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VIRUS: LEVANTÁNDOLE LA POLLERA A LA MÚSICA


Por el doctor Alan Grant

Desde más o menos 2000 para acá, apenas pasa un mes sin que alguien aparezca reivindicando a una de las bandas arquetípicas del rock argentino de los años '80: Virus. El doctor Grant saca a la luz para nosotros su segundo disco, el osado "Recrudece", de 1982.

A LO MEJOR ES COMO ES

Federico Moura nació el 23 de octubre de 1951 en La Plata (dicho sea de paso, el mismo día que Charly García), cuarto hijo de los seis que tuvieron un abogado civilista y una maestra. La madre de Federico, al igual que su abuela materna, era una pianista aficionada, y ese interés por la música pasó a sus hijos. Federico ya esbozó un módico proyecto musical a los 11 o 12 años, cuando junto con su compañero de colegio Daniel Sbarra (posterior integrante de Virus) armó un dúo que tocaba temas de los Beatles en la calle, acompañando el canto con dos guitarras españolas. El dúo duró un día.

Hacia 1967, Federico armó su primer grupo de rock, Dulcemembriyo: era el bajista y hacía coros, y además era el cerebro detrás del concepto estético y visual de la banda. Hacían temas de The Who, los Rolling Stones, Black Sabbath y Steppenwolf, además de una versión irónica de una canción de Palito Ortega y composiciones propias. En paralelo a Dulcemembriyo, Federico integraba un grupo filorreligioso, el Movimiento Siloísta, y estudiaba arquitectura (llegó hasta tercer año). Uno de sus hermanos mayores, Jorge, estudiaba lo mismo.

La banda duró algo menos de un lustro, y llegó a tocar en Bolivia. Un día Federico decidió hacer su viaje de hippie: se fue a Londres en barco, luego recaló en Nueva York y Brasil, y volvió en el efervescente año 1973. Su padre le ayudó a abrir su primer local de ropa en Buenos Aires, Limbo. Federico era el diseñador, le iba muy bien; Federico se aburría en el rol de tendero de éxito; Federico era homosexual y el clima social era cada vez más intolerable; Federico alquila su local y se va a París en 1976, y luego a Nueva York y a Río de Janeiro. En el exterior respira la libertad cuya falta asfixia a toda una generación; el cada vez más represivo (des)gobierno de Isabel Perón da paso a una dictadura criminal; miles de jóvenes padecen el secuestro, la tortura, la muerte; entre ellos, un joven platense que intenta hacer mejor la vida de sus semejantes y trabaja en las villas miseria. Se llama Jorge Moura y es uno de los 30 mil desaparecidos.

Federico vuelve efímeramente a una Argentina convertida en una cárcel. Forma con un amigo de la infancia, Mario Serra, una banda punk, Las Violetas, en la que era la voz líder; abre su segundo local de venta de ropa, pero ante las poco alentadoras perspectivas pronto decide volverse a Brasil.

Por esa época, Mario Serra decide armar un proyecto común con tres integrantes de una banda de rock con toques latinos, Marabunta: Quique Mugetti y Julio y Marcelo Moura, dos de los hermanos de Federico. A fines de 1980, Julio y Marcelo viajan con su padre a Río a visitar a Federico, y los hermanos lo invitan a unirse al nuevo proyecto.

ENTRA EN MOVIMIENTO

El apagón cultural había congelado al rock argentino en mitad de los años '70, antes de la explosión punk: los pocos grupos y solistas que sobrevivían en los márgenes del sistema se ejercitaban en el arduo jazz rock con toques sinfónicos y el folk testimonial; a Serú Girán, la más pop de todas esas bandas, se la había descalificado por tocar en vivo una parodia de la música disco. Habían vuelto Almendra y Manal, tras una década: en el aire había una sensación de que hacía falta algo nuevo y diferente, algo que desafiara los límites, que aportara un poco de frescura. La misma sensación que hay hoy, por otra parte.

En ese ambiente gris de tristeza y represión, el domingo 11 de enero de 1981, debutó exitosamente en La Plata una banda llamada Virus: Federico Moura en voz, Enrique Mugetti en bajo, Ricardo Serra (hermano de Mario) y Julio Moura en guitarras, Marcelo Moura en teclados, Mario Serra en batería. La banda apareció con musculosas y pantalones y zapatillas coloridas, sonando muy bien, y tomando a todo el mundo desprevenido: como recuerda Marcelo, era "el descubrimiento de una nueva forma de vivir, más saludable, más up, retomar los colores. Virus era eso y la música también: bien up, para arriba, sin caer en dramas. Había temas en los que le pegábamos a toda esa cultura que había pasado, pero tampoco éramos obsesivos en tirar palos porque sabíamos que había una propuesta que valía".

Pronto Virus llegó a Buenos Aires, se corría la voz de que había algo nuevo, una banda new wave con toques latinos, canciones alegres y dinámicas que, a los distraídos, les sonaban pasatistas y livianas. Federico se reía de eso: "nosotros sufrimos la represión en carne propia, tenemos un hermano desaparecido. Pero vimos que así no salíamos más. Por eso tirar buena onda pareció extraño". En términos freudianos, una apuesta a la pulsión de vida.

A Federico le parecía que al grupo le hacía falta un mayor trabajo en las letras, de modo de traslucir mejor su ideología. Por ello contactó al sociólogo y artista plástico Roberto Jacoby, uno de los locos que, en los años '60, aportaron al arte argentino una visión diferente desde el legendario Instituto Di Tella. Jacoby ayudó a redondear el mensaje transgresor de una banda cuya música ya espantaba al aterrado y amodorrado público de rock de la época, como atestigua el virulento rechazo que Virus y Cantilo & Punch, las dos bandas new wave de la escena de la época, recibieron en el Festival Prima Rock del Día de la Primavera de 1981.

A los pocos días, Virus comenzó a grabar su primer disco para CBS, que salió a la venta en diciembre. En ese tiempo, y pese a contar con hits como "Wadu Wadu", "Densa realidad" y "El rock es mi forma de ser", distó de ser un éxito de ventas, pero con los años la cosa cambiaría. En la presentación de "Wadu Wadu" en el Teatro Astral, el viernes 18 de diciembre de 1981, debutó como músico un tal Roberto Pettinato, tocando el saxo, quien por entonces dirigía la revista "El Expreso Imaginario".

EL ROCK VENDIÓ EL STOCK

En el verano de 1982 ya era evidente, para quien quisiera verlo, que la dictadura se derrumbaba, víctima de su propia brutalidad. Se ensayó un pacto con los sectores más conservadores de la política (la olvidada "cría del Proceso", el "asado de Victorica" en La Pampa) pero no alcanzaba: entonces vino el manotazo de ahogado de la Guerra de las Malvinas. De pronto la dictadura necesitó unificar el frente interno, congraciarse con la juventud, y se organizó de apuro el pomposamente llamado "Festival de la Solidaridad Latinoamericana", el 16 de mayo de 1982, donde se presentaron los rockeros más importantes: Charly, Spinetta, Gieco, Porchetto, Litto Nebbia, Pappo, Lebón, Cantilo... A Virus también le llegó la invitación, pero la rechazó inmediatamente. Virus, la banda pasatista, complaciente, frívola, se negó; el resto fue. Si hubo un punto de quiebre entre la generación del rock de los '70 y la del de los '80, fue ese festival.

SALIENDO DEL AGUJERO INTERIOR

El primer sábado posterior a la rendición de las fuerzas argentinas en las Islas Malvinas, el 19 de junio de 1982, en el Teatro Olimpia, de Buenos Aires, Virus realizó un show de importancia capital para el devenir del rock en estas latitudes. Federico y Jacoby armaron un espectáculo integral, para el que contaron con la colaboración de Lorenzo Quinteros (director de los videoclips del primer disco) para la puesta en escena, Alejandro Cervera para las coreografías, Marta Albertinazzi para la escenografía y vestuario, y las actuaciones de Jean-François Casanovas y una pareja de mimos. El concepto general (¡oh, Jacoby!) era por cierto muy Di Tella. El show comenzaba con un ciego sintonizando una radio a galena que colgaba de su cuello, tras lo cual comenzaba a escucharse la aún inédita "Entra en movimiento" (idea conservada cuando se grabó el tema para "Recrudece"). Luego subía el grupo entero al escenario, todos disfrazados de ancianos, y mientras en una pantalla se proyectaban imágenes de una manifestación en Plaza de Mayo, se tocaba "Todo este tiempo perdido". Virus, la banda catalogada de "plástica" (por "inauténtica") se burlaba de ello vistiéndose de nylon. Casanovas, disfrazado de Violeta Rivas, le daba nylon a la gente para que se envolviera. Como dijera Federico, "terminamos llenando de nylon el teatro, y a la salida esparciéndolo varias cuadras a la redonda".

La lucha con un medio rockero muy conservador recién empezaba. Además de la imputación de frivolidad, estaba la terrible acusación de que Virus era una banda gay. Federico hasta le daba la bienvenida a estas rispideces: "le estás creando preguntas a alguien. Estamos movilizando, estamos tocando estímulos más fuertes, y por eso la gente se adhiere o te rechaza, pero siempre con fuerza".

Marcelo Moura agregaba: "Federico era homosexual, entonces naturalmente su estética era así. No es que quisiese promover o valorizar eso, simplemente actuaba como era. Y como Federico era el cantante, el que hacía las notas y el que más aparecía en televisión, era la imagen que representaba al grupo".

AY QUÉ MAMBO

"Recrudece", un disco cuya producción intentaba tener un mayor cuidado por los detalles, salió en la primavera de 1982. En lo musical, se destaca por el dinamismo y la actitud lúdica. Si hay un concepto predominante en el mismo, es la crítica y superación de las ideas dominantes en el rock argentino de aquellos años difíciles. Si en lo musical el disco no desmiente el paso de los años, en lo conceptual sigue siendo tan válido y desafiante como el primer día; tal vez incluso más, visto el panorama actual del rock argentino.

Arranca con "El banquete", una ácida lectura del estado del rock local y de su claudicación en el Festival de la Solidaridad (la jugosa letra se transcribe más abajo). "Ay qué mambo" satiriza la irrupción del rock en español en las radios porteñas tras la prohibición de la difusión del rock en inglés, durante la aventura malvinense ("¡Hasta cuándo será este encanto! / Sólo rock, rock , rock / rock, rock, rock nacional en el canal / en las radios, en los estadios"). El tercer tema es más reflexivo: es "El 146" y su relato del viaje de un pasajero (por demás sensible a los encantos femeninos) en un colectivo de la línea porteña del mismo número, una canción divertida pero no especialmente memorable. La música bordea el reggae hipnótico sin decidirse a lanzarse en él.

El cuarto tema, "Bandas chantas arañan la nada", continúa satirizando a los grupos locales, en este caso con el patafísico recurso de una letra (ver abajo) que emplea como única vocal la letra a (quince años antes de "Los Orozco" de León Gieco). Según Marcelo Moura, "era un tema que estaba completamente al revés, todo cortado: no sé si la batería iba al derecho y yo al revés, o si la batería iba al revés y yo al derecho".

Luego viene "Me fascina la parrilla", idiosincrático inventario de lugares comunes de los argentinos, desde el colectivo y la parrilla del título hasta Maradona, Porcel, Charly García y Borges ("la Graciela y el Jorge"), terminando con "fin de mes / el estrés". Comparado con "La argentinidad al palo" de Bersuit Vergarabat (que es por cierto de una época muy diferente) difícil no creer que sale ganando...

"Reportaje sincero y anticonvencional" abunda en rimas esdrújulas para retratar (con supuestas declaraciones de una estrella rockera arquetípica) todo un repertorio de otros lugares comunes: el del artista "que se debe a su público". Una especie de continuación de "Cantante farsante", de su primer disco.

"Entra en movimiento", tema con mucha polenta y una de las cumbres del disco, cita al festejado y renovador poeta argentino Oliverio Girondo (1891-1967): "a la música hay que levantarle la pollera", preciso antecedente del posterior "a la vida hay que hacerle el amor". Los diálogos paralelos a la letra son un recuento de críticas recibidas por el grupo en sus primeros meses de actuación ("¡No te muevas, no te rías! La música es cosa seria" y "¿ahora Virus tiene mensaje?"), respondidas con dos ideas - fuerza: "Estamos cansados de escuchar / música sentados / a caminar, a correr, a saltar, por todos lados" y la demoledora "los críticos cacarean y nosotros ponemos los huevos".

"Caricia azul o si no soledad carmesí" es una parodia del estilo de metáforas de Luis Alberto Spinetta, a quien la crítica levantó (no siempre contra su voluntad) como estandarte contra la ola de grupos New Wave que encabezaba Virus (también la letra se transcribe abajo). El título representa las dos opciones de nombre que la reglamentación dispone presentar ante la sociedad de registro de derechos de autor, dado que en Argentina no se pueden registrar temas homónimos; a último momento, se decidió unificar los dos títulos, dándole un matiz aún más absurdo.

Para el final hay un tema - declaración de principios sobre el amor y el sexo, "El corazón destrozado de Francisco Quevedo", que cita las dos primeras estrofas del soneto "Es hielo abrasador" del poeta español ("Un andar solitario / entre la gente / Un desear solamente / ser deseado / y el fin / es el maldito amor / como el abismo / la tentación / por el contrario de sí mismo / Una atracción irresistible / hacia la nada"), un potente rockito ideal para el pogo, "Se zarpó" ("A lo mejor es como es / y no hay derecho ni hay revés") y una canción que completa el disco, "Cave Canem".

QUE TODOS ENTREN A LA FIESTA

El disco fue presentado en diciembre de 1982 en el Teatro Ópera de La Plata y en el Coliseo de Buenos Aires, y fue un gran paso adelante en la popularidad del grupo. Para 1983 la banda endureció su imagen y música, dando como resultado "Agujero Interior", su ultrarrockera tercer obra, producida por Michel y Danny Peyronel ¡compañeros de ruta de Pappo en Riff! En 1984 llegaría "Relax", que vendería 200 mil placas y permitiría a la banda considerarse por fin un fenómeno masivo. Por esa época ya habían dejado atrás la adrenalina new wave y eran mucho más discotequeros, con mayor lugar para los teclados y las programaciones. Sin dejar de reconocer que Virus seguía siendo tan bueno como siempre (o hasta tal vez aún mejor), mi corazoncito está con la época previa, cuando desafiaban al rock establecido armados de tempos frenéticos y canciones guitarreras irresistibles de menos de tres minutos.

Lejos todavía estaba "Locura" (de 1985), y el disco en vivo, y la enfermedad de Federico, esa enfermedad miserable que acecha a los amantes y que envenena la sangre y que se lo llevó el 21 de diciembre de 1988.

Pero ésa es otra historia.

EL BANQUETE
Nos han invitado / a un gran banquete. / Habrá postre helado / Nos darán sorbetes / Han sacrificado jóvenes terneros / para preparar una cena oficial / Se ha autorizado un montón de dinero / pero prometen un menú magistral / Es un momento amable / bastante particular / sobre temas generales / nos llaman a conversar / Los cocineros son muy conocidos / sus nuevas recetas nos van a ofrecer / El guiso parece algo recocido / Alguien me comenta que es de antes de ayer / Pero ¡cuidado! / Ahora los argentinos andamos muy delicados / de los intestinos...

CARICIA AZUL O SI NO SOLEDAD CARMESÍ
Nuestros cuerpos se confundieron / junto al mar / Tu piel era de arena, nena / Y no te pude encontrar. / Había luna en tus ojos...sí, sí / Sería por los anteojos... ha, ha / El alba es de mermelada / ¡Dame pan! / Tus pies son de almohada, nena / ¡Qué calor! / Tus caricias son azules / ¡Me manchás! / Mi pájaro estaba herido / no quería volar / Yo creo que era por el frío / había un viento polar / Me refugié entre tus muslos de cristal / y comprobé que tenías todo normal / Hay miel en tu terciopelo / ¡Qué sabor! / ¡Tu amor es de espuma, nena! / Es jabón / Mi niño estaba dormido / ¡Despertá! / Mi canción de algodón / soledad carmesí.

BANDAS CHANTAS ARAÑAN LA NADA
Andaba la banda / ¡Blanda andaba ya! / Cantaba baladas / mansas a la paz / Machacan sanatas / pavas al pasar / flacas papanatas / zarpadas / La gran transa avanzará / "La Balsa" adaptarán / al vals a la Bacharach / ¡Banda chanta! / ¡Banda chanta a callar! / Las palabras santas / gastan al parlar / macanas baratas / para abatatar / A las masas rascas / Arrastran p'atrás / La barrabasada / ¡al altar! / La trampa avalarán / más plata agarrarán / la nada arañarán / ¡Banda chanta! / ¡Banda chanta a callar! / Arman más zapadas / chatas hasta hartar / Falsas avanzadas / cacas cantarán / Tantas agachadas / ya van a cansar / ¡A las palanganas! / ¡A bañar! / La trampa avalarán / Más plata agarrarán / La nada arañarán / ¡Banda chanta! / ¡Banda chanta a callar!

Roberto Jacoby (foto reciente)

ENTRA EN MOVIMIENTO
- ¡No te rías, no te muevas! / La música es cosa seria / - Alcanzame la mermelada... / - ¡Pero yo tengo orejas en todo el cuerpo, loco! / - ¿Qué, ahora Virus tiene mensaje? / - Para mí sí, a mí Virus me deja algo... / - ¡Tonta! / Andamos con la locura puesta / ¿Sabemos lo que nos cuesta? / Andamos con la locura puesta / ¡Sabemos, nos cuesta! / - ¡Vení para acá, te dije que te quedaras quieto! / - Para mí, a la música hay que levantarle la pollera / - Hay que hacerle cosquillas en la espalda... / - Y los que la llevamos en el alma... / Yo quisiera que la puerta quede abierta / y que todos entren a la fiesta / Yo quisiera que la puerta quede abierta / y que todos entren / en el movimiento de aquí para allá / Dejen los asientos para ir a bailar / - Hagan juego, señores / - El rojo, el rojo, el rojo / - ¡No va más! / - Ay, un momentito que me quedé pegado a la silla / - ¡A bailar! / - ¡Ah, me encanta la música! / Somos fuego juego, somos bosque y mar / y vamos creciendo cada día más / Cambiemos, no sigamos así, atados / No sigamos así, cambiemos / No sigamos así, cuadrados, cegados / Estamos cansados de escuchar / música sentados / ¡A caminar, a correr, a saltar / por todos lados! / - Che, qué pálida, no te dejan hacer nada / - Están en todas partes / - Mirá, loco, a mí... ¡prrrrrr! / Los críticos cacarean y nosotros / ponemos los huevos

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