in the USA” es el séptimo álbum de la carrera de Bruce
Springsteen, pero bien podría haber sido el sexto, o al menos parte de él. El 3 de enero de 1982, Springsteen grabó en su casa una serie de demos (maquetas, para los amigos españoles). Entre esos demos, estaban todas las oscuras canciones
que terminarían formando parte del disco acústico “Nebraska”,
así como una versión primitiva de un tema originalmente compuesto para un filme
de Paul Schrader tentativamente
llamado… “Born in the USA”. (El filme es “Light of day”, con Michael J. Fox y Joan Jett,
y recién sería estrenado en 1987). Entre enero y mayo
de 1982, Springsteen grabó versiones eléctricas de todos esos temas y algunos más con su
banda, la E Street Band, pero terminó hallando más frescas y atractivas a las
versiones grabadas en su casa. Diez de ellas terminarían siendo editadas en setiembre de 1982 como parte
de “Nebraska”, y el resto (nada menos que ocho temas ¡y qué ocho temas!)
tendría que esperar su turno.
Aquellas ocho canciones recién fueron retomadas a fines de 1983, cuando se les sumaron “My hometown”, “Bobby Jean” y “No surrender”, y en marzo de 1984 se grabó un tema más, “Dancing in the dark”. Todos ellos compusieron el álbum “Born in the USA”, que saldría a la venta el 4 de junio de 1984 y se constituiría en un inmediato éxito de crítica y ventas. Nada menos que siete de sus doce temas fueron editados como simples ¡y además llegaron al Top Ten! Las ventas fueron tan extraordinarias que “Born…” todavía llegó a ser el disco más vendido del año siguiente, 1985, y es uno de los álbumes más vendidos de todos los tiempos en Estados Unidos.
La producción
del álbum fue compartida entre el propio Springsteen, John Landau, Chuck Plotkin y el guitarrista de
El oyente atento notará cuánto le debe el sonido de “Piano bar” de Charly García al de “Born…”, por no hablar de un evidente paralelo temático entre los catárticos y adrenalínicos temas que abren ambas placas, “Born in the USA” y “Demoliendo hoteles”. También notará la forma en que Miguel Mateos poco menos que canibalizó el disco de Springsteen: desde la forma de cantar hasta el sonido, por no hablar de la canción “Peleando por tu amor”.
LAS CANCIONES
El primer tema es el que da nombre a la obra, y uno de los grandes factores de confusión con respecto a la verdadera posición política del autor. Musicalmente, derrocha épica, casi como un himno; el estribillo, considerado aisladamente, parece una proclama patriotera; sin embargo, el resto de la letra (que se transcribe más abajo) es una dolorida evocación de las desventuras de la clase trabajadora norteamericana durante los ’70 y ’80, en especial de aquellos de sus miembros que padecieron la desgracia de ir a combatir a Vietnam. (Al respecto, escúchese también una canción con la que tiene más de un punto de contacto, “Fortunate son” de Creedence Clearwater Revival). Esa ambigüedad se realimentaba con el contraste entre la amarga letra y la masculinidad prepotente que exudaba el aspecto físico de Springsteen por aquella época: un cuerpo trabajado, ropa ajustada, vincha… No por nada se dijo de The Boss que era “el Rambo del rock and roll”, ni es de extrañarse que el retrógrado y patriotero presidente republicano Ronald Reagan haya intentado utilizar la icónica imagen de Springsteen en su provecho. Éste, por su parte, era perfectamente consciente del juego: en un reportaje, afirmó que pensaba que, después de los fracasos de Vietnam y Watergate, el pueblo norteamericano necesitaba recuperar la autoestima y el optimismo, pero notaba que esa necesidad “está siendo manipulada y explotada. Y los avisos de TV por la reelección de Reagan… eso de ‘está saliendo el sol sobre América’. Bueno, no está saliendo el sol sobre Pittsburgh. No está saliendo el sol sobre la calle 125 de Nueva York. Es medianoche, y lo que está saliendo es una luna de mal agüero”.
La sensación que tengo hoy, al volver a escuchar la canción para escribir este artículo veintisiete años después, es la de una voz (la del narrador de la historia de la canción, no necesariamente el propio Springsteen) que hace fuerza para creerse el estribillo, que se aferra a la idea de pertenecer a una nación muy grande, en medio de un mundo (su mundo) que se derrumba ante sus ojos. A comienzos de los ’70, Estados Unidos todavía tenía una clase obrera industrial numerosa; una década después, las industrias cerraban una tras otra, afectadas por la competencia asiática (entonces de Japón, Taiwán o Corea, hoy de China), y el desempleo aumentaba a niveles nunca vistos. Pero “Born…” no será la última de las canciones de este disco que narra las vicisitudes que acechaban a esa clase obrera industrial.
La segunda canción es “Cover me”, grabada originalmente como demo para Donna Summer. Pero el tema le pareció al productor Landau demasiado bueno para cederlo a otro intérprete, y tras vencer alguna resistencia de Springsteen, logró que quedara en el disco. La característica principal de la música de “Cover me” es una serie de gloriosas frases bluseras de la guitarra de Van Zandt; la letra es un pedido de auxilio: “éstos son tiempos duros y se están poniendo peores / este viejo mundo es áspero, y se pone cada vez peor / cubrime, nena, vamos, nena, cubrime / estoy buscando un amante que venga y me cubra”, para agregar luego “he visto suficiente, no quiero ver más”.
La tercera es “Darlington County”,
un tema muy ganchero, cuya letra presenta a dos trabajadores migrantes neoyorquinos intentando divertirse en un pueblo
de Carolina del Sur la noche de un 4 de julio, el Día de
Sigue “Working on the highway”, o sea “trabajando en la autopista” (¡casi “Trabajando en el ferrocarril” de Pappo’s Blues!). El tema, uno de los que fueron grabados en la sesión del 3 de enero de 1982, es una especie de rockabilly cubierto por un espeso barniz de sonido ochentoso (¡esos sintetizadores!). El protagonista de esta canción de The Boss es obrero de la construcción que trabaja en la obra de una autopista, que se enamora de una chica y se fuga con ella, pero… ella es menor de edad, y otra vez el diablo (la ley) mete la cola.
El quinto tema es “Downbound train”, la crónica del descenso a los infiernos de un hombre que es despedido su trabajo de siempre en una barraca y termina lavando autos, perdiendo además a su esposa, lo que le motiva la reflexión de que “me siento como el conductor de un tren descontrolado cuesta abajo”. El demo acústico del tema estuvo a punto de formar parte de “Nebraska”.
Cierra el lado A “I’m on fire”, un tema lento cargado de tensión sexual, que desentonaba con el resto del material de “Nebraska” y quedó afuera de dicha placa. La letra comienza diciendo “chiquita ¿está tu papá en casa? / ¿Se fue y te dejó sola? / Tengo un deseo malo / estoy en llamas”… y ése es sólo el comienzo.
El lado B abre con “No surrender”, un agradable rockito grabado a fines de 1983, cuya letra, que también se
transcribe abajo, parece ser una exhortación de un rockero a un compañero de banda para no aflojar en un momento malo (¿un mensaje a Van Zandt, quien estaba abandonando
e “Bobby Jean”, un rock muy bailable que
también parece hablar con tristeza de la ruptura de la relación con el gran
amigo y guitarrista de la banda. En los maravillosos versos finales, la canción
habla de sí misma: “nos fuimos caminando bajo la lluvia y hablando del dolor
que nos causaba el mundo del que nos escondíamos / ahora no hay nadie en ningún
lugar que pueda entenderme de la manera en que lo hacías / tal
vez hoy estés de gira por ahí / viajando en algún ómnibus o tren / o en alguna
habitación de un hotel donde haya una radio sonando / y tal vez me escuches
cantar esta canción / bueno, si lo hacés, sabrás lo
que pienso de vos y de las millas que hay entre nosotros / y no quiero pedirte
una última vez que cambies de opinión / sino decirte que te extraño, nene,
buena suerte, adiós, Bobby Jean”.
El tercer tema del lado B no es especialmente memorable: “I’m going down” (“voy para abajo”) habla (otra vez) del final de una relación. Sigue una gran canción de rock, musicalmente muy agradable, en contraste con lo amargo de la letra: “Glory days”. Habla de aquellos hombres y mujeres cuyos únicos “días de gloria” han quedado lejos, en la adolescencia, y desde allí en adelante han sido molidos a patadas por la vida, desde el desempleado cuarentón que ya no encuentra trabajo hasta la madre divorciada y sola. Sabio y tristón, el narrador concluye diciendo: “ahora pienso en volver al bar esta noche / y beber hasta hartarme / y espero que cuando sea viejo no me siente a recordar esto / aunque probablemente lo haré / sí, sólo sentarme a tratar de recuperar / un poco de la gloria de… bien, el tiempo pasa / y deja, señor, nada más que / historias aburridas sobre días de gloria”.
La quinta pista del lado B es el superhit “Dancing in the dark”, un éxito synth-pop grabado a último momento, en marzo de 1984, por directa
influencia del productor John Landau. Springsteen, a quien el tema no le convencía para nada,
lo canta con cierta rabia, lo que ayuda a darle una potencia inusual. La letra
usa una metafórica y muy norteamericana referencia a las armas como “no podés
empezar un fuego sin una chispa / esta pistola está disponible”. ¿Saben quién
es la chica que baila con Bruce en el video – dirigido por nada menos que Brian de Palma? Una veinteañera Courteney Cox,
Cierra muy por lo alto este gran disco “My hometown”, una balada de sintetizador y voz y una triste y dylaniana reflexión sobre un ambiente urbano degradado, con fábricas cerradas y violencia racial, cuya letra también se transcribe abajo. Al lector rioplantense, muy probablemente, lo remitirá menos a Nueva Jersey que a las barriadas populares del conurbano bonaerense, de Montevideo o de Rosario de hace una década: una demostración adicional de la sabiduría del escritor ruso León Tolstoi, de aquello de "pinta tu aldea y serás universal".
Nací en un pueblo de mala muerte |
Bueno,
un día nos largamos del colegio |
Tenía ocho años y corría con una moneda en
mi mano |
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